René "Residente" Pérez, líder de Calle 13: "Es políticamente correcto criticar a Trump, ahora salieron los artistas que nunca han dicho nada"

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El cantante habla de su debut en solitario con un proyecto nacido de un viaje por el mundo, y que se concretará en un disco y un documental.




René Pérez Joglar -el cerebro, la retórica y la lengua mordaz tras Calle 13- se fue de gira sin un nuevo disco, sin diseños promocionales, sin éxitos recientes ni anuncios virales: sólo con un examen de ADN que le indicó la cartografía a seguir.

"Hace cinco años, un compañero me dijo que me hiciera una prueba para conocer mis orígenes genéticos. Me la hice, pero después todo se quedó atrás, saqué otros discos y me olvidé. Pero cuando la vi de nuevo, conocí los países de dónde venían mis ancestros y me puse a viajar por todos esos lugares, con la idea de hacer música basada en ese examen. Le quise dar algo adicional a mi genética", reseña el cantante, al teléfono con La Tercera desde EE.UU., y a modo de introducción para uno de los proyectos más estimulantes de su trayectoria.

Se trata de una iniciativa multimedia que incluye un sitio web, un documental, un libro y un disco de todo ese viaje que se prolongó por dos años y que pasó por las latitudes donde -según dijo la ciencia- creció el árbol genealógico de los Pérez Joglar: Rusia, Armenia, Georgia, China, Burkina Faso, Ghana, Níger, Serbia, España, Inglaterra, Nueva York y Puerto Rico. Como adelanto, el intérprete estrenó ayer el primer sencillo, Somos anormales, grabado en la localidad de Kyzil (sur de Siberia, casi en la frontera con Mongolia) junto a músicos locales que desplegaron su canto originario, acompañado de un video que protagonizan John Leguizamo, Leonor Watling y Oscar Jaenada, entre otros actores.

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Ahí también aparecen personas más anónimas exhibiendo sus singularidades físicas -narices prominentes, albinos, hombres imposibilitados de ver por ambos ojos-, reafirmando que finalmente el mundo homogéneo es imposible. El puertorriqueño, de voz calma y lejos de la ráfaga de ideas de sus álbumes, sigue: "En el registro está representada la evolución física y social de la humanidad, aunque con humor".

Pero su reciente trabajo no sólo significó un trayecto de vuelta a sus raíces. En lo formal, es el despegue de su carrera en solitario luego de 12 años al frente de Calle 13 junto a su hermanastro Eduardo "Visitante" Cabra y el inicio de un receso indefinido en uno de los conjuntos más inventivos del continente.

¿Era necesario entrar en una pausa para concretar este proyecto?

Sí. Todos los pasos son importantes y era importante parar. Ya había hecho muchas cosas con Calle 13 y ahora quería hacer otras. Lo que pretendía era algo nuevo, porque eso es lo importante de ser artista: reinventarse, hacer algo distinto, sorprender. Pero con creatividad, no con cualquier cosa. Obviamente es mi voz, no puedo cambiar eso. Y yo escribo de una manera, con un estilo, pero esto está a otro nivel.

¿Va a volver en algún momento Calle 13?

No, ahora mismo estoy en un proyecto nuevo y es básicamente la misma creatividad que tuve con mi grupo, pero de diferentes formas, quizás con una visión distinta del mundo, ilimitada. Ahora estoy aplicando todo lo que aprendí con Calle 13, tanto de mi hermano como de los viajes. Y en mis shows voy a tocar los temas de antes y los de ahora, se van a ver ambas cosas. No es que no vaya a tocar Latinoamérica. El Calle 13 es mío, es algo que está dentro de mí.

¿Aprovechó ahora de explorar sonidos distintos al grupo?

Sí, lo veo como el próximo escalón, el próximo paso, porque el pasado fue. Y la música ha ido cambiando. Con Atrévete llegaste a Latinoamérica y siguió todo evolucionando. Y esto es lo que viene. Es el mejor trabajo que he hecho hasta ahora, porque siempre voy a querer que lo que viene sea lo más logrado. Por eso me rompo la cabeza al trabajar. Es una opinión personal, no estoy pensando en lo que la gente va a pensar de esto.

¿Cómo resumió en un disco la experiencia de su viaje?

El disco está terminado y sale este 2017. Es el más real que he hecho. Todos mis álbumes son verdaderos y son honestos, pero ahora hay una madurez distinta, y aquí todo lo que suena fue grabado de manera real, en los medio ambientes de las personas que fui conociendo. Me refiero a aldeas en medio de la nada o también en la selva. No es un sampleo. Y eso se siente mucho más chévere.

Cuando hace poco más de una década Calle 13 irrumpió en la escena regional, su estilo se agrupó sin mayores distinciones en esa etiqueta conocida como "música urbana" y donde cabían desde reggaeton que se perrea hasta abajo, a estilos como hip hop articulado bajo letras de acento político y social. Cuando en la última temporada la agrupación accionó freno de mano y su líder se lanzó a viajar por casi la mitad del planeta, la categoría urbana se comenzó a concentrar casi exclusivamente en representantes de aquella faz más carnal y jaranera, como Maluma, J Balvin, Wisin o Yandel.

Precisamente el costado que Residente observa con distancia y que ha criticado a través de sus canciones. Como un hecho que sirve para reivindicar esos dardos, una de las mayores controversias del año pasado en la música latina la protagonizó el colombiano Maluma, cuyo hit Cuatro babys fue calificado de machista y misógino.

¿Tiene alguna opinión de Maluma? ¿Cree que la música latina actual carece de creatividad?

El reggaeton lo veo igual que el resto. Pero no es el único al que le falta creatividad. Al pop y el rock también; el pop hasta a veces lo encuentro peor que el reggaeton. Y en realidad no es el género musical, porque puedes hacer un buen reggaeton o puedes hacer una buena canción pop. Amy Winehouse era pop, pero era una genia.

Adele hace buena música y es pop. O sea, no es el género, tiene más que ver con los artistas, con lo individual. Creo que el proceso creativo de muchos no es el mismo mío, bien pocos han hecho lo de iniciar una búsqueda y establecer un concepto sólido, tomarse un tiempo.

¿Hasta hoy intenta marcar diferencias con los reggaetoneros?

Sí, pero yo pienso que tampoco es tanta culpa de ellos. Es más cómo los ve la gente. Creo que hay que diferenciar entre quién es un artista y quién es un showman. Hay que definirlo y decir: 'este es más un showman y me voy a divertir con este tipo, porque tira fuego en la tarima y no le importa mucho nada'. Lo mismo pasó con el género urbano. Yo me gané los primeros Grammy en ese estilo y ahí todo el mundo empezó a usar la palabra 'urbano'. Y todo fue urbano, todo lo bailable se pasó por ese filtro. Pero urbano puede ser Rubén Blades, Manu Chao y hasta Violeta Parra. Porque ser urbano es alguien que habla de lo que ocurre, tanto en lo social y lo político, como en la religión o las fiestas. No es sólo hablar de una cosa. Hay que ser cuidadoso y, además, no llamarle artista a cualquiera.

¿Su nuevo disco tendrá alguna alusión a Donald Trump?

Yo ya hablé de cosas del mundo que la gente no habla. De Trump todo el mundo está hablando. Era bastante obvio hacer algo relativo de él, porque todos lo están haciendo. Al hablar de él le das poder. El tipo pide eso: que hablen de él para disfrutar de ese poder que no debería tener. Si siguen pendientes de las cosas que dice, le das demasiada importancia. Es gracioso lo que está pasando en EE.UU., porque dejan en evidencia lo incultos que pueden ser. Yo prefiero referirme a Burkina Faso y Níger, porque sé que nadie lo va a hacer.

¿Es una obviedad entonces que los artistas critiquen a Trump?

Es hasta políticamente correcto. De momento salieron todos los artistas que nunca han dicho nada por nadie y su manera de convertirse en artistas sociales es decirle algo a Trump, porque está políticamente aceptado estar en su contra. La industria no te castiga, la realidad no te castiga. Pero hay unas cosas que son mucho más preocupantes que el hecho de que EE.UU. tenga un presidente inepto. Eso lo sabemos y no hay para qué seguirle dando publicidad.

¿Por eso usted habitualmente opina de temas de países como Chile, como por ejemplo el caso de la machi Francisca Linconao?

Ese es otro tema. Ojalá que encuentren a los culpables de ese horrible crimen. Pero claro, prefiero hablar de otra clase de realidades.

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