Funa

Gabriel Boric



Un grupo de convencionales y de sus asesores increparon violentamente a otros que votaron en contra del informe de la comisión de medioambiente. “Traidores”, fue la expresión más utilizada; una convencional explicó que el informe había sido parte de un acuerdo con quienes votaron en contra, sugiriendo que ello justificaría la funa. En mi bella ciudad de origen, La Serena, un grupo de fanáticos se reunió para insultar al Presidente Boric y otro le lanzó un piedrazo.

Se empieza a cumplir la máxima de que toda revolución devora a sus hijos, los agredidos e insultados ya no son solo los convencionales de derecha, ni el Presidente Piñera o sus ministros, ahora la turba arremete contra los que, desde la misma izquierda, abandonan la ortodoxia, se atreven a discrepar en algo, optan por la moderación “amarilla” o queman en el altar de la macroeconomía los retiros que ayer adoraron.

Me temo que a la centroizquierda le está llegando la hora de asumir la decisión más dolorosa y trascendente de su historia, se acaba el espacio de la táctica, el “juego de piernas” no alcanza, la ilusión de que pueden “conducir” el proceso es solo eso una fantasía, cada vez más evidente en su ingenuidad. En su momento también lo pensó la DC que, con exceso de soberbia y carencia de sentido real del poder, se dejó consumir a fuego lento por sus socios hasta el punto en que se encuentra hoy: sobreviviendo por inercia en un Senado eliminado.

El estado democrático de derecho es incompatible con el mesianismo refundacional que prima en la Convención, que ve en las instituciones democráticas solo instrumentos de dominación de clase, que concibe el emprendimiento como una forma de abuso, que entiende las relaciones entre pueblos originarios y mestizos -una falsa dicotomía en una sociedad formada por el hibridaje- como de división y enfrentamiento, que ve la libertad económica como enemiga de la naturaleza.

Así planteada la política y los proyectos de orden social, todo lo que se aparte del suyo es traición, es el enemigo, es el mal encarnado. El sistema político no existe para regular la discrepancia, sino para acallarla, la violencia es parte de las reglas del juego, el control político de las instituciones es la única alternativa, porque las controlan ellos o lo harán los poderosos.

El Partido Socialista, sus principales dirigentes, así como el PPD, la DC y el PRSD son evidentemente organizaciones que adhieren a un modelo de sociedad democrática, con estado de derecho, seguridad jurídica, con los que me separan profundas diferencias, pero que se dan en un marco común de orden cultural y civilizatorio.

La funa, el piedrazo, son la expresión de otro marco y, quiéranlo o no, esa es la verdadera disyuntiva que enfrentaremos en el plebiscito de salida. Para la derecha la opción es clara y natural; para la centroizquierda, por el contrario, será el doloroso momento de asumir que el modelo de la socialdemocracia europea y el de la izquierda latinoamericana no caben en un mismo país.

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