Opinión

¿Qué es esto del centro?

En política, hoy, es algo así como la cuadratura del círculo. Más que desfondarse, el que se conocía como tal dejó de serlo décadas atrás. En la elección del 70 nadie en serio le creyó a la DC que fuese una tercera vía; los tres años de la UP con tantos ex-DC en el gobierno lo confirmaron. Los radicales de Aguirre Cerda han terminado siendo cualquier cosa; el 52 Ibáñez resucitó y los barrió. Bajo dictadura no se conoció centro alguno: se estaba a favor o en contra de los militares. Los 30 años que siguieron se han tenido como “moderados”. Pero, vamos, ni siquiera la Concertación se creyó esa chiva: solía alegar que estaba frenada por fácticos. Después de que colapsara, el cuento aquel ha cundido sospechosamente entre derechistas; el grueso de la centroizquierda, en cambio, se encaprichó con una Bachelet para nada templada.

Consensualismo y cuoteos, que caracterizaron a los “30 años”, no son lo mismo que moderación; se parecen más a cohabitación, a acuerdos por debajo de la mesa nunca aclarados, aprovechados al máximo. Los partidarios de los gobiernos de Aylwin al de Lagos nunca dejaron de quejarse en cada elección de que la Constitución de Guzmán y el modelo neoliberal seguían vigentes, y vaya que les sirvió el punto para que los reeligieran, aun cuando a la hora de gobernar se sintieron perfectamente cómodos. Lo que es durante los 16 años de alternancia capicúa entre Bachelet y Piñera —la solución colombiana— el cuoteo se extendió a la Presidencia de la República. Con la diferencia de que en Colombia entre el 58 y 74 se turnaban dos partidos, no dos siameses como en Chile, ella incluso arrancándose con los tarros.

Nuestra “centroderecha”—que a extranjeros les choca que se autodenomine así porque RN y la UDI no reniegan de su pasado dictatorial— se ha sentido tranquila durante el transcurso de este desastroso gobierno del FA. Cada vez que se han sumado “socialistas democráticos” (Tohá, Elizalde, Delpiano, Uriarte) la derecha ha suspirado aliviada. Si hasta se han tenido por “centristas” Marcel y Jara. Aunque al primero, Boric lo canjeó por Nicolás Grau como si nada, y Jara viene creyéndose socialdemócrata desde que a la derecha no le importó que fuera comunista. El supuesto centro —el concertacionismo con la derecha— casi siempre ha significado pragmatismo, lo que solo lleva a que estas fuerzas se corrompan y desgasten en sus cargos.

Kissinger acierta cuando señala: “La moderación es una virtud solo en aquellos que se cree que tienen una alternativa”. Es decir, no exageremos. Lo que no entienden los histéricos en contra de Kast es que hoy el voto es básicamente “en contra de”. Todo lo que huela a aprovechamiento de circunstancias pasadas está en la mira. Está por verse, por tanto, si a Kast le creerán el bluff y luego se sacará la máscara de centrista en La Moneda.

Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

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