Desórdenes informativos y guerra



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

En el mundo real (mientras aún el metaverso no es masivo), la política, la comunicación, la verdad, las creencias de las personas y los hechos, se mueven según intensas estrategias que utilizan las redes sociales para intentar influir en la opinión pública según intereses de cada cual.

Uno de estos ejemplos ha sido la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos que ganó Donald Trump. Varios libros y artículos académicos han analizado los recursos desplegados y cómo esa agresiva estrategia fue determinante a la hora del triunfo del republicano. Influyeron en la opinión pública combinando noticias falsas (fake news), un buen conocimiento y entendimiento de sus electores, un ejército de bots y el alto consumo de redes sociales por parte del electorado. Mientras más polémico, más inexacto y menos veraz fueran sus declaraciones, mayor atención generaba Trump en los medios tradicionales, multiplicando su exposición y conocimiento. El resto lo hizo su populismo y personalidad.

Ya no se trata solo de fake news. En 2018 circulaba el concepto de desórdenes informativos, que previamente otros autores definían en torno a tres ideas: un tipo de información que es errónea, y/o desinformación, y/o mala información (Wardle & Derakhshan, 2017). Se trata de producir información falsa, creada deliberadamente para dañar a una persona, grupo social, organización o país. El desorden informativo nos empuja a habitar un mundo donde cada vez será más difícil reconocer la verdad de la mentira. Al dicho sobre que la información es poder, habrá que agregar ahora que el poder de manipular información puede ser decisivo para ganar una elección e, incluso, para manipular a la opinión pública frente a la guerra.

La desinformación está librando su propia guerra en la invasión y ataque de Rusia a Ucrania. Algunos medios rusos llegaron a publicar que el Presidente Volodímir Zelenski estaba muerto o había huido con su familia de la capital, intentando mermar psicológicamente al enemigo. Putin utiliza en su narrativa una historia sobre salvar al pueblo de Ucrania de ser un país nazi. Los llama genocidas “del régimen de Kiev”. Pero no hay pruebas de lo que dice. Sin embargo, circulan videos o fotografías que lo confirmarían, pero que resultan ser trucados. Mientras, imágenes y situaciones falsas circulan en las redes sociales propagando desinformación, a la par de historias verdaderas de éxodo, miedo y ciudades destruidas.

La desinformación es una estrategia de ataque que llegó para quedarse. Sin ir más lejos, también se usa en Chile. Circulan noticias falsas, inexactas y mal intencionadas sobre la Convención Constitucional con el único objetivo de desprestigiarla para movilizar a las personas a que voten Rechazo. ¿Quién las hace circular? ¿Quién las elabora? ¿Quién paga para que se difundan? ¿Cuánto afectarán a la opinión pública a la hora de votar en el plebiscito de salida? Preguntas abiertas que nos invitan a reflexionar.

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