Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

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Opinión

Como la túnica de Dionisio


En tiempos de desastres naturales se escucha con frecuencia el llamado de las autoridades a prevenir, y el grado de peligro de una situación se determina decretando alertas de distintos colores: amarilla, naranja y roja. La lectora Fresia González Fuica, profesora ya jubilada, escribe que leyó en La Tercera un reportaje con el el siguiente título: “En naranjo: vivir junto al Nevados de Chillán”.

Ella dice que “el naranjo es un árbol frutal y no un color, y señala que la propia autora del texto periodístico emplea más adelante, en forma correcta, ‘(…) una alerta naranja decretada por el Servicio Nacional de Geología y Minería, ante el peligro de explosiones volcánicas en el interior de Ñuble (…)’. Si el color de dicha alerta es naranja, ¿por qué usar ‘naranjo’ en el título?”.

Cierto, el color de la alarma es naranja. Hay varios colores que se denominan por su similitud con ciertas cosas, como “el plata”, “el rosa” o “el naranja”. Estos colores, que derivan de sustantivos, conservan el singular aunque acompañen a un sustantivo en plural. Así, por ejemplo, “las sábanas naranja”.

En septiembre de 2015, cuando el complejo volcánico Nevados de Chillán inició su actividad preeruptiva, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) decretó una “alerta naranja”. Un reporte explicaba que “se recomienda considerar la zona susceptible de ser afectada por procesos volcánicos (…)”. Una “alarma naranja” indica que hay variaciones significativas en el desarrollo de estos procesos con un probable incremento de la actividad volcánica respecto al nivel inferior, que es la “alerta amarilla”. En el nivel superior, la “alarma roja” se emite cuando la erupción volcánica es inminente o cuando ésta ya se encuentra en curso.

En la antigua Grecia, uno de los dioses más populares de la mitología clásica era Dionisio (el dios Baco, señor del vino, entre los romanos), que era representado con una túnica de color naranja; lo mismo que sus sacerdotisas, que presidían los sacrificios. De allí, tal vez, que el naranja sea también el color de la fertilidad y del éxtasis.

Estamos en línea…
La lectora Martita Gormaz, de Linares, escribe que “La Tercera incurre nuevamente en el error de usar el anglicismo ‘online’, aunque existen varios términos en español que expresan lo mismo y muy bien. El título de un artículo publicado el pasado 6 de junio dice ‘En septiembre operaría seguimiento online de pacientes Auge’. También en el texto se usa varias veces ‘online’. ¿Suena más culto?”.

En español podemos usar conectado, digital, electrónico, en internet o en línea, según el contexto, pero “online” se ha ido imponiendo en nuestro lenguaje hablado y escrito y, también en los medios. Significa estar conectado a una red de datos o indica que algo está disponible en internet. El uso constante no es solo una expresión local, sino panhispánica: incluso diarios españoles -que circulan en el entorno mismo de la Academia de la Lengua- usan el anglicismo con frecuencia.

La fundación del Español Urgente, solo señala que “cuando se prefiera mantener las formas inglesas ‘online’ y ‘offline’, éstas deben escribirse en cursiva, o entrecomilladas”. Todo indica que ya es tarde para suprimirlas.

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