Los convencidos

No son personas de medias tintas. Tampoco se identifican con el centro, pero sí aspiran a que sus ideas sean mayoritarias. Son hombres y mujeres que van desde distintos frentes activamente contra la corriente, muchas veces, al punto de ser calificados de extremos.




Arolas Uribe.

Arolas Uribe (29), escritora, feminista y miembro del Observatorio Contra el Acoso Callejero (Ocac):

"No voy a avalar un chat donde se manden videos pornos de mujeres"

Sus columnas en el sitio Noesnalaferia y El Dínamo hablan de desigualdad de género y feminismo y siempre generan algún tipo de polémica. Recientemente, por ejemplo, enojó a Cristóbal Briceño tras criticarlo duramente por calificar la igualdad de género como una "burrada". En esa ocasión, el vocalista de Ases Falsos le envió una respuesta pública en la que invitó a la periodista a informarse y a no juzgarlo. Tras él, aparecieron cientos de fanáticos de Briceño para apoyarlo y tratar a la columnista de feminazi, extremista o exagerada. Ella no les contestó.

Arolas Uribe no tiene una formación política de familia ni hubo libros en su infancia, pero a los 18 años se integró a un taller de columnistas de la extinta revista Zona de Contacto donde, según ella, tuvo su primer roce de clases. "Ahí noté por primera vez una diferencia entre la gente que tiene plata y la que no, y yo estaba en la parte de los que no tenían. Eso me cambió radicalmente la vida, porque empecé a tener conciencia de clase", cuenta Uribe.

Las lecturas políticas vinieron en medio del asambleísmo de la Universidad de Santiago de Chile donde estudió periodismo. Se dio cuenta de que sus pares tenían un capital cultural superior al de ella y lo atribuyó a la diferencia de clases. "Inmediatamente me situé en la izquierda. Y bien a la izquierda, porque creo que la riqueza que algunos gozan deberíamos disfrutarla entre todos". Luego, en 2010 en un intercambio en Buenos Aires conoció el feminismo y comenzó su lucha contra "el patriarcado" con el apoyo de muchas lecturas. "Me volví obsesiva, mucha teoría, muchos ensayos, libros. El feminismo me lo tomo en serio. Para mí defender la causa es una práctica política cotidiana, al igual que intentar erradicar los micromachismos", dice.

¿Y cómo lidias con quienes consideran que eres muy radical?

En un mundo radicalmente machista es entendible que ser feminista se considere radical. Probablemente, hay quienes creen que una ha sido afectada por un hombre o mi postura tiene que ver con la propia experiencia, pero eso no es así. Mi pareja no me pega, me ayuda en las tareas domésticas y es feminista como yo. Tengo, por ende, un espacio privilegiado. Los análisis que puedo hacer de la violencia que vivo, los hago desde mi espacio privilegiado.

¿Te has sentido hostigada por tu postura?

La primera vez que me trataron de exagerada por molestar a los hombres fue cuando hice una columna sobre los grupos de Whatsapp de hombres que trafican machismo a través de ese medio. No voy a avalar un chat de WhatsApp donde se hagan comentarios sobre el aspecto físico de compañeras, donde se manden videos pornos de mujeres. Puede parecer nimio, pero esos machistas sostienen todo el modelo patriarcal. La violencia hacia la mujer es un circuito continuo que está en la publicidad, espacios domésticos y lo que pasa en ese espacio privado es de incumbencia pública. Lo que antes era normal, hoy se combate con políticas públicas.

Henry Boys.

Henry Boys (26), presidente de la fundación Soñando Chile:

"La gente no dice lo que realmente piensa"

"Me empecé a formar en la Universidad Católica siendo gremialista. Eso me dio una base potente para desarrollar mi acción política. Desde entonces, trabajo en la fundación Soñando Chile, fortaleciendo las ideas que me convencen", explica el abogado Henry Boys, quien se hizo conocido el mes pasado tras una columna en el Diario Financiero y una entrevista en portada en La Segunda en la que dijo que reza todos los días y que junto a su movimiento pretenden acabar con el marxismo en Chile en cinco años. Además, en un país en la que los jóvenes en promedio se inician sexualmente alrededor de los 16 años, explicó que él practica y promueve la abstinencia hasta el matrimonio, comentarios que lo convirtieron rápidamente en una excentricidad para las redes sociales. "Después de eso, no me dieron más ganas de hablar de mi vida personal porque fue una exposición innecesaria. Entendí que uno a veces es considerado extremo por hacer algo que es muy normal: transparentar sus posturas. La gente no dice lo que realmente piensa y en muchas oportunidades no hay representación de lo que las personas sienten en el plano político", cuenta y agrega: "Yo no me siento extremo. Estoy representando un sentir real. Sé que la gente piensa como yo y que hay un grupo grande que estamos dando la pelea porque nos respaldan".

