Juan Sangüesa: Cómo entrenar a tu cerebro

Así como se habla de que hay muchos niños con diagnóstico de déficit atencional, hay adultos que nunca se enteraron que lo tenían y que sufren por problemas como falta de productividad y concentración. El sicólogo Juan Sangüesa es uno de ellos, por lo que desde hace años desarrolla técnicas que lo han ayudado a sentir que controla mejor su vida.

Mientras estudiaba sicología, se fascinaba cuando le tocaba ver algo relacionado con biología. Eso llevó a JuanSangüesa a interesarse en la neurociencia y el funcionamiento del cerebro. 

En ese momento no sabía que su interés pasaba por sus propias carencias. No se había dado cuenta de que arrastraba un déficit atencional desde niño. Nunca se le ocurrió que podía ser una de las razones que influyó en que dejara varias carreras y trabajos. Hasta que buscando ayuda y orientación para hacer su tesis de grado, llegó a hablar con un siquiatra. “Él me sugirió que me metiera en el tema del déficit atencional adulto, porque además le parecía que yo mismo lo sufría. Conversamos un rato y me dio una receta para comprar Atomoxetina, un medicamento alternativo al Ritalin, pero me provocó dolores de cabeza y malestares. No fue una opción viable”, recuerda.

Siguió investigando y descubrió que, paradojalmente, mientras hoy se habla de un sobrediagnóstico de este problema entre los niños, con los adultos ocurre justo lo contrario: hay gente a la que nunca se le identificó el problema en la infancia y hoy llegan a atenderse por otras razones como depresión, estrés o dificultades en el trabajo. “Muchos no tienen idea que esa es la razón de los problemas que han arrastrado a lo largo de la vida. Más de un 60 por ciento de los adultos que consultan tienen otras condiciones. La mayoría, ansiedad o depresión, pero también es posible encontrar trastornos del ánimo o adicciones”, dice y explica que el déficit atencional entre adultos comenzó a ser descrito mucho después que el de los niños, porque se creía que los síntomas disminuían o se acaban con la edad, cosa que, si bien ocurre, no se da en todos los casos. Buscó a algún profesional que pudiera ayudarlo y como no encontró a ninguno, decidió que él se convertiría en el especialista que necesitaba. 

Como a él los remedios no le funcionaron, indagó otras alternativas como terapia conductual y cognitiva e hizo un magíster en sicoterapia en la UC. El mismo define lo que hace hoy como un “curso de estrategias especiales”, en que más que un terapeuta, actúa como un coach. El programa incluye tres etapas: “caos y control”, en el que se construye un sistema de organización; “entrenamiento atencional”, que son ejercicios de mindfulness para aumentar la capacidad de atención, y “flexibilidad sicológica” para identificar los problemas que no permiten avanzar.

Tiene sesiones individuales, talleres grupales, así como también cursos en modalidad e-learning a través de su sitio web (juansanguesa.com). 

Él mismo es su primer caso de éxito. “Si hoy me aplicaran las escalas de diagnóstico, seguramente no calificaría, porque mis síntomas ya no están a un nivel en que me perturben o me causen problemas. He aumentado mi productividad, mi eficiencia y mi organización a niveles que hace cinco años no creía posible, y cuando estoy un poco agobiado, recurro a las técnicas que me simplifican mucho la vida. Si yo lo pude lograr, creo que cualquiera puede”. 

El poder de la lista 

Hoy con tantos estímulos desde distintas partes, mucha gente tiene dificultades para concentrarse. ¿Cómo diferenciar eso del déficit atencional? 

A todos se nos puede olvidar algo o eventualmente ser incapaz de terminar una tarea. Por eso es importante estar atento a ciertas señales y siempre hay que diagnosticarse con un profesional que va a evaluar la cantidad de síntomas que la persona tiene (debe haber un mínimo presente) y estos tienen que afectar dos o más ámbitos de la vida. Porque uno puede ser distraído en lo doméstico, pero en el trabajo funcionar muy bien y concentrarse. El problema tiene que ser generalizado. También es importante que existan indicios desde chico.

¿Siempre asociados a la eficiencia?

No son sólo deficiencias de concentración, sino de establecer prioridades, planificarse, solucionar problemas y ser capaz de mantener en línea la información, saber hacia dónde voy y cuál es la idea de lo que estoy haciendo. Si eso no está claro, hay baja productividad, mal rendimiento y, a la larga, malas evaluaciones.

¿Hay alguna evidencia física de esta condición?

Con resonancias magnéticas estructurales es posible ver que la gente con déficit atencional tiene un retraso en la maduración de la corteza prefrontal del cerebro, es decir, que ésta es más delgada. Justamente en ella se alojan las funciones ejecutivas, el control de impulsos y la capacidad de planificación y solución de problemas. 

¿No es posible hacer madurar la corteza prefrontal?

No a través de un medicamento, pero sí con un entrenamiento funcional.

¿Se puede entrenar el cerebro?

