El enorme desafío de rescatar a la centroderecha

Foto: Agenciauno

Los partidos de Chile Vamos han venido acumulando derrotas sistemáticamente, perdiendo capacidad de conexión con la ciudadanía. Rostros nuevos e idearios propios acordes a las necesidades del Chile actual aparecen como sus grandes desafíos.




El resultado de la primaria presidencial deja luces y sombras sobre el futuro de la centroderecha y sus partidos. Por una parte, el haber logrado que 1,3 millones de personas fueran a votar por el sector es, sin duda, un logro importante, más allá de que la lista de izquierda lograra un mayor número de votos. Se trata de una convocatoria que estuvo muy por sobre las proyecciones y eso siempre es positivo. En segundo lugar, el que de una manera no pensada ni buscada, Chile Vamos encontrara en Sebastián Sichel una figura renovada para enfrentar la elección presidencial abre posibilidades para que pueda seguir en competencia.

Pero todo esto tiene su contracara. El fracaso de los tres partidos de Chile Vamos superó también cualquier expectativa, porque no era imaginable que un candidato independiente lograra triunfar y, de paso, capturar la mitad de los votos de la coalición. En esto, hasta ahora, los partidos han sido muy poco autocríticos. Que el representante de RN haya salido último, con menos del 10% de los votos, es algo difícil de explicar. Algo parecido sucede con Evópoli, partido que era el llamado a refundar el sector, pero que hoy se encuentra relegado también a una posición muy minoritaria, cuyo candidato en estas primarias apenas logró superar a Mario Desbordes. La UDI, por su parte, nunca supo leer que optar por su eterno candidato no era una opción viable en el Chile de hoy.

En esto, los partidos fueron muy miopes, porque en todas las últimas elecciones el electorado les fue señalando que iban por el camino equivocado. El plebiscito, la elección de constituyentes, alcaldes y concejales fue una derrota tras otra -todavía más ominoso fue que en la elección de gobernadores regionales solo eligieran uno, revelando la despreocupación por buscar candidaturas idóneas-; pese a ello, nunca cambiaron de estrategia. También es un hecho que los propios partidos tampoco fueron capaces de ordenarse e incurrieron en pulsiones populistas -tal como ocurrió con los retiros desde las AFP- o votar en contra del propio gobierno, lo que generó desapego o confusión entre sus propios votantes. El resultado está a la vista. Hoy, los socios de Chile Vamos se ven más bien desgastados, sin capacidad de sintonizar con su electorado y resignados a que quien encabeza la modernización del conglomerado sea alguien que no milita en sus filas.

A pesar de que en todo esto la figura de Sebastián Sichel aparece como una esperanza, no son pocos los desafíos que enfrenta el sector para consolidarse con miras a la elección. Porque si bien el carácter de independiente del candidato aparece como un activo, no lo es menos que cualquier proyección de gobernar requerirá de partidos fuertes y listas parlamentarias exitosas. Conjugar ambas dimensiones es, sin duda, un desafío enorme para la centroderecha, algo que ciertamente va más allá del cambio de nombre de la coalición, como propuso el propio Sichel.

En esto, a lo primero que se recurre es a la noción de que se necesita virar hacia el centro, tal como esta semana les dijo el Presidente Sebastián Piñera a los parlamentarios de su coalición. Se trata en realidad de un concepto tan antiguo como la política misma, pero un tanto vacío cuando no se explicita qué significa. Hasta el momento, los partidos han entendido lo anterior como abrazar ideas de la centroizquierda, algo que mostró ser un fracaso rotundo en la elección pasada. Basta ver cómo las pretensiones de Lavín de aparecer como “socialdemócrata” o las críticas de Desbordes al modelo terminaron siendo castigadas por los electores.

Por el contrario, la renovación del sector pareciera pasar por dos aspectos esenciales. Primero, por rostros nuevos, como lo demuestra Sichel, pues ya es un hecho que tanto los electores de izquierda como de derecha quieren figuras de recambio. Segundo, con ideas nuevas, mejor sintonizadas con las demandas y anhelos de las nuevas generaciones, pero que, a la vez, respeten la esencia del ideario de la centroderecha, entendiendo que la novedad, sin contenido, no conduce a nada. En esto, los partidos de Chile Vamos requieren una urgente modernización, pues si bien fueron exitosos para enfrentar el ciclo post 90, no han sido capaces de entregar respuestas doctrinariamente convincentes y convocantes para el complejo ciclo que ya se empieza a dibujar.

A la luz de todo lo anterior, el desafío es construir una suerte de relato nuevo, que logre convocar no solo a los electores de la derecha y el centro, sino que también permita ordenar a los candidatos de los partidos y los independientes que vayan en la lista parlamentaria; allí también será fundamental que los partidos elijan figuras que den garantía de disciplina y sintonía con la coalición. De lo contrario, el desorden en las filas podría amenazar cualquier pretensión de renovación política.

Esta es una tarea que debe convocar tanto a Sebastián Sichel como a Chile Vamos. Porque tan importante como que los partidos respeten el carácter de independiente del candidato -algo que está de moda en estos días-, Sichel debe entender que sin Chile Vamos su aventura presidencial no será más que eso, una aventura. Porque los partidos podrán estar en su peor momento, pero sin ellos es imposible que el sector vuelva a gobernar.

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