Renuncia de Patricio Fernández
SEÑOR DIRECTOR:
Uno, por ejemplo, podrá discutir o intercambiar opiniones acerca de las causas directas o indirectas, principales o secundarias del quiebre democrático que llevaron al Golpe; asignarle un peso específico a la campaña orquestada por EE.UU. y la derecha chilena de impedir un gobierno socialista, o al contexto de Guerra Fría que vivíamos en el mundo con la seguidilla de dictaduras militares en Latinoamérica, al que algunos le asignan mucha o relativa importancia.
Otros, en cambio, todo sin justificar el Golpe, pueden entender que la crisis se venía modelando desde los años 50, básicamente por condiciones políticas internas del país, o las responsabilidades propias de quienes se opusieron a la Unidad Popular con el intento de desestabilizar el país e incluso las propias de los sectores de gobierno que tenían distintas percepciones de la velocidad, profundidad y forma de hacer los cambios.
En fin, podríamos encontrar muchas explicaciones, las que pueden ser diferentes de acuerdo al cristal con que se mire.
Aceptar esas diferencias o matices respecto de qué causa fue la más importante es lo que se puede conversar y discutir; de hecho, me parece que es un ejercicio histórico deseable, y ese ejercicio democrático está muy lejos de intentar justificar el Golpe por una o varias o todas las causas antes descritas y más. Suponer que la invitación a ese ejercicio o que constatar que existen diferencias respecto a las causales sea avalar las graves violaciones a los DD.HH., es ir demasiado lejos.
Rodrigo Reyes Sangermani
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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