Sí. La neuroplasticidad es un tema increíble. Hasta hace poco se pensaba que el cerebro sólo cambiaba en la etapa de desarrollo y después quedaba fijo. Hoy sabemos que es moldeable toda la vida y que cualquier habilidad nueva que aprendamos implica una modificación en los circuitos que controlan los procesos. Está comprobado, por ejemplo, que los malabaristas poseen mayor grosor en ciertas zonas de la corteza cerebral que se relacionan con las áreas visuales y motoras.

¿Qué habilidades puede entrenar una persona con déficit atencional?

Podemos atacar el problema desde el final y entrenar habilidades para compensar las fallas en las funciones ejecutivas. Partimos desde el problema concreto y vamos logrando metas y superando problemas específicos. A través del entrenamiento podemos terminar, por ejemplo, con la desorganización crónica, la falta de concentración y la procrastinación, que es el hábito de postergar las cosas.

Cada paciente es distinto, ¿pero hay algo que funcione con todos o con una mayoría? 

Papel, lápiz y anotar las cosas. Es poco sexy, pero hay que hacerlo: mantener una lista actualizada de las tareas por hacer que no se te pueden olvidar. Esto implica revisarla todos los días, pasarla en limpio y borrar lo que ya se ha hecho. También puede usar una aplicación en el teléfono o el computador. Además, cada persona debe definir si hace una lista única o diferenciadas por ámbitos.

¿Y cómo establecer prioridades dentro de la lista? 

Es el siguiente paso. La lista puede comenzar a crecer y generar agobio, entonces hay que tener un sistema de clasificación. El mío es muy simple: A, B y C. A son las cosas que hay que hacer entre hoy y mañana. B es algo importante, pero que puede esperar hasta pasado mañana. C es para las cosas que quiero hacer pero que no generan consecuencias si no las hago, como ir al cine a ver una película o cortarme el pelo. Las personas tienden a poner muchas cosas en A para que no se les olviden, pero termina con 10 cosas urgentes… y no saben por dónde empezar. El truco es tener dos o tres en esa categoría y el resto en B o C. Hay que hacerlo manualmente, como en el colegio, para lograr desarrollar la habilidad e instalar el hábito. 

¿Realmente funciona? 

No de inmediato, muchas veces nos vamos a olvidar de la lista y nos vamos a frustrar al darnos cuenta de que no avanzamos y es ahí donde surgen los obstáculos sicológicos del déficit atencional y que se reflejan en la última parte de la terapia, donde se revisan los obstáculos y se enseñan técnicas específicas para combatir la depresión, la ansiedad y mejorar la autoestima.

Conciencia y foco

Además de las terapias conductuales, el sicólogo encontró en el mindfulness un aliado para tratar el déficit atencional por lo que hizo una certificación en el tema en la Universidad de California. “Hay una forma para medir el tiempo de concentración de una persona y, en mi caso, esta era sólo de 15 minutos. Eso significaba que mis técnicas podían ayudarme a ser productivo y solucionar problemas en bloques de quince minutos, lo que no me parecía suficiente. Me faltaba un apoyo extra y di con un estudio de la Universidad de California  que aseguraba que el mindfulness tenía efectos súper positivos en mejorar la concentración”.

El mindfulness es la cualidad mental que se cultiva en diversas prácticas meditativas y que consiste en mantener la atención en el momento presente.

¿Y eso ayuda a volver al foco?

Es como ir al gimnasio a levantar pesas para desarrollar un bíceps; esto es desarrollar el músculo de la atención. No se trata de concentrarse en no distraerse, sino de darse cuenta cuando la atención se desvía del foco y poder volver a dirigirla. Entrenar eso produce cambios en el cerebro. Yo después de mi primer curso de mindfulness volví a medir mi capacidad de concentración y había pasado de 15 a 45 minutos, o sea, la había triplicado. Eso fue hace más de cuatro años; hoy ya no pierdo la atención, porque he desarrollado un sistema que me permite maximizar mi productividad.

 

TRES PREGUNTAS:

¿El déficit atencional es una enfermedad?

Generalmente los diagnósticos en salud mental se definen como trastornos, no porque impliquen una anormalidad específica, sino porque causan impedimento o sufrimiento. Se habla de condición, de enfermedad, de trastorno… Para mí no es ninguna de esas cosas, sino que es un estilo atencional distinto, una forma de procesamiento de la atención diferente. 

¿Todos los adultos con déficit atencional lo tenían de niños?

DEsde el punto de vista biológico sí, porque la vulnerabilidad para desarrollar la condición tiene que ver en un 80 por ciento con factores genéticos. Pero eso no significa que todos los niños que lo tienen van a seguir sufriéndolo cuando adultos. Eso va a depender de factores biológicos y obviamente del apoyo y la estructura que reciba.

Cada cierto tiempo aparece alguien diciendo que esta condición no existe,  que es sólo un invento, ¿qué opinas tú? 

Si uno mira la literatura científica hay pruebas súper convincentes de que es un problema real, que afecta a mucha gente y que las consecuencias de un déficit sin tratamiento pueden ser terribles: las tasas de problemas académicos, divorcios, conflictos laborales y accidentes son potentes. 

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