Debilitamiento de la democracia en A. Latina

Hay un evidente riesgo cuando cada vez más personas dejan de ver en la democracia una ventaja y en cambio ven en el autoritarismo o en el populismo la forma efectiva de solucionar sus problemas.



No son buenos tiempos para la democracia en el mundo, tal como lo muestran una serie de mediciones internacionales. El auge del autoritarismo -incluso dentro de regímenes que siguen siendo formalmente democráticos-, el enquistamiento del populismo y el descontento han llevado a un aumento de la cantidad de países con democracias cada vez más frágiles o que definitivamente la han terminado perdiendo. El último informe de IDEA Internacional, revela que casi la mitad de las democracias del mundo cubiertas por el estudio están en declive; solo el 13% de ellas está mejorando su calidad.

América Latina ha seguido también el mismo derrotero global, pero una serie de señales indican que en el caso de la región estas tendencias han tendido a acentuarse, lo que por supuesto constituye una señal especialmente preocupante, por las implicancias que ello conlleva. El índice global de la democracia preparado por Economist Intelligence Unit muestra que el mayor declive en 2021 se dio precisamente en la región, producto del surgimiento de populistas contrarios a las ideas liberales y farsas electorales, como las que tuvieron lugar en Nicaragua. A pesar de que Latinoamérica es la segunda región a nivel global con más países democráticos, ello no ha impedido que Nicaragua y Venezuela se hayan sumado a Cuba entre aquellos países regidos por dictaduras.

Los dos países más grandes de la región, México y Brasil, también han visto preocupantes retrocesos. En el caso mexicano, el Presidente Andrés López Obrador ha desplegado una constante actitud de desacreditación de una serie de instituciones, mientras que en el caso brasileño los partidarios del expresidente Jair Bolsonaro -quien se ha negado a reconocer el triunfo de Lula da Silva- protagonizaron recientemente una asonada en contra de los tres poderes del Estado, mostrando los niveles de altísima polarización que afecta a dicho país. El intento de autogolpe que protagonizó el expresidente peruano Pedro Castillo -que ha dado paso a violentas protestas- así como la política de persecución contra adversarios políticos que ha llevado a cabo el nuevo gobierno de Bolivia, son solo algunas muestras de la descomposición del sistema político y la consecuente erosión de la democracia.

En una región caracterizada por amplios bolsones de pobreza e informalidad, el populismo encuentra un fértil caldo de cultivo, por lo que no debe extrañar que el apoyo hacia la democracia haya experimentado un pronunciado declive entre la población y que más personas vean en formas autoritarias una salida efectiva a sus problemas. Este fenómeno de aumento del desapego hacia la democracia también se ha podido apreciar en Chile, tal como lo reveló la última encuesta CEP.

En entrevista con este medio, el director para América Latina de IDEA recordaba que “vivimos el proceso de recesión democrática más agudo de las últimas tres décadas”, una realidad que plantea monumentales desafíos para los líderes políticos, la academia y las políticas educacionales. En la medida que la sociedad no se vea una ventaja en vivir en democracias sólidas -caracterizadas por la sana alternancia en el poder, las libertades individuales, regirse por instituciones sólidas e independientes y apego al estado de derecho-, hay un evidente riesgo de que los países retrocedan y que los problemas se acentúen. Primordial para comenzar a revertir estas tendencias es reforzar la formación cívica de la población, y emprender las reformas que permitan recomponer el sistema político para que retome su indispensable rol de intermediación.

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