¿Revisar tratados de libre comercio?



Por Manuel Agosin, académico FEN U. de Chile

El candidato Gabriel Boric y su comando han dicho reiteradamente que, de ganar Boric la Presidencia, entrarían a revisar los tratados de libre comercio. Con cada día que pasa, la posición en un comienzo agresivamente contraria a los acuerdos de libre comercio se ha comenzado a suavizar. Ahora se habla de sentarse a conversar. Parece que lo que les preocupa son los requisitos de desempeño hacia la inversión extranjera directa, usualmente incluida en los acuerdos de libre comercio de última generación.

Sí, nos podemos sentar a conversar. Pero debemos tener presente que las negociaciones en casi todos los casos no son entre iguales. No creo que Estados Unidos o China quieran hacerle cambios al tratado de libre comercio que tienen con Chile como un gran favor al nuevo Presidente de Chile. Como se dice en buen chileno, deberíamos “darnos con una piedra en el pecho” que estos países se hayan interesado en firmar un acuerdo donde Chile tenía, y continúa teniendo, mucho más que ganar que ellos. Los tratados con China y con Japón nos han dado la posibilidad de exportar a esos países bienes que antes estaban vedados de sus mercados (léase, la fruta). Tener un mercado como el de Estados Unidos abierto a productos chilenos es un gran logro de nuestra diplomacia económica.

En lo que se refiere a los requisitos de desempeño para los inversionistas extranjeros, es importante tener presente que ellos están expresamente prohibidos no solo en los acuerdos de libre comercio sino también en la normativa de la Organización Mundial de Comercio (OMC). ¿Pretende Boric y su equipo “sentarse a conversar” con todos los países de la OMC? ¿El futuro Presidente Boric tomaría la medida más extrema de sacar a Chile de la OMC para tener la libertad de imponerle requisitos de desempeño a los inversionistas extranjeros que ya, de todos modos, habrían perdido su interés de invertir en Chile? Todos los acuerdos de asociación comercial y financiera tienen ventajas y desventajas, nos hacen concesiones y nos imponen obligaciones. En la raya para la suma, los acuerdos han sido positivos: nos han abierto mercados que antes estaban cerrados, pero también nos han impuesto obligaciones. Si no queremos las obligaciones, deberemos renunciar a los beneficios. No creo que ello sea un buen negocio.

Estas discusiones tienen un dejo añejo. Hoy estamos en otro mundo. Se nos está abriendo el potencial del hidrógeno verde, que no podremos explotar sin el concurso de la inversión extranjera directa. ¿Le vamos a pedir a las empresas en este rubro que cumplan con “requisitos de desempeño”? No me parece una buena idea. Lo más probable es que, a medida que esa nueva industria crezca, un tamaño de mercado más grande hará viable muchas nuevas industrias produciendo insumos para el hidrógeno verde, sin ningún “requisito de desempeño”.

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