Aciertos y desafíos de la gratuidad

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Este miércoles 25 de enero, el Congreso aprobó la reforma a la Educación Superior que, entre otras atribuciones, consagra la gratuidad como un derecho. La noticia sacó aplausos transversales, más allá del color político, y no es menor: más de 260 mil estudiantes hoy pueden estudiar en la educación superior gratuitamente. Es decir, el 25% de la matrícula.

Si bien persisten las dudas sobre su impacto o si la política crecerá al resto de los percentiles. Hay alguna claridad. Los recientes resultados de permanencia - durante el primer año de los estudiantes con gratuidad - muestran que, efectivamente, las barreras económicas tienen una incidencia sobre el acceso y la permanencia de los estudiantes.

Cerca de 93% de los estudiantes con gratuidad permanece durante el primer año de la educación superior, lo que contrasta con un 78% de permanencia de aquellos sin gratuidad.

Por el momento, desconocemos los mecanismos exactos que explicarían esta mayor permanencia. Sin embargo, se pueden plantear algunas hipótesis que deberemos entender a profundidad en el futuro. Por una parte, la gratuidad les permite a los estudiantes seleccionar la carrera basándose únicamente en la vocación y no en el precio de la carrera. En segundo lugar, la gratuidad disminuye la necesidad de buscar en el sistema financiero apoyo para pagar la diferencia que existía entre los aranceles de referencia y los reales, y que debían cubrir los estudiantes y sus familias. Muchos de ellos se quedaban sin posibilidad de hacerlo.

En tercer lugar, es posible que la gratuidad también disminuya la presión por trabajar para generar ingreso, pues los datos más recientes del INJUV mostraban que cerca de un tercio de los estudiantes de educación superior estudian y trabajan. Finalmente, es probable que las universidades, muchas de ellas con programas propedéuticos o de inclusión, estén mejor preparadas para recibir una diversidad de talentos y apoyar a los estudiantes para que progresen positivamente.

No hay dudas de los beneficios de la gratuidad en términos de permanencia, pero hay que entender los mecanismos y dar seguimiento a los estudiantes para que la permanencia se extienda hasta la titulación.

Si bien estos datos muestran que la gratuidad es una buena política para mejorar las capacidades y oportunidades para toda la población, ésta tiene importantes desafíos.

El primero de los desafíos implica asegurarse que las instituciones de educación superior tengan condiciones financieras para proyectarse y mejorar su calidad. El mecanismo actual del sistema ofrece poderosos incentivos para que universidades complejas, que realizan investigación y extensión, se transformen en instituciones dedicadas a la docencia sin innovación. Esto representaría un retroceso importante para el sistema de educación superior.

El segundo desafío se relaciona con la autonomía de las instituciones. En este sentido, es necesario evitar que un funcionario de turno arbitrariamente establezca qué carreras y cuántas vacantes pueden ofrecer las universidades. Esto puede llevar a discriminaciones arbitrarias que amenazarían la sustentabilidad y el proyecto intelectual de los planteles.

En suma, tenemos una política de gratuidad que ha traído buenas noticias para los estudiantes, pero para que estos beneficios sean sustentables a lo largo del tiempo es necesario apoyar a las instituciones de educación superior.

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