Rafael Rincón-Urdaneta Zerpa

Rafael Rincón-Urdaneta Zerpa

Director de Estrategia de FPP

Opinión

El miedo en la era digital


Kris «Tanto» Paronto es un ex Ranger estadounidense y ex contratista de la CIA. Formó parte del equipo de seguridad anexo durante el ataque terrorista de la noche del 11 de septiembre de 2012 contra el embajador de los EE.UU. en Libia, J. Christopher Stevens, y el recinto de la CIA. La película 13 Hours: The secret soldiers of Benghazi, donde Paronto es interpretado por Pablo Schreiber, recrea el duro episodio.

En su libro The Ranger Way, Paronto escribe:

«El miedo es poderoso. Perdemos el tiempo cuando tratamos de evitarlo, pues es una emoción humana universal y cada uno de nosotros lo experimentará. Es mejor aprender a reconocerlo y entenderlo cuando lo sentimos, y descubrir cómo hacerlo amigo. La adrenalina que recibimos del miedo es un instinto de supervivencia. El miedo puede ser una advertencia de que algo anda mal. Puede ser el reconocimiento preciso de una situación de riesgo, y convertirse en un obstáculo paralizante si no se maneja adecuadamente (…) Con confianza, el miedo incluso puede usarse como combustible».
Recordé este extracto cuando asistí al VI Summit de País Digital esta semana y escuché a varios de los expositores, entre ellos al Presidente Sebastián Piñera.

¿Había miedo? No me cabe duda. En cada presentación hubo alertas y llamados a actuar frente a la disrupción digital. Los conferencistas advirtieron, explícita o implícitamente, sobre los efectos esperados de la automatización, lo que ocurrirá a quienes no asuman la transformación digital de sus negocios, las consecuencias para quienes no se preparen y el costo de no subsanar deficiencias en la infraestructura. No se habrían referido a estos temas como lo hicieron de no tener temores al respecto, o de no percibirlos en sus entornos ¿Es esto malo? En lo absoluto, pues cada uno expuso sus ideas y posibles soluciones con espíritu de optimismo, no del tipo irracional que niega los peligros, sino del que propone plantarse con decisión e inteligencia en el escenario.

Un caso interesante fue el del propio presidente. Ilustró cómo ha caído la vida media delas empresas S&P500, de 60 años en la década de los cincuenta a solo 20 hoy (Credit Suisse 2017). Y cómo 15% de la fuerza laboral mundial podría ser desplazada para 2030 (McKinsey, 2017). Seguidamente, desplegó una diapositiva con el título «Chile no está ajeno a estas tendencias»; tenemos una tasa de empleos con riesgo de automatización de 55%, mayor a la mediana de OCDE que es 48%, y los primeros síntomas podrían estar apareciendo en el sector comercio. Temores.

El discurso presidencial, sin embargo, no tomó la vía del diputado Giorgio Jackson enTwitter hace semanas atrás, donde se preguntaba qué pasará con la legitimidad del«modelo», sino que fue directamente a los desafíos y las oportunidades. Apareció una imagen con el texto «Hace 100 años casi logramos el desarrollo, pero una tecnología —el salitre sintético— nos dejó fuera. Para que esto no vuelva a suceder, vamos a ser protagonistas y nos subiremos al carro del desarrollo tecnológico». Así, la apuesta del gobierno es explotar las ventajas, al menos en teoría. Para embarcarse en este vehículo en marcha propone un Estado digital para los ciudadanos; infraestructura digital para el siglo XXI; regulación moderna para la revolución tecnológica y educación para el mundo digital. Un plan de acción.

Una de las cosas que aprenden los Parontos de este mundo es que ante una situación crítica —y de miedo— hay tres posibles respuestas: freeze, flight or fight (paralizarse, escapar o luchar). En estos tiempos de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, de donde no es posible escapar ni vale congelarse de pánico, queda solo afrontar los retos. La fuerza tecnológica es imparable y el estrés disruptivo es y será la normalidad. El conocimiento, la información, las competencias y la conciencia de la situación (situational awareness) ayudan enormemente porque dan confianza, pero es importante además tener la actitud, no de coraje fílmico y menos de voluntarismo irracional, sino de creatividad, iniciativa, originalidad, resiliencia… un estado mental a la altura. El gran desafío cultural del liderazgo en el gobierno, la empresa, la sociedad civil, los medios o la academia estará en la propia narrativa del progreso y en el carácter. Y en cómo transformar el miedo en fuerza creadora… en combustible.

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