Las categorías de izquierda y derecha no le gustan, las encuentra relativas, pero si le piden que se defina, no tiene dudas y se pone en la derecha conservadora. Por lo mismo es un activista en contra del aborto y el año pasado creó junto a su padre la campaña "Auto por la Vida", una serie de stickers para pegar en los autos con mensajes en contra del proyecto de ley que se discute en el Congreso. "Recuerdo que una vez iba manejando con la campaña y una señora en un supermercado me pidió que me bajara. Cuando lo hice me preguntó si me podía abrazar. Me contó que ella tenía una hija que quiso abortar, pero que finalmente no lo hizo. Se emocionó, porque era una causa que yo también defiendo. Me abrazó y se puso a llorar de alegría. Eso quiere decir que uno tiene cierto respaldo. Antes del plebiscito en Colombia y de Donald Trump, todos se centraban en Twitter y Facebook, nadie iba a la calle a preguntar cuál era el sentir de la gente. Y resulta que yo siempre estoy ahí, y me doy cuenta que el sentir es muy favorable a mis ideas en cuanto al derecho a la vida, en cuanto a la situación política del país y a mis asuntos valóricos".

Catalina Alarcón.

Catalina Alarcón (20), presidenta de Siempre por la vida:

"Varias veces me han insultado en la calle"

El aborto es uno de los temas más controversiales en Chile, uno de los pocos países del mundo donde está prohibido en cualquiera de sus formas. De acuerdo a la encuesta CEP de mediados de 2014, más del 70 por ciento de los chilenos está a favor de la despenalización de esta práctica, al menos en algunos casos especiales como los que se discuten actualmente en el Congreso. En la posición minoritaria está entonces la estudiante de segundo año de medicina de la Universidad de Los Andes, Catalina Alarcón, presidenta de Siempre por la vida. "No es fácil, pero estoy convencida de la causa", asegura.

¿Cuáles han sido los principales desafíos?

Es complejo porque nos tildan de extremistas, pero yo veo que hay dos posibilidades en esto. Por un lado, puede que tengamos que mejorar la forma en que promovemos nuestro mensaje y ser más claros. Por otro, es posible que nos llamen extremistas porque ven en nuestra postura una barrera a sus intereses que, principalmente, son buscar a través de las tres causales el aborto libre. En ese sentido, sabemos que no es una lucha fácil, pero aun así somos siempre respetuosos, nunca atacamos a nadie.

¿Cuál ha sido tu peor experiencia en el cargo?

Varias veces me han insultado en la calle cuando voy con la polera de "Siempre por la vida". Me han gritado garabatos y lo que se les da la gana. Pero independientemente de todo lo que digan, yo no soy la extrema, las formas en que nos atacan sí. El que nos golpeen o que nos escupan es una prueba más de la intolerancia que ellos demuestran. Eso sí, nunca contesto. Voy por la argumentación, no por la violencia. Este es un movimiento respetuoso. Y aunque a nosotros nos llamen extremistas e intolerantes, el que nos insulten demuestra que los intolerantes son realmente los que nos critican. El proyecto de aborto lo que hace es matar a un ser humano y abandonar a la madre que pasa por el embarazo difícil. Nosotros proponemos lo contrario. ¿Cómo eso va a ser extremo?

¿Evitas entrar a redes sociales o situaciones públicas?

No, para nada. Cuando uno asume este compromiso hay que ser valiente.

Bárbara Brito

Bárbara Brito (26), trotskista, vicepresidenta de la Fech:

"No creo en los extremos, creo en la lucha"

"Soy Bárbara Brito. Soy trotskista. Soy de izquierda, pero estoy a la izquierda del Partido Comunista. Este movimiento no es parte ni apoya a la Nueva Mayoría. Eso me distingue de algunas personas, y puedo asegurar que por eso a la Camila Vallejo la han criticado mucho, porque apoya a la Nueva Mayoría, no porque sea comunista.

Dicen que soy parte de un grupo radical, pero lo que queremos es mejorar las cosas. Eso hoy significa pararse del lado de los trabajadores con independencia del gobierno de la Nueva Mayoría y de los partidos de Chile Vamos; es estar en la huelga con los contratistas del cobre, con los trabajadores del Homecenter y de Pizarreño. También es plantear una perspectiva desde la mujer trabajadora para resolver la violencia cotidiana contra las mujeres.

Soy parte de los cientos de miles de estudiantes que reclamamos por la educación gratuita; de las cientos de miles de mujeres que gritamos 'Ni una menos' y del movimiento 'No más AFP'. Lo hago porque comprendí que los derechos sociales responden a un problema estructural de la sociedad.

También soy militante del Pan y Rosas, agrupación feminista que propone acabar con la violencia machista y las desigualdades sociales que tenemos las mujeres en Chile. Por eso mismo me han criticado, pero generalmente es gente lejana. Por las luchas que doy he pasado momentos incómodos como recibir violencia y discriminación.

¿Soy extrema? No sé si esa es la palabra. Me han criticado, me han dicho muchas cosas, entre ellas que soy radical. Quizá lo sea. Se suele tildar como extremo a toda aquella práctica política o ideología que cuestione la sociedad actual, pero con los años, y a favor de las mujeres y trabajadores, quienes piensan como yo ya no somos tan satanizados ni criminalizados. Eso no quiere decir que no me hayan dicho cosas. Pero yo no creo en los extremos, creo en la lucha".

rendon

Luis Mariano Rendón (53), abogado, coordinador de Acción Ecológica:

"Un ecologista que no trata de cambiar su forma de vida es un charlatán"

A punta de gritos, tirones y zamarreos, Luis Mariano Rendón fue desalojado en noviembre de 2003 de una actividad encabezada por el entonces ministro de Vivienda y Urbanismo, Jaime Ravinet, quien le gritaba en su cara "hippie trasnochado", además de acusarlo de ser "un niño que le gusta hacer show". La violenta escena terminó cuando Rendón se acercó al ministro y éste le lanzó un manotazo. Verlo peleándose con las autoridades no era novedad para nadie.

Menos llamó la atención cuando lo llevaron detenido por retirar propaganda ilegal que "ensuciaba las calles" de Santiago en 2013. Rendón no fue el primer ecologista del país, pero ganó gran notoriedad defendiendo su causa de un modo menos convencional para la época.

Desde entonces que el abogado ha modificado sus hábitos cotidianos para ser consecuente con el discurso que desde hace años encabeza. Básicamente porque, según él, "un ecologista que no trata de cambiar su forma de vida, no es ecologista, sino que un charlatán".

En un principio, cuenta, algunos lo trataban de exagerado o de extremista. Eso, hasta que el anuncio de la aceleración del calentamiento global, la hidroeléctrica de Colbún y Endesa se dieron a conocer. "Ahí la gente empezó a tomar conciencia y a respetarme un poco más". Por lo mismo, Rendón pasó de la ideología a la práctica: va a la feria y vuelve a su casa sin bolsas plásticas; cuando va a la farmacia, espera a que los vendedores introduzcan sus compras a una bolsa para decirles: "Sin plástico, por favor". Luego, les explica el proceso por el que pasa el material para, por lo menos, convencerlos de reducir su uso: "En un principio fue más complejo, pero hoy las personas se dan cuenta de que es un bien necesario".

¿Qué te distingue de alguien que no tiene tu causa?

Que por opción no tengo auto y espero nunca tener. Un ecologista que ande en su 4x4 todos los días, es incoherente en su actuar. También me preocupo de reciclar una buena parte de los desechos que genero. Tengo un compost en mi patio donde echo todos los restos orgánicos. Una de las cosas quizá más innovadoras que he hecho es que tengo mi ducha en el patio, de manera de que toda el agua de la ducha, usando jabones naturales, se va directamente a la tierra y no se pierde en el alcantarillado. Ahí no tengo cortina, porque está hecha en un pequeño bosquecito que tengo en la cancha. Hago una guerra a muerte contra los productos desechables y ando siempre con un jarrito para tomar un jugo o un café en todos lados y así no usar los recipientes plásticos que luego botan a la basura.

¿Te cuesta convivir con otras personas que no tienen esa conciencia ecológica?

Hace un tiempo era más complicado, pero ahora hay más aceptación y conciencia de que pueden existir otras posturas. Yo diría que la cultura de nuestra ciudadanía está cambiando rápidamente y el tipo de comentarios más odiosos por cómo uno lleva su vida, los veo muy a lo lejos. Hoy no siento esa sensación que me hacían sentir antes, de ser un apoyador de una cosa rara.

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