Ahora que somos todas



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

Es imprescindible que las mujeres mayores de 18 años vayamos a votar para el plebiscito del 25 de octubre. Ese día se juegan demasiadas cosas, entre ellas, la increíble oportunidad de participar en la posibilidad de hacer una Constitución donde la mitad de las constituyentes sean mujeres.

Las de mi generación comenzamos a participar políticamente en medio de la dictadura. En la sala de clases se daban los primeros debates entre quienes nos interesaba la política y lo que sucedía más allá de las casas. Entonces, no se nos pasaba por la cabeza pensar en una Constitución paritaria, pues primero había que imaginar que se podía ganar el plebiscito que terminaría con una dictadura que nos marcó a fuego a los de entonces, y al país de hoy.

Ser mujer y participar de las discusiones públicas siempre ha sido muy difícil. Lo fue para las mujeres que nos antecedieron y lo es hoy para todas nosotras. Culturalmente hemos crecido con una historia contada por hombres, con cuentos de héroes varones, con profesiones para hombres, juegos para hombres, leyes que favorecen a hombres, y derechos que privilegian a los hombres. En este contexto hemos tenido que criar hijas e hijos, intentando que los sesgos predominantes no los afectaran de la misma manera que a nosotras. En eso estábamos, intentando hacer un país más igualitario, cuando todo cambió hace un año atrás.

Tras el estallido social de octubre de 2019, la clase política por fin se puso de acuerdo y reformó la Constitución del 80. Obligados a decidir que, para enfrentar la rabia, las injusticias y el tedio de que nada cambiaba como se necesitaba, ahora sí era posible una reforma constitucional y hacer un proceso constituyente. Haber estirado el chicle de la manera que se hizo durante años, hacer como que todo cambia para que todo siga igual, fue defraudando una y otra vez a las personas. Los mayores cambios, ocurridos en el segundo gobierno de Michelle Bachelet, fueron demonizados sistemáticamente por algunos líderes políticos, empresariales y comentaristas. Su idea de enfrentar la desigualdad, simplemente fue ignorada.

Chile tuvo por dos períodos a una Presidenta mujer que dejó la piel en desempeñar su cargo a la altura de las expectativas: tantas veces en terreno las mismas mujeres le decían que ahora les iban a pegar menos porque había una mujer en la Presidencia para defenderlas. Las fuerzas conservadoras, políticas y culturales, la combatieron de manera feroz, porque esa Presidenta mujer era un símbolo peligroso que despertaba el hambre de sus iguales: si ya había una Presidenta, podía haber otras.

Por eso ahora que somos todas, las de antes, las de hoy, las que vendrán, las viejas y las jóvenes, las que están en política y las que no les interesa la política, ahora es el momento de participar, votar, ser elegidas y ganar. Ahora que somos todas, que “sin nosotras nunca más”, ejerceremos nuestro derecho a estar y ser consideradas, participando desde este 25 de octubre en todo el proceso constituyente.

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