Un Banco Central empoderado

Foto:JUAN FARIAS / AGENCIAUNO



Por Macarena García, economista senior Libertad y Desarrollo

La inflación en Chile alcanzó niveles históricamente altos en mayo (11,5% anual), solo comparables con los registros de principios de los 90, cuando el Banco Central estaba recién implementando un esquema parcial de metas de inflación, para llevarla desde niveles en torno al 20% anual, a valores bajos y estables. A futuro, la autoridad monetaria espera que la inflación continúe aumentando, hasta ubicarse en un máximo cercano al 13% anual en el tercer trimestre del 2022, para posteriormente descender hasta niveles cercanos al 3% en la segunda mitad del 2023.

Lo sorpresivo y persistente de este fenómeno ha gatillado una respuesta agresiva por parte del Banco, elevando la TPM desde su mínimo de 0,5% en junio del 2021 a 9% en junio del 2022, con el objeto de llevar la inflación a la meta de 3% en el horizonte de dos años. Hacia adelante, vendrían nuevos aumentos de la TPM, pero que debieran ser de menor magnitud que los ya registrados, ubicándola en torno al 10%.

En esta situación queda en evidencia la importancia que tiene la inflación baja y estable en el bienestar de la población, principal aporte del Banco Central.

Una inflación baja permite cuidar el poder adquisitivo de los ingresos de las personas en el tiempo. Por ejemplo, aun cuando los salarios experimentan reajustes más elevados en períodos de mayor inflación, estos reajustes no alcanzan a compensar la pérdida de poder adquisitivo generada por el incremento de los precios de los bienes y servicios que se consumen, lo que se traduce en una menor capacidad de compra de las personas. Adicionalmente, aquellas personas que no cuentan con acceso al mercado de capitales tienen dificultad para resguardar el poder adquisitivo de sus activos frente a la inflación. Ambas situaciones afectan principalmente a aquellas personas de menores recursos, impactando negativamente la distribución de ingresos e incrementando la desigualdad.

Parte de la discusión pública está centrada en establecer cuánto de la inflación se explica por elementos internos y cuánto por externos; sin embargo, lo realmente relevante es determinar cuán ancladas están las expectativas de los distintos agentes a la meta del 3% a mediano plazo. Los datos muestran que el elevado y persistente nivel de inflación podrían estar alejando (desanclando) las expectativas inflacionarias a mediano plazo de la meta. El anclaje de las expectativas de mediano plazo es el elemento central para el control efectivo de la inflación ya que evita que la elevada inflación actual se propague hacia adelante, al incorporarla en los reajustes futuros de los distintos precios que pacten los agentes. Una política monetaria oportuna, decidida y empoderada, ayuda a la credibilidad de la meta de inflación a mediano plazo y, por tanto, su control.

En este contexto, no se podrá controlar la inflación si el Banco Central no toma acciones de política monetaria para asegurar que la expectativa de inflación a dos años se acerque a la meta, independiente de la causa de esta.

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