Cambié tus patines por langostas (para mí)
Gratuita, pública y de calidad. Ese era el eslogan. Diez años después de que el Frente Amplio introdujera su programa educativo bajo Bachelet II, de la mano del Ministro Eyzaguirre, los resultados de “quitar patines” están a la vista: los liceos emblemáticos del pasado se han hundido hasta el fondo de las listas, y lo poco que flota de la educación no totalmente privada se concentra en los particulares subvencionados. El primer foco de luz de la nación se ha apagado. Y ahora la educación, especialmente la primaria y secundaria, ya no le interesa a nadie: la izquierda le exprimió rendimiento político, y luego la arrojó lejos. Lo inane de Cataldo lo atestigua.
¿Tiene esto alguna importancia? Los frenteamplistas se defienden diciendo que sus reformas básicamente dejaron todo igual. Que el número de estudiantes de excelencia del sistema estatal se mantiene constante, sólo que disperso. Si tuvieran razón, esto probaría que su gran argumento para expulsar la selección por mérito académico del sistema era totalmente falsa: el famoso “efecto pares”, que planteaba que el buen nivel académico, de alguna forma, se “contagiaba” entre estudiantes. Pero nadie se ha visto “contagiado” de calidad.
En el mejor de los casos, entonces, no pasó nada. Eso es lo que nos dicen los propios revolucionarios de antaño. Pero lo cierto es que lograron algo: destruyeron el proyecto de una élite republicana pluriclasista formada en los liceos de excelencia. Pusieron una última piedra sobre la visión de 1813 que llevó a la fundación del Instituto Nacional, así como a la creación de las escuelas normalistas en 1842 y la instalación de la Universidad de Chile en 1843. Elite que era, a su vez, la piedra angular del proyecto de un Estado en forma.
¿Qué es una élite? Una minoría organizada con capacidad de organizar. ¿Cómo se organiza una élite? En la convivencia cotidiana, que forja lazos de confianza y unidad de propósito. Al no existir espacios formadores de élites públicas, ellas dejan de existir. Se convierten, en el mejor de los casos, en estudiantes capaces dispersos por el sistema. Pero el conjunto, así como su ethos, caduca. ¿Y quién hereda ese espacio? ¿Quién reemplaza a las élites laicas y republicanas de los liceos de excelencia?
Los Boric, los Jackson, los Vallejo, los Crispi, los Atria, los Winter, los Eyzaguirre. Los herederos de la Concertación. Los veraneantes radicalizados de Tunquén. La elite progresista formada en colegios como el Saint George, la Girouette, el Santiago College, y similares. La demolición de los espacios de excelencia públicos le juega a favor a quienes vienen a tomar el espacio político históricamente ocupado por los ahí formados. Y la Universidad de Chile, politizada y masificada a la fuerza, es la siguiente en la lista.
¿Cómo se explicaría que el Frente Amplio estuviera haciendo exactamente lo contrario a lo que se supone que buscaba? Buena parte de la sociología de Pierre Bourdieu gira en torno al concepto de “habitus”. Con él se refiere a un conjunto de esquemas mentales y disposiciones duraderas y transferibles a través de la educación, producto del entorno social pasado y presente de una persona. Esta idea permite a Bourdieu plantear otra, que es bastante poco intuitiva: la de acción racional inconsciente. Básicamente se trataría de que estos esquemas mentales y disposiciones adquiridas informarían y guiarían nuestras decisiones sin necesidad de presentarse al sujeto en el plano reflexivo. Así, nuestros actos tenderían a reproducir y reforzar nuestra posición social sin necesidad de que nos planteemos ese objetivo. Esto mismo explica la dificultad que supone romper esos patrones. La lucha por posiciones y recursos dentro de todo campo social estaría marcada por estas estrategias inconscientes presentes en los distintos actores.
Son quizás estos conceptos los que nos permiten escudriñar el enigma frenteamplista. Resultaría que los jóvenes progresistas ambiciosos venidos de la educación privada, a pesar de pintarse de revolucionarios, siempre terminaron poniendo primero sus propios intereses objetivos. ¿Será esto cierto? Miremos los resultados. Al compañere le ha salido barato el kilo de langostas.
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