La hoja de ruta de Kast
El Presidente Kast tiene ideas claras sobre lo que hay que hacer para cumplir sus promesas electorales, la dirección no está en duda. Entre quienes votaron por él, no obstante, ha cundido un cierto pesimismo reflejado en la baja de apoyo a su gestión. Y creo que el problema puede estar en la secuencia y el timing de la acción del gobierno, que no es conocida ni comprendida. La seguridad ciudadana y el mejoramiento de la economía son prioridades mayoritarias y la agenda legislativa transita en la dirección correcta. Pero los resultados tardan en llegar y eso exaspera a la gente.
En seguridad, se está cerca de completar una agenda robusta, pese a lo cual sigue existiendo sensación de inseguridad. Lo bueno es que en la oposición hay algunos convencidos de colaborar en la tarea de empoderar a las policías por el riesgo de quedar en una minoría irrelevante. Los datos mejoran, no a la velocidad que la gente espera, pero se percibe progreso.
En la economía avanza la segunda reforma estructural importante, pero falta hacer algo estructural también en empleo. Sala cuna está cerca, en busca de mayor formalidad, especialmente en el empleo femenino. La indemnización a todo evento sería una gran medida y una oportunidad para una oposición dialogante. El plan Chile Despega, con 100.000 empleos en los próximos dos años y las medidas de financiamiento de vivienda debieran sumarse al aumento de la demanda agregada de la economía el año 2027 producto del proyecto de Reconstrucción. Así, en la percepción ciudadana y en la realidad, la promesa de progreso en la calidad de vida comenzará a funcionar.
Pero no todo es seguridad y economía; está también la política. La baja popularidad ahuyenta a los partidarios, especialmente a los de menos convicciones. En el oficialismo, más allá de las estructuras debe haber un acuerdo: un Ejecutivo que escuche más a parlamentarios y partidos, y que les explica sus medidas y estrategias. Y por la otra parte, críticas privadas y fiel apoyo legislativo. Eso puede mejorarse, es más, debe mejorarse. La oposición implacable tiene cada vez más eco en los medios y la defensa del gobierno se ve débil y despoblada, con pocos voceros y muchos comentaristas. No se trata sólo de un cargo o un ministro, sino de una estrategia compartida.
Las políticas están claras: seguridad, economía y empleo son prioridades. Educación es importante y la opción por los niños un imperativo moral que se refleja en el Presupuesto; la salud pública un gran desafío de gestión; y los gobiernos locales y modernización del Estado espacios de mejora. Lo que está menos definido o no es conocido, es la hoja de ruta, la secuencia y una estrategia compartida.
Así, la política devolvería al gobierno a un círculo virtuoso de reencuentro con la gente y sus prioridades. Un punto de inflexión parece necesario.
Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo
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