Por primera vez hay más profesionales mujeres que hombres

Representan el 51,1% del mercado laboral, según la última encuesta Casen, y con eso marcan un hito en la historia del país. Y si bien la diferencia es poca, los cambios que conlleva son muchos. Es un camino sin retorno que está   modificando el mundo económico y la familia.

El 51,1% de los profesionales que están hoy en el mercado son mujeres. Es decir, por primera vez en Chile hay más mujeres profesionales que hombres (48,9%). La cifra es histórica. Las implicancias también.

Porque a partir de ahora debiéramos comenzar a notar con más fuerza los cambios que empezaron a gestarse a partir del momento en que las mujeres que entraban masivamente a la educación superior (51% del número de matriculados de 2009), decidieron que no bastaba con estudiar y titularse, para después quedarse en la casa. Que ahora también era necesario ejercer.

Y así lo confirman las cifras de la encuesta Casen (procesadas para La Tercera por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile): sólo en el período que va de 2006 a 2009, el número de profesionales mujeres (42,55% de ellas casadas) en el mercado laboral creció cuatro puntos porcentuales y superó a los hombres. Resultado que a va a la par con el aumento que la tasa de participación femenina (15 años o más) ha tenido en los últimos años: según datos del INE, en el trimestre noviembre-enero de 2006, del total de trabajadores, 38,5% eran mujeres, mientras que para el mismo trimestre en 2009, fue de 45,7%.

El fenómeno es mundial. En Estados Unidos, de hecho, a comienzos de año y  también por primera vez en su historia, las mujeres ocuparon  la mayoría de los puestos de trabajo. En las universidades, en tanto, por cada dos hombres que reciben su título, tres mujeres hacen lo mismo. Y en Inglaterra, el 57% de la matrícula universitaria es de mujeres. En España, Estonia, Noruega, Suecia, Lituania, Polonia y Grecia ocurre exactamente lo mismo. E incluso, en países considerados tradicionalmente machistas, como Turquía, llega a 43%, es decir, muy cerca de igualar a los hombres. En el mundo ya se habla de la “feminización de la universidad”.

“Sectores tradicionalmente con ocupaciones de bajo prestigio social, lo están rápidamente incrementando, en especial en el sector salud, donde la mujer tiene predominancia. La teoría de la devaluación de las profesiones efecto de la presencia mayoritaria de las mujeres es hoy en día seriamente cuestionada.

Especialistas señalan al respecto que una proporción de 40-60% de mujeres en una profesión es la que tiende a tener el mayor prestigio ocupacional y social”, dice el sociólogo de la U. San Sebastián, Orlando Mella. En esos términos, la mayor concentración de mujeres matriculadas se da en el área de Administración y Comercio (54,3%), Derecho (52,6%), Ciencias Sociales (61,9%), Educación (67,2%), Humanidades (57,7%) y Salud (72,1%). Las dos primeras, campos tradicionalmente masculinos. En forma paralela, desde 1999 a 2008, se han triplicado la mujeres que obtienen título profesional y superan a los hombres.

CUESTION DE MERCADO
Una de las características más profundas de este fenómeno es que está propiciando un nuevo orden que terminará por modificar los estereotipos de lo propiamente masculino y femenino. Esa era, en que ellos eran proveedores y ellas dueñas de casa, está llegando a su fin. Los cambios culturales y económicos siempre se refuerzan mutuamente y eso ya se está notando en la economía y también en la familia. “Si antes las mujeres se sentían obligadas a casarse, ahora tienen una necesidad desde la familia de cumplir con esta obligación social de trabajar en lo que estudiaron”, dice la economista Sandra Quijada, coordinadora de la Unidad de Encuestas del Centro de Microdatos de la U. de Chile e investigadora en economía de la familia.

Por eso, una vez tituladas, el mundo laboral se ha convertido en un polo de atracción muy difícil de resistir. Sobre todo ahora, cuando pareciera que la economía de los nuevos tiempos se adapta mejor a las mujeres: hoy, el pensamiento y la comunicación son claves  para el éxito, postergando en este camino a la fuerza física y a la resistencia, capacidades eminentemente masculinas. De hecho, las famosas “habilidades blandas” de las que todo el mundo habla, son vitales para ejercer el liderazgo dentro de cualquier empresa.

“Las mujeres están llamando a la puerta del liderazgo en el mismo momento en que sus talentos son especialmente requeridos”, escribe David Gergen, consultor político y asesor presidencial de Nixon, Ford, Reagan y Clinton, en el prólogo del libro Enlightened Power: How Women are Transforming the Practice of Leadership.  

