La participación popular en la nueva Constitución



Por Estefanía Andahur, investigadora de Rumbo Colectivo

“La historia es un cementerio de aristocracias”, escribió Vilfredo Pareto en 1916, postulando lo que consideraba un imparable destino en la organización de las sociedades, el gobierno de pequeñas élites. La historia de nuestro país no ha sido una excepción, especialmente cuando se trata de la confección de nuestras cartas fundamentales. Todas las constituciones creadas desde 1810 fueron escritas por grupos reducidos de hombres, predominantemente abogados de la élite santiaguina. Sin evadir la ingenuidad, se podría decir que hoy nos encontramos con la posibilidad de un destino distinto.

La participación popular en el borrador de la nueva Constitución marca un antes y un después en la historia del involucramiento ciudadano de Chile. Por primera vez el órgano constitucional establece una institucionalidad para encauzar la participación de la población y ser parte del proceso. Así, el pueblo, la ciudadanía, pudo plasmar a través de 2.809.751 firmas cuáles son sus deseos para vivir en comunidad, traduciéndose en 77 propuestas constitucionales gracias al mecanismo participativo correspondiente a las iniciativas populares de norma constitucional, que también incluyó 248 iniciativas populares de pueblos originarios.

No solo firmamos, también pudimos encontrarnos. La ciudadanía se reunió cara a cara para hablar sobre las nuevas reglas que quieren para tejer un nuevo país. En la Plataforma Digital de la Convención Constitucional se registran 327 encuentros, realizados en 14 regiones del país y en territorio extranjero (10), convocando a más de cuatro mil personas, mediante Encuentros autoconvocados y Cabildos comunales. Éstos no solo fueron realizados en este periodo, porque también se dio la oportunidad de reconocer las instancias que partieron desde octubre de 2019, cuando apareció la fuerza para ir contra el malestar, para que pasara algo, no sabíamos bien qué, pero algo.

Entre estos 327 espacios de encuentro, 34 fueron diálogos de grupos específicos, grupos históricamente excluidos que pudieron manifestar también su deseo de ser vistos y reconocidos con sus distinciones, para ser parte de ese nuevo conjunto que se escribe, de ese nuevo nosotros. Así, personas mayores, en situación de discapacidad, migrantes, diversidades sexogenéricas, niños, niñas y adolescentes, pudieron decir lo que necesitan para vivir de mejor manera en el territorio que nacieron o que escogieron.

En todo proceso de esta envergadura nos enfrentamos a dificultades e incertidumbres. No ha sido fácil, pero el camino recorrido en este pequeño recoveco que tiene posibilidad de ser el gran recoveco que cambió nuestra historia, todavía porta la esperanza de que el futuro puede ser dictado por ese ambicioso “Nosotros, el pueblo de Chile”.

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