El trumpismo chileno

El abogado Gabriel Zaliasnik. Foto: .Mario Tellez.



José María del Pino es periodista y miembro del directorio de la Asociación de Corresponsales de Medios extranjeros en Chile.

El abogado del Presidente Sebastián Piñera, Gabriel Zaliasnik, en su columna en este medio, estableció una serie de conjeturas respecto de una supuesta operación de una periodista chilena motivada ideológicamente, bajo el amparo de The Washington Post. Dicha crítica ya había sido esbozada enérgicamente por el ministro de Salud, quien, en un tono más calmado, llamó un par de días después a “colaborar de manera propositiva” a los medios.

Los voceros de una confabulación comunicacional contra el gobierno desconocen tres elementos primordiales para el correcto entendimiento de la libertad de prensa y el derecho a la información, garantías fundamentales consagradas en nuestra Constitución y convenciones internacionales.

El primero es la distinción entre géneros periodísticos. El aludido artículo es una columna de opinión tan válida como esta o cualquier otra, incluida la del abogado del Presidente. Los distintos medios de comunicación del mundo tienen en su mesa de columnistas a personas de las más variopintas trayectorias e ideas, con el fin de proteger -como bien reflexionaba Alain Touraine- el valor fundante de toda democracia: la diversidad.

El segundo punto importante es que, bajo la sana garantía de que existan distintas líneas editoriales de medios, si la profesional fue o no colaboradora de Telesur es tan irrelevante como que después lo fue de The New York Times o Radio Francia Internacional -lo que es omitido selectivamente-. Es la calidad del trabajo realizado y no el empleador de turno lo que constituye el eje del único patrimonio que comunicadores tenemos: nuestra credibilidad.

Como tercer elemento, llama la atención que un porcentaje de la población insista en buscar en periodistas una neutralidad que no es inherente a la naturaleza subjetiva del hombre. Dicha búsqueda es una quimera y un periodista escribiendo una columna o interpretando hechos en un reportaje, por cierto, entrega una visión subjetiva en base a los datos recolectados. El historial político, amistades o conexiones del individuo deben ser excluidos del análisis. Es la mentira en los datos aportados, o la omisión de otros, y no las ideas íntimas del mensajero lo que debe ser evaluado al enfrentarse al artículo de cualquier periodista.

El eje de la retórica trumpista contra los medios de comunicación -la que lamentablemente ya ha llegado a Chile- se encuentra en la constante carencia del análisis del contenido. Un ataque personal, o una elección selectiva de hitos profesionales, constituyen argumentos falaces, ad-hominem, que no dan espacio al debate y responden al corazón de la estrategia comunicacional de Steve Bannon, padre de los movimientos de derecha populista modernos: centrarse en lo accesorio y no en lo importante.

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