Castillo, el antisistema

Pedro Castillo celebra en Lima.



Mirko Lauer es periodista peruano y columnista del diario La República.

Los analistas de Lima están poniendo su confianza en el conteo rápido de Ipsos el domingo por la noche. El dólar ha pegado un salto por encima de S/.4. Perú Libre ya no está gritando fraude en calles y plazas. Todas señales de que Pedro Castillo muy probablemente ganará esta elección cuando la ONPE presente resultados oficiales.

Así, se supone que finalmente habrá un antisistema en la presidencia peruana. Ollanta Humala no lo fue, y menos Alfonso Barrantes o Susana Villarán en la alcaldía de Lima. Debemos imaginar que Castillo va a inaugurar un nuevo tipo de presencia izquierdista en el poder, más agresiva, y para algunos mucho más peligrosa.

Pero en el fondo no sabemos qué va a hacer Castillo si gana, pues él mismo no lo ha dicho. Se conoce el programa ultra de su socio Vladimir Cerrón, la inconsistente presencia de los asesores izquierdistas de Juntos, las declaraciones alternadamente radicales o tranquilizadoras del propio candidato en diversos momentos.

Las semanas de aquí a la juramentación del 28 de julio van a ser importantes para conocer mejor a Castillo, ya no tanto en sus palabras como en sus actos. Cosas como el anuncio de medidas específicas y la paulatina revelación de su futuro gabinete. En esto último se irá revelando una nueva relación con las otras fuerzas de izquierda y las del centro que lo esperan en el Congreso.

En ese periodo va a influir mucho la reacción de la derecha política. Una confrontación desde la partida puede tener como efecto prolongar el clima polarizado de la campaña y radicalizar al nuevo presidente. Lo cual a mediano plazo dificultaría cualquier negociación, y trasladaría las cosas a una lucha permanente en el Congreso.

Un problema de Castillo será que un gobierno cabalmente radical alejará de su lado a muchísimos de los que votaron por él. Sobre todo a quienes lo hicieron por antifujimoristas, no tanto por compartir los detalles de un programa de gobierno, que en verdad era desconocido. Los reclamos y las protestas van a llegar rápido.

La mejor opción de Castillo sería asegurarse desde el inicio un modicum de confianza económica, como la red de seguridad que le permitiría llevar adelante algunas de las medidas progresistas que debe estar considerando. La cosa se está empezando a mover de la política hacia la economía.

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