Opinión

Propósitos post 18

El Presidente Kast siguió un guion esperable en sus intervenciones en las múltiples ceremonias, tedeum, cadenas digitales y ritos habituales de Fiestas Patrias: apeló a la unidad del país, a “superar los momentos duros juntos” y a “valorar a Chile como la casa y patria común de todos más allá de las discrepancias”. Sin embargo, en medio de un escenario de crisis laboral y expectativas persistentemente alicaídas, ¿calaron sus palabras en la ciudadanía? Poco. Si bien la mayoría adhirió a sus alusiones a la unidad, no hubo cambios sustantivos en el sombrío clima de opinión (Cadem).

Es de perogrullo, pero se olvida: los relatos solo funcionan cuando son creíbles. Los chilenos continúan con una mirada magra sobre el futuro asentada tanto en la incertidumbre económica actual como en expectativas frustradas que fueron sembradas en la campaña electoral que llevó a Kast a ser Presidente. Se creyó que el rezago de la economía se revertiría rápidamente, y más bien ocurrió lo contrario. Es difícil volver a confiar.

Aun así, una narrativa puede ser útil para encauzar miedos en momentos complejos e inyectar esperanza solo si es construida desde un propósito compartido. Esto corre tanto a nivel personal como social: la evidencia ha demostrado que formular propósitos aporta al bienestar, ordena acciones cotidianas, otorga marcos de sentido en tiempos difíciles y potencia la resiliencia. Al respecto, un estudio de LEAS y la Escuela de Psicología de la UAI da cuenta que los chilenos creen en la relevancia de construir metas junto a otros, pero -así como son capaces de proyectarlas con sus familias, vecinos y compañeros de trabajo- les resulta difícil hacer lo mismo con el país: el 70% cree que “actualmente, en Chile existen más divisiones que propósitos compartidos”. Con la misma contundencia, se ve la necesidad de generar propósitos comunes para unir a la ciudadanía; pero solo la mitad confía que se pueda lograr.

En la base del persistente pesimismo actual, está así la desazón ciudadana de ver un país crecientemente fragmentado y polarizado (LEAS-UAI, 2026), y a una élite política -de uno y otro lado-, incapaz de lograr acuerdos sobre lo sustantivo en tiempos oportunos.

Tras el 18 de septiembre, muchos suelen hacer una lista de propósitos. Ojalá que la de esta administración incluya no solo “llamar” a la unidad del país en ceremonias, sino poner su plena voluntad y prioridad para “construir” más propósitos comunes en el día a día. No es “buenismo”, es sostenibilidad política. Eso requiere dejar tácticas y estrategias utilizadas en estos seis meses de rodaje como gobierno: no aspirar a aprobar leyes solo por un voto, sino que cimentar mayorías; no “pasar el tejo” con propuestas constitucionales que desenfocan y alimentan conflictos; no “ningunear” el pasado, sino entender que desde ahí y sus diferencias se construye lo común; y no solo invitar a algunos, sino a un arco más diverso de actores sociales para resolver la crisis del desempleo.

Por Magdalena Browne, Decana de Comunicaciones y Periodismo

Universidad Adolfo Ibáñez

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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