Resiliencia democrática: lecciones desde Hungría
La victoria de Péter Magyar y su movimiento Tisza podrían marcar un punto de inflexión en Hungría. Tras 16 años de poder concentrado bajo el ultraconservador Viktor Orbán, el resultado abre una oportunidad de cambio estructural. Pero el entusiasmo inicial convive con una realidad más compleja: la magnitud del deterioro institucional y económico obliga a la cautela.
Más allá de su impacto doméstico y del reordenamiento que anticipa en Europa, el caso húngaro confirma una premisa central del informe 2024 del Estado Global de la Democracia de IDEA Internacional: las elecciones siguen siendo un mecanismo eficaz de control ciudadano. La alta participación y la derrota oficialista reflejan una tendencia más amplia del reciente “superciclo electoral”, donde gobiernos incumbentes han perdido poder en contextos altamente competitivos. Hungría pasa a ser una pieza clave de la evidencia comparada al demostrar que incluso bajo condiciones desiguales, los votantes pueden castigar la corrupción, el estancamiento económico y el abuso de poder. Todavía contamos con salidas para caminos que parecerían irreversibles desde una óptica pesimista.
Sin embargo, la alternancia no garantiza democratización. La pregunta crítica es si el nuevo gobierno podrá y querrá revertir más de una década de erosión institucional. La concentración de poder, el debilitamiento judicial y la captura mediática no se deshacen automáticamente con una elección. Por el contrario, como advierte el reciente estudio “El mito de la resiliencia democrática” publicado en el Journal of Democracy por Bianchi, Cheeseman y Cyr (2025), los llamados “giros en U” suelen ser frágiles y reversibles.
La evidencia de esta investigación, basada en más de 20 países, identifica tres obstáculos persistentes. Primero, los legados autoritarios: redes, normas y estructuras que sobreviven al cambio de gobierno. Segundo, coaliciones opositoras que acceden al poder, a veces sin un compromiso real con reformas profundas. Tercero, un entorno internacional menos propicio para la presión democrática y más tolerante con modelos iliberales. En conjunto, estos factores explican por qué desmantelar un régimen que evidencia una clara erosión suele ser mucho más difícil que construirlo.
El desafío para Magyar no es solo gobernar, sino autolimitarse. Con una mayoría legislativa amplia, la tentación de replicar prácticas autoritarias está latente. La verdadera prueba será su capacidad para restaurar la independencia judicial, garantizar el pluralismo mediático y reconstruir contrapesos efectivos.
Hungría ofrece así una lección incómoda pero valiosa. Las elecciones pueden abrir la puerta al cambio, pero no lo consolidan por sí solas. La recuperación democrática exige reformas sostenidas, acuerdos amplios y vigilancia institucional. Confundir la alternancia con una solución definitiva sería un error y siempre más vale prevenir que lamentar.
Por Alejandra Sepúlveda P., Gta. Proyecto Integridad electoral y Género
(RLAC)-IDEA Internacional
Lo último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE