Inclusión de estudiantes con necesidades especiales y discapacidad en pandemia



Por Rosario Palacios y Ricardo Rosas, Centro de Justicia Educacional UC

Ha sido ampliamente demostrado que el cierre de las escuelas ha tenido un impacto negativo en los estudiantes de Chile y el mundo. Es importante tener en cuenta que hay un grupo de ellos que está siendo especialmente afectado: los niños y niñas con necesidades educativas especiales y discapacidad. El debilitamiento de las redes entre pares y con sus profesores, son algunas de las consecuencias de la educación a distancia, debido a la ausencia de relaciones cara a cara. En este contexto, la co-docencia entre profesores regulares y diferenciales es una oportunidad para fortalecer la educación de este grupo de estudiantes.

La modalidad de co-docencia, impulsada por los Programa de Integración Escolar, es posible gracias a la subvención escolar para estudiantes categorizados con necesidades educativas especiales, y demanda el trabajo conjunto entre dos profesionales docentes. La propuesta es que ambos profesores compartan sus apreciaciones sobre sus estudiantes, planifiquen y dicten la clase de manera compartida. Esta tarea no es fácil y se desarrolla tensionada por diversos aspectos, algunos de ellos propios de las identidades docentes y otros relativos a temas de gestión, financiamiento y relaciones personales. En un estudio que realizamos con el patrocinio del Centro de Políticas Públicas UC, se describen y analizan los principales obstáculos que se presentan en las prácticas de co-docencia y las condiciones para que ésta sea efectiva.

Resulta interesante notar que la situación de educación a distancia provocada por la pandemia ha logrado en algunos casos las condiciones centrales para la co-docencia: se ha potenciado la complementación entre docentes y se ha favorecido la enseñanza para todos por sobre la focalización de los profesores diferenciales en los estudiantes con necesidades educativas especiales. Por otra parte, los profesores han tenido que planificar de manera conjunta para desarrollar la clase en pantalla, la que no se presta demasiado para la improvisación. Lamentablemente, también hay casos en que la pandemia ha detonado la suspensión de la co-docencia y la vuelta a la enseñanza segregada del profesor diferencial a los estudiantes con necesidades educativas especiales, mientras que en otra video llamada sucede la clase regular. Aunque pudimos visualizar grandes potencialidades en el modelo -tanto en la modalidad remota como presencial- también pudimos constatar que está permanentemente en crisis, dada la escasez de recursos que entrega el Estado para la educación de los estudiantes con NEE y discapacidad.

Desde hace ya más de 10 años, en las escuelas chilenas se están implementando políticas educacionales que buscan la inclusión en las aulas regulares. La modalidad de la co-docencia es un gran avance, pero para que sea exitosa hacen falta reformas en la institucionalidad de las políticas educativas para la inclusión, en la cultura y organización de los establecimientos, en la formación docente de profesores diferenciales y regulares, y en el marco de evaluación pública de establecimientos y docentes. Hoy más que nunca, es urgente avanzar hacia una co-docencia en el aula que efectivamente permita alcanzar una educación para todos y todas.

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