Opinión

Jubilar con el calendario de Tolstói

Un estudiante universitario que removía barro tras el aluvión en San Carlos de Apoquindo se volvió viral tras referirse a dos mujeres de más de 50 años como “señoras a las que les costaba claramente moverse” debido a su edad.

La declaración pretendía ser empática, pero muchas aludidas se sintieron entre divertidas y molestas. ¡Cómo que viejas! Entre bromas e ironías afloró la distancia entre la edad que otros nos atribuyen y la etapa de la vida en que sentimos estar.

Por esos días, leyendo Guerra y paz, me encontré con la descripción que Tolstói hace de la vitalidad de una mujer “a pesar de sus cuarenta años”. Una edad que hoy podemos asociar a la plenitud aparecía narrada bajo el signo del declive en una novela del siglo XIX.

Es que en apenas unas generaciones hemos conseguido agregar décadas a la vida, pero parece que nuestras representaciones culturales de la edad no han cambiado a la misma velocidad.

Las edades tienen significados que cambian con la historia, aunque tendamos a tratarlas como si siempre hubieran dicho lo mismo A un joven, una persona de cincuenta puede parecerle muy mayor. Sin embargo, cuando él llegue a los cincuenta, desplazará esa frontera porque se sentirá muy distinto de lo que recuerda de sus abuelos a esa edad.

Pero mientras actualizamos nuestra percepción de las edades, muchas expectativas sociales siguen aferradas al calendario de Tolstói. Todavía suponemos que hay una edad para estudiar, otra para consolidarse y otra para retirarse, cuando las vidas reales se han vuelto mucho más diversas. Se puede estar criando hijos y cuidando padres al mismo tiempo, volver a estudiar, emprender o emparejarse cuando se suponía que todo debía estar resuelto.

Volviendo al barro, también es cierto que apelar a que a los cincuenta todavía no se es viejo deja pendiente lo que se piensa de quienes sí lo son. Podemos desplazar la frontera sin cambiar las asociaciones de dependencia o irrelevancia que ponemos detrás de ella, pero ¿queremos reconocer de otra manera la vejez o simplemente aplazar nuestra entrada?

La frontera de la vejez también está marcada por hitos como la jubilación, que durante mucho tiempo hemos asociado al retiro de la vida laboral activa. Si hemos ganado años y posibilidades de seguir desarrollándonos y disfrutando, corresponde actualizar ese calendario y aumentar la edad para jubilar.

Hacerlo requiere acompañar esa vida laboral más larga con una nueva mirada sobre la edad, mejores condiciones de trabajo, oportunidades de contratación y apoyos para quienes cuidan a otros. Los oficios, la salud y las trayectorias hacen que lleguemos de maneras distintas a una misma edad. Reconocer esas diferencias es parte de hacer viable el cambio.

El joven nos hizo reír porque su calendario parecía atrasado. Quizá convendría mirar el nuestro. Urge aumentar la edad de jubilación y preparar las condiciones laborales que lo permitan. Nuestra vida se alargó y no podemos seguir organizándola con el calendario de Tolstói.

Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

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