Antipolítica

"Los resultados electorales pueden hacer que las burocracias partidarias crean que toda la crisis fue una ilusión y que todo cambiará para seguir igual, hasta el próximo estallido".

La política es vista como entrampada en sí misma y no al servicio de la ciudadanía, por tanto, es funcional al político como modo de vida y no a las personas.



Un fantasma recorre los matinales, las columnas de opinión y los grupos de WhatsApp sobre la realidad nacional : la antipolítica. Ella hace que en el 13 permitan que la diputada Jiles insulte a los conductores y no pase nada. Cabe preguntarse cuánto sería el llanto corporativo si sus palabras las hubiese emitido un político más tradicional. Chilevisión, que descubrió la fórmula antes que el CEP, convirtió a su animador estrella en un cuestionador de autoridades. El buen rating hace que varios consideren necesario pasar por esa ordalía. Bourdieu decía que la televisión creaba una especie de espectáculo sobre la política, que llamaba “debates falsamente verdaderos”. En el caso chileno, el show es entre los conductores, que supuestamente representan al pueblo, y los políticos, a sí mismos.

Es un hecho cierto que el Congreso y los partidos políticos tienen menos aprobación que el Presidente de la República y, por tanto, la crisis institucional no puede ser solo achacada a la gestión actual. La pregunta no resuelta es el germen y cuáles son los caminos que tomará la antipolítica en el año más electoral de la historia de Chile.

Respecto de lo primero, el sociólogo y profesor universitario Carlos Ruiz plantea que las burocracias de los partidos, de manera transversal, opera como si dicha crisis no existiera y con una lógica cerrada. Parece ser un virus más contagioso que las variantes brasileñas del Covid, pues rápidamente el Frente Amplio adoptó las prácticas de los partidos más antiguos. También pareciera haber una desconexión completa de las conversaciones políticas con la gente a pie. En un focus realizado por la empresa Qualiz (donde trabaja el autor de esta columna) varias personas plantearon la conveniencia de establecer la obligación a nivel constitucional de que las autoridades deban atenderse en hospitales públicos, usar el transporte masivo y matricular a sus hijos en escuelas que haya que postular por el SAE y así entender cómo es la vida de las personas que están fuera del poder. El estudio denominado “Tenemos que hablar de Chile”, realizado por la U. de Chile y la Universidad Católica, plantea un escenario similar. La política es vista como entrampada en sí misma, y no al servicio de la ciudadanía, por tanto, es funcional al político como modo de vida y no a las personas.

La evolución es impredecible y hay señales cercanas para ver en las urnas cómo se manifestará. Las elecciones dentro de dos semanas darán una importante señal sobre el caudal de votos de independientes, y en especial de los resultados en la Región Metropolitana, donde podrá verse si Pamela Jiles es capaz de traspasar su impacto de opinión pública en votación para su socio Pablo Maltés. Los resultados electorales pueden hacer que las burocracias partidarias crean que toda la crisis fue una ilusión y que todo cambiará para seguir igual, hasta el próximo estallido.

Las dificultades del gobierno en la semana pasada con el portazo que le dio el Tribunal Constitucional a la arriesgada jugada presidencial hizo abrir un espacio de negociación con la presidenta del Senado que ha encontrado sorpresivas críticas en el oficialismo. Curiosamente, el Mandatario vuelve a tener poder. Puede decidir negociar y acordar con la oposición, encabezada por la senadora Provoste, y con ello darle juego a la política; o escuchar a sus partidarios y cerrar la puerta o buscar el regateo, que a esta altura es lo mismo. En ese caso habrá optado por Pamela Jiles y la antipolítica.

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