La dramática realidad de Capitán Pastene

Los testimonios recogidos en este pueblo dan cuenta de cómo el conflicto que cruza a la Macrozona Sur está destruyendo la vida de las personas y arruinando localidades completas, como es el caso de este otrora próspero lugar de La Araucanía.




Una de las dimensiones más trágicas del conflicto que azota a la Macrozona Sur es la forma en que el miedo se ha apoderado de sus habitantes, deteriorando radicalmente su calidad de vida, así como el desarrollo de las actividades productivas. Aunque muchas veces se podría pensar que los ataques y robos afectan sobre todo a las empresas forestales -ello es explicable considerando los cientos de camiones que han sido quemados, los múltiples ataques a faenas forestales o el constante robo de madera-, lo cierto es que las ramificaciones de la violencia están llevando a que cada vez más personas abandonen o piensan dejar la zona ante el temor de ser víctimas de un ataque, la mano de obra para ciertas faenas comience a escasear y zonas que antes eran ejemplo de convivencia pacífica y con un promisorio futuro, hoy estén cruzadas por la desesperanza.

El reportaje “El pueblo se apaga: las balas zumban cerca de Capitán Pastene” -trabajo que publicó este medio y que documentó en terreno numerosos y desgarradores testimonios de habitantes de esta otrora próspera localidad de la región de La Araucanía- retrata en toda su dimensión el drama que enfrentan a diario miles de personas, que con impotencia comprueban cómo el Estado simplemente parece haberlas abandonado, quedando a merced de grupos cuyo actuar muchas veces se encuadra en prácticas terroristas. Sus objetivos ya no solo se circunscriben a la destrucción de maquinarias o instalaciones, sino que en su afán de amedrentamiento ya se han cobrado numerosas vidas, la última de las cuales fue un trabajador forestal de origen mapuche, quien en mayo murió producto de un disparo en la cabeza luego de que su cuadrilla fuera emboscada. Altamente preocupante asimismo es que estos grupos estén reclutando como combatientes o adeptos a la causa a jóvenes lugareños, inculcándoles sentimientos de odio y con ello agudizando aún más el conflicto social.

Los testimonios descritos en el reportaje permiten dimensionar que en Capitán Pastene proyectos turísticos han terminado siendo desechados, el robo de vehículos se ha hecho una práctica habitual y rutas en que antes abundaba el tráfico de camiones, hoy lucen prácticamente desiertas. También ha sido posible aquilatar que detrás de la quema de un camión muchas veces se esconde un drama social que suele estar oculto a la opinión pública, pues dicha maquinaria por lo general representa todo el capital que con mucho esfuerzo un pequeño empresario logró construir, y dado que acceder a seguros es en la práctica casi imposible producto de sus altos costos, la destrucción supone en la práctica la ruina económica.

El sentimiento de desprotección en esta localidad está llevando a que algunos sientan que el único camino es la autodefensa mediante el uso de armas, lo que incuba un peligro de insospechadas consecuencias.

Cada día que transcurre sin que el Estado asuma su tarea y restituya el Estado de Derecho lleva a que estos conflictos se profundicen y se sumen más víctimas inocentes. Estos testimonios deberían ser aleccionadores para que cuanto antes se busquen soluciones políticas integrales, pero a la vez deben llevar a tomar conciencia sobre la urgencia de que las trancas ideológicas en materia de seguridad sean dejadas de lado y se privilegie la seguridad de las personas, pues no es aceptable para un país que en su interior existan territorios que vivan bajo un sentimiento del miedo y abandono.

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