Ese otro “tercer” Chile

Gente

Andrés Pérez




Por María de los Ángeles Fernández, analista política

Mientras la política electoral se modera dado que la búsqueda de votos en segunda vuelta exigiría menos antagonismo, esa sociedad civil chilena donde, como ha señalado recientemente Guy Sorman, “no hay una buena causa, desde la protección de los pingüinos de la Patagonia hasta la lucha contra el cambio climático que no esté representada por una organización no gubernamental”, muestra ebullición. Asistimos a una exhibición pública de apoyos a los candidatos en un clima de puja excluyente. Nada de raro suponer que, puertas adentro de algunas instituciones, emplazamientos que han llegado al tipo “o estás con el fascismo o estás contra él” supongan esa encrucijada que sintetizó Doris Lessing al afirmar que “mantener una opinión individual disidente, siendo miembro de un grupo, es la cosa más difícil del mundo”.

En ese contexto, los nefastos dichos del diputado Johannes Kaiser y que permiten constatar ese lado oscuro revestido de odio de la libertad de expresión, merecen reflexión. Para contrarrestarlo, se recurre al activismo declarativo del “hacemos un llamado” que trata de aplicar el justificado cinturón sanitario que Angela Merkel impuso a la extrema derecha en su país para plantear ciertos límites. Se olvida, sin embargo, que la propia excanciller alemana, nada sospechosa de pretender blanquear a Trump, calificó como “problemática” la suspensión de su expresión en las redes sociales, interrogándose sobre una atribución unilateral que tomaban las plataformas tecnológicas privadas. Urge debatir mucho más lo que acontece en el debate público habida cuenta de lo que señala el informe de Idea Internacional “El estado de la democracia en el mundo 2021″: el mayor retroceso se observa en materia de libertad de expresión en condiciones de que dicha libertad era la que estaba en mayor riesgo antes del estallido de la pandemia.

Por lo anterior, en un marco en el que campean “catones” y “catonas” que parecen tenerlo todo muy claro, sorprenden quienes transparentan su distancia frente una oferta que, a su juicio, adolecería de las garantías democráticas suficientes a pesar de los fichajes incorporados por ambos candidatos. El temor ante el pinochetismo que Kast reivindica encontraría un correlato en la histórica buena avenencia con el llamado “socialismo del siglo XXI” de un PC gravitante en la candidatura de Boric, a pesar de declaraciones de última hora mostrando distancia. Es el caso de personas que se atreven a explicitar una equidistancia que podría derivar en votar nulo o blanco. Pudiendo cobijarse bajo el paraguas de la abstención, se arriesgan al estigma y al ostracismo que se derivan del señalamiento y la cancelación. ¿Será que la reivindicación de la duda, en contextos centrifugados, es el nuevo rostro de la valentía?

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