Columna de Juan Ignacio Brito: El universo paralelo del rey desnudo



La soberbia política de los habitantes de La Moneda es, a estas alturas, un dato de la causa. Nos miran desde arriba. No hay fracaso, resultado electoral o mal diagnóstico que pueda evitarlo.

La altivez encuentra su origen en la cuna política de esta generación: los movimientos universitarios de protesta que lideraron en 2011. Allí primaban el asambleísmo, las elecciones con bajísima participación, las tomas donde unos pocos decidían la suerte de muchos. Eran rockstars rebeldes e iluminados a los cuales nadie dejaba de alabar. Hasta sus profesores los felicitaban y alentaban.

Siguió cuando entraron a las ligas mayores. Pese a su discurso contra el binominal, algunos de ellos no tuvieron reparos en convertirse en “diputados designados” usando cupos protegidos. Pasaron a ser críticos y regalones del sistema a la vez. Daban entrevistas para denostar “los 30 años” y dibujaban un destino glorioso desde esa altura moral que los distingue. Participaban en marchas, saltaban torniquetes, gritoneaban a carabineros y militares, toleraban la violencia y se reunían con asesinos en fuga, al tiempo que marcaban diferencias éticas al “donar” parte de su dieta parlamentaria.

El peor peligro para quien ocupa posiciones de poder es la zalamería del resto. Quien se rodea de chupamedias construye una realidad paralela. Un líder consciente debe entender que algo anda mal cuando todos se ríen siempre de sus chistes. De lo contrario, comienza a creer que verdaderamente es el más ocurrente, el más inteligente, el mejor leído, el más buena onda… y se comporta como si lo fuera.

El problema es que esta generación ha sido adulada desde que apareció. ¡Si hasta Sebastián Piñera, con esa cortedad de miras tan suya, afirmó en 2011 que las protestas estudiantiles eran “una causa noble, grande, hermosa”!

Se está notando cada vez más que el Presidente Gabriel Boric habita ese universo paralelo. Ahora que actúa en un escenario que lo saca de su “zona de confort”, resulta obvio que el rey anda desnudo, que es un político malcriado que vive en una realidad donde es él quien va a la vanguardia, el que manda, cita evangelios que no existen y relata vidas imaginarias de santos; el que toma decisiones difíciles que le provocan dolor y se maravilla por estar en una asamblea al lado de un representante de Lesotho; el que dice haber recibido baños de humildad pero no actúa en consecuencia; el que usa polera en La Moneda y se saca la chaqueta para mostrar su camisa transpirada a la audiencia neoyorquina; el que cuestiona si el retrato de O’Higgins merece permanecer en su oficina; el que cree que la parada militar es un acto de sumisión militar al poder civil y no un desfile en honor a las Glorias del Ejército.

Algún consejero corajudo tiene que decirle al Presidente que baje al mundo real.

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