Editorial

Frustrada candidatura de Bachelet a la ONU

Más allá de los méritos personales de la exmandataria, fue evidente que su candidatura no logró despertar ni el consenso interno ni tampoco un masivo respaldo internacional, a lo que se suman errores propios en el manejo de su candidatura.

SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Fue sin duda un acto de realismo que la expresidenta Michelle Bachelet decidiera bajar su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas, luego de que en un tercer sondeo informal a nivel del Consejo de Seguridad apenas obtuviera un “aliento”, once “desalientos” y tres abstenciones, quedando penúltima, a lo que se suma que en las dos mediciones anteriores también obtuvo una muy baja votación.

La decisión de Bachelet ha reabierto las críticas de la oposición hacia el Presidente José Antonio Kast, a quien responsabilizan directamente de este mal resultado, señalando que el hecho de que su gobierno haya retirado el patrocinio a su candidatura en marzo pasado fue decisivo para frustrar las posibilidades de la exmandataria, a pesar de que en paralelo era también la candidata oficial de Brasil y México.

No cabe duda de que la expresidenta Bachelet tenía las competencias suficientes para detentar este cargo, y si bien el Presidente Kast fundamentó su decisión en sus bajas posibilidades de éxito -ante la dispersión de candidatos en la región y las “diferencias con actores relevantes que definen este proceso”-, no se advierte qué costo habría tenido para su gobierno mantener el respaldo, considerando que él no había participado en la gestación de esta candidatura. En tal sentido, y más allá de que Kast hizo uso de sus legítimas atribuciones, fue sin duda un acto de cierta mezquindad retirar el apoyo, atendida la trayectoria de la exmandataria. Con todo, resulta enteramente abusivo suponer que por ese solo acto se frustró la candidatura de Bachelet, en circunstancias que las razones de este naufragio hay que buscarlas sobre todo en el mal manejo interno de su propia candidatura, así como un cambio en el contexto internacional, particularmente por el nulo apoyo por parte del gobierno de Estados Unidos hacia su postulación -no faltando las versiones que incluso sugieren que hubo un veto implícito por parte de Washington-, y por el hecho de que su nombre tampoco logró aunar a la región.

Desde luego, los sectores de oposición pasan por alto la equivocada forma en que el expresidente Boric manejó la postulación de Bachelet. Como se recordará, este anunció en septiembre del año pasado que el gobierno de Chile postularía oficialmente a la expresidenta, y cuando Kast ya era Presidente electo, Boric inscribió la candidatura con el sorpresivo respaldo de Brasil y México, lo que fue leído como una suerte de acorralamiento hacia las nuevas autoridades. Era evidente que con este comienzo tan poco unitario se echaba por tierra la posibilidad de una “candidatura de Estado”, como debió haber sido desde un comienzo, alejando las posibilidades de éxito.

También fueron evidentes los errores cometidos por el equipo más cercano de Bachelet, tal como documentó un reportaje de este diario. Así, los análisis que hacía la exembajadora de Chile ante la ONU, Paula Narváez -quien además fue una activa promotora de su postulación- no solo sobreestimaron el ambiente que había en el mundo diplomático más progresista dentro de la Asamblea General, sino que tampoco hubo una lectura más fina de lo que pensaban los integrantes del Consejo de Seguridad. A ello se suma el error que implicó no haber hecho gestiones más activas con la oposición de entonces para ir generando un clima de apoyo transversal, entre otros desaciertos que van mucho más allá de las decisiones que haya tomado el Presidente Kast.

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