Entre otras cosas, esos talentos están dados por “la conectividad, una nueva forma de diálogo que tiene que ver más con indagar que con dar órdenes, y una tasa mayor de positivismo más que negativismo”, comenta Ignacio Fernández, director del Magíster en Sicología de las organizaciones de la Universidad Adolfo Ibáñez sobre habilidades que son “eminentemente femeninas”.

Y bastante más valoradas hoy que hace sólo un par de años, porque a partir de la reciente crisis económica, los investigadores comenzaron a buscar la relación entre el riesgo y la testosterona, y establecieron no sólo que existía el vínculo, sino que eso conllevaba mayor irracionalidad y emociones. Al otro lado quedaron las mujeres: frías y sensatas.

Pero aunque todo parezca inmejorable para el sector femenino, hay un tema que el mercado no ha resuelto: la brecha de salarios que existe entre ellas y los hombres. Para Mella, esta es una cuestión que tiene los días contados: “Si en Escandinavia se espera que en cuatro años se llegue a un 50% de gerentes mujeres, en Chile el pronóstico podría ser de máximo 10 años. Unido a esto, se originará, al menos, un emparejamiento de los sueldos”.

OTRA FAMILIA
¿Se acuerda de eso de que los cambios culturales y económicos se refuerzan mutuamente? Bueno, justamente eso es lo que está experimentando nuestra sociedad. ¿Cambia las cosas el que ellas estén sobrepasando a los hombres en términos profesionales? Innegablemente y sobre todo en cuanto a dinámica familiar, porque, como primera aproximación, a cambio de esa ausencia temporal, están aportando cada vez más ingresos a la casa, lo que puede resultar determinante en la movilidad social.

De acuerdo con la Casen, las profesionales mujeres casadas aportan casi el 40% de los ingresos con que viven sus familias (las profesionales que conviven aportan un 38,5%). “Cuando hay dos sueldos en una familia, es probable que puedan salir de la pobreza”, comenta Vicente Espinoza, sociólogo e investigador de la Usach.
El matrimonio, en tanto, está cambiando sus términos. Y la distribución de los roles. “Las mujeres profesionales están buscando parejas que tengan, al menos, condiciones similares a las de ellas”, dice Sandra Quijada. Eso, dicen los entendidos, provocará en el mediano plazo que la búsqueda sea cada vez más difícil y, como consecuencia, disminuyan aún más los matrimonios: en 2009 se realizaron 57.836 uniones legales en el país, lo que implica un descenso de casi un 60% con respecto a 1990.

“Se van a quedar más mujeres solteras, porque los hombres no salen del modelo tradicional de pareja y no se mueven al modelo de pares, que es el que quiere la mujer”, comenta Ignacio Fernández.

Con respecto a los roles y teniendo en cuenta lo que dice la estadounidense Heather Boushey, del Centro para el Progreso, a la revista Atlantic Monthly, el nuevo estatus es, simplemente, una realidad. “La imagen idealizada de la madre que se queda en la casa no existe más”, por lo que toda la discusión de que si deben trabajar o no ya no tiene mucho sentido, comentó la especialista. Y esa realidad no sólo propiciará una repartición más equitativa de los roles familiares, sino que, además, como asegura Orlando Mella, “seremos testigos de cambios en los roles familiares a causa de que la mujer ganara más que el hombre. Un efecto inmediato será el incremento de la igualdad de roles dentro del hogar, un efecto derivado será el incremento del estatus familiar y social de la mujer”.

Todo esto, innegablemente, afectará la ya mermada tasa de natalidad del país.

Un rasgo común en este 51,1% de mujeres profesionales en el mercado es la cantidad de hijos que tienen: uno en promedio.  Menos que la tasa de fecundidad que tiene Chile, que es de 1,8 hijo por mujer. Una cifra que convive, además, con el progresivo aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio: hoy, de cada 10 niños que nacen en Chile, siete son hijos de padres que no están casados. En 1980, seis de cada 10 mujeres estaban casadas al momento de tener un hijo.

Los cambios son irreversibles y sólo queda ver cómo se irán acentuando. Lo mismo acá que en Estados Unidos o Escandinavia. Y en ese entendido, no hay muchas miradas disidentes. Porque como dice W. Bradford Wilcox, director del Proyecto Nacional del Matrimonio de la Universidad de Virginia, a Atlantic Monthly: “Los cambios familiares en los últimos años han sido malos para los hombres, pero no está claro que sean malos para las mujeres”.

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