La opera de Mon Laferte



SEÑOR DIRECTOR

El mural de Mon Laferte resume, casi como triste ópera, los factores que tienen sumido a Valparaíso en una crisis nunca vista desde el brutal terremoto de 1906.

En el primer acto, la cantante pinta un mural en la zona patrimonial de la Unesco sin permiso, sencillamente porque se le dio la gana, como lo hacen, sin su fama, cientos de personas todos los días en los muros de la ciudad.

En el segundo acto, la autoridad regional encargada del patrimonio sale por la prensa a cuestionar a Laferte, con una energía que contrasta con la pasividad que ha mostrado para resolver situaciones mucho más graves, como el penoso estado de edificios y calles, o la acción de vándalos que destruyen con total impunidad. El alcalde Sharp entra en el tercer acto para contradecir a la autoridad patrimonial y defender a Mon Laferte. SÍ, la principal autoridad municipal valida un mural sin permiso, como lo hizo antes con las protestas violentas del estallido, que terminaron dañando casi un tercio del centro patrimonial.

A los pocos días, el mural de Laferte es vandalizado por otro “artista” que consideró que su rayado era más importante. Ahora condimente esta opera por un coro de lamentos, cantado por esa élite porteña que arma una polémica por el mural, como ocurre con cualquier proyecto donde ellos no estén considerados.

¿Quién falta en esta historia? Los habitantes de Valparaíso, que financian este show con sus impuestos, mientras su ciudad se hunde por la desidia, el vandalismo, la falta de inversión o las malas prácticas de diversas administraciones municipales, incluida la actual, que suma denuncias de Contraloría y concejales por malos manejos de platas públicas.

Solo resta esperar que en estas elecciones surjan personas con más sentido común que estridencia, dispuestas a trabajar y no pelear, para levantar a Valparaíso antes que su declive sea irreversible.

Iván Poduje

Arquitecto

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.