Economía a escala humana



Por Jeanne Lafortune, profesora asociada del Instituto de Economía UC

Los economistas somos criticados muchas veces de pensar en números y no en lo “humano”. Este tipo de acusación resurgió la semana pasada cuando Juan Andrés Lagos, encargado de Relaciones Políticas del Partido Comunista, acuso: “El Banco Central no tiene idea de economía a escala humana”.

Doy, desde hace más de 10 años, un curso de desarrollo económico. En este curso nos enfocamos en estudiar los desafíos que enfrentan las personas más pobres del planeta. La noción de crecimiento económico o de pobreza monetaria no nos toma más de una semana del curso. En vez, durante las otras 12 semanas, estudiamos los desafíos que estas personas enfrentan en la calidad de su salud, de su interacción con un mercado laboral donde no puede ganar un buen sueldo, de su acceso dificultado al mercado financiero lo que le relega a depender de prestamistas. En todo eso, la experiencia humana es central en las soluciones que proponemos.

Durante la pandemia, los economistas recomendaron desatar las bolsas de las arcas fiscales para disminuir los impactos negativos de la crisis. Algunos incluso apoyaron el primer retiro en esta mirada. Durante este periodo, los economistas fueron queridos; pero inyectar recursos a la economía no es lo que hace nuestro rol más o menos humano. No estar conscientes de las consecuencias de las decisiones de políticas públicas que se toman es ignorar la cara humana de la economía. Los que pagan el costo del sobre endeudamiento del Estado no son el “mercado” o las “firmas”, son las personas, y muchas veces los más pobres de una sociedad terminan recibiendo la cuenta.

Ahora que la economía se está recuperando e incluso sobrecalentando, los economistas son mal vistos y vuelven las críticas. Durante la semana se debatirá el cuarto retiro, donde la opinión uniforme de los especialistas es que es una mala propuesta. El presupuesto 2022 está en preparación y se tendrán que tomar decisiones difíciles sobre la continuidad del IFE que ya no es muy “de emergencia”.

Los economistas llamaremos a retornar a un nivel de gastos fiscales más moderado y a controlar la inflación. No lo hacemos porque no tenemos en la mirada los costos humanos inmediatos que estas decisiones implicarán. Pero todas estas decisiones tienen consecuencias futuras y queremos evitar que estos costos terminan siendo pagados por los más pobres de la sociedad. La inflación afecta particularmente a los individuos más vulnerables, porque no tienen bienes (como casas o autos) que se aprecien con las alzas de precios, no tienen ahorros que pueden usar para enfrentar la incertidumbre, no pueden dolarizarse para escapar los riesgos de una moneda que se deprecia. La deuda pública se tendrá que pagar con alzas de impuestos que van a afectar los precios de los bienes que consume la gente y los empleos que les dan de vivir.  Preocuparse de eso es pensar en la economía a escala humana.

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