Geometría variable: ¿pragmatismo o transacción sin brújula?
El concepto de geometría variable no es nuevo en política comparada. Describe una dinámica parlamentaria en que las mayorías no son fijas ni responden a bloques estables, sino que se reconfiguran proyecto a proyecto. Durante años fue una categoría analítica útil para explicar coaliciones europeas complejas. Hoy describe con precisión el momento político chileno.
La reciente negociación de las comisiones de la Cámara fue reveladora. El oficialismo logró un acuerdo con sectores de la oposición, dejando fuera a partidos de su propia alianza. Más que una distribución de espacios, fue una señal de cómo operará la política legislativa en este ciclo: mayorías que no se construyen desde proyectos compartidos, sino que se ensamblan caso a caso.
Este escenario es estructural. Con múltiples partidos sin mayorías propias, la negociación permanente es inevitable. Pero hay una diferencia sustantiva entre una geometría variable al servicio de objetivos políticos claros y una que se convierte en un fin en sí mismo por ausencia de horizonte estratégico común.
Frente a eso, la oposición tiene una responsabilidad que aún no termina de asumir. Sin estrategia común, la geometría variable no ordena, fragmenta. Las mayorías circunstanciales resuelven votaciones, pero debilitan la posibilidad de construir mínimos compartidos y actuar como bloque. Una oposición que aspire a ser alternativa necesita algo más exigente: un relato propio, una lectura del país, una agenda de contrapropuestas y una identidad reconocible.
El desafío tampoco es exclusivo de la oposición. El oficialismo enfrenta el riesgo de que la aritmética legislativa termine reemplazando un proyecto político en proceso de ajuste. Gobernar con mayorías ensambladas puede ser necesario, pero tiene límites: las tensiones de coaliciones heterogéneas afloran cuando los acuerdos se vuelven más exigentes. Y es ahí donde se pone a prueba si hay conducción política o solo capacidad de negociación.
Para los actores con agenda legislativa, este escenario tiene implicancias concretas. En un Congreso sin mayorías estables, las ventanas de oportunidad son más estrechas y menos predecibles. Los acuerdos no se construyen en bloque sino por capas, lo que exige mayor anticipación, mapeo fino de actores y disposición a negociar en distintos planos simultáneamente. El riesgo no es solo no avanzar una agenda: es quedar fuera de una geometría que ya se está armando.
Por Natalia Piergentili, directora de asuntos públicos, Feedback.
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