Vengo a decirles que me quedo
“Vengo a decirles que me voy”, dice el titular de la edición de diciembre pasado de la revista D (otro medio que hace patria en esto del necesario periodismo impreso). Se trata de una entrevista al incombustible Pablo Longueira: “Me voy a hacer patria a Campo de Hielo Sur”, anunciaba.
El plan duró poco. Fiel a su estilo mesiánico, no sólo optó por quedarse en la capital, sino también retornar a la primera línea de la política, como futuro secretario general de la UDI. Y aunque las elecciones son en enero, Longueira ya elabora y distribuye documentos con su plan de acción.
Su propuesta se resume en tres elementos: 1) El éxito del gobierno se mide en su continuidad (o sea, ganando las próximas presidenciales). 2) Para eso debe conformar una gran coalición de centroderecha. 3) La base de la coalición es el 62% del “rechazo”.
Un buen argumento para un provocativo relato, pero no necesariamente ajustado a la realidad. Suponer que esos 7,8 millones de personas simpatizan con la derecha implica desconocer que incluso en la centroizquierda había un margen de disconformes con el texto constitucional, y ni hablar de la base de votantes que hoy sintonizan con Parisi y su Partido de la Gente.
Pero no hagamos que la realidad destruya un buen relato, y ahí está Longueira transmitiendo un mensaje que incomoda a los republicanos, porque la derecha desborda hacia la derecha (lo demostró la UDI al escindirse de RN, y los republicanos al separarse de la UDI, y los libertarios al excluirse del PR) y cualquier guiño de ellos hacia la moderación significa un riesgo frente al apetito de Kaiser.
La pelea de los DJ. Por eso no es anecdótico esto de quién pone la música al gobierno. Kaiser lo dice con un par de proyectos en mano que tensionan el debate, pero agradan a su público, como son el indulto a los uniformados y el proyecto “Escucha su corazón”. Parisi le sigue el juego y sube videos a sus redes donde aparece al frente de una tornamesa haciendo bailar al público en plena Plaza de la Ciudadanía.
Parisi sabe que con un resultado levemente mejor de Kaiser habría pasado a segunda vuelta en lugar de Kast, así que lo suyo es avivarle la cueca, lo mismo que a Longueira (sobre quien siempre tiene palabras de admiración cada vez que le preguntan). Todo ayuda en la tarea de enredar el panorama a los republicanos, quienes deben optar por conformar una coalición con sus aliados de la derecha para las próximas elecciones municipales y de gobernadores o seguir fieles al camino propio que modeló el propio Presidente Kast.
Lo interesante es que Longueira ve a la UDI como el “articulador” de este nuevo conglomerado que abarcaría desde libertarios hasta demócratas (quién diría que la UDI por el “Sí” de 1988 podría, casi cuatro décadas después, plantearse en el “centro geográfico del nuevo mapa político”, como afirma el exsenador). Contar con Demócratas (no incluyamos a Amarillos, porque, en la práctica, no existen) suena atractivo, pero responde a una lógica del pasado, donde el andamiaje político que rodea a figuras como Walker y Rincón era relevante. Pero en tiempos de voto obligatorio, las maquinarias pierden fuerza y ahí tienen a Parisi recorriendo Chile una vez al mes para levantar candidatos que ni usted ni yo conocemos.
En La Moneda no pueden tomar palco, y menos Kast, de quien RN y la UDI esperan que alinee a su partido y retribuya la lealtad que han demostrado con un gobierno que aprendieron a hacer suyo.
Los cerebros del Segundo Piso repiten que su objetivo no es la continuidad, sino la batalla cultural, y ponen sus fichas en la megarreforma y su impulso desarrollador. Pero así como la población juzga los resultados de seguridad en base a la realidad de su barrio, lo del crecimiento depende del empleo y la plata en el bolsillo. Y esa expectativa no está fácil de cumplir. El desempleo ronda el 10%, la mitad de los asalariados chilenos gana menos de $ 680 mil y los empresarios no parecieran estar atendiendo el llamado de Kast a ser patriotas y evitar los despidos.
A partir de septiembre vuelve la discusión presupuestaria y Quiroz tendrá que “cuadrar el círculo” con un proyecto que impulse la actividad, responda a los requerimientos de alcaldes y gobernadores aspirantes a la reelección y que, al mismo tiempo, restrinja el gasto (según JP Morgan se requieren ajustes adicionales equivalentes, en promedio, a cerca de 0,7% del PIB anual entre 2027 y 2030).
El presidente capitalizó la emergencia de los temporales, pero la prueba más dura vendrá con la reconstrucción y una capacidad de respuesta que, nuevamente, tensionará las arcas fiscales. En particular, considerando que Poduje posicionó la crítica a la reconstrucción de Boric como uno de los ejes de la campaña.
Percepción de inseguridad en el barrio, sumado a poca pega y lenta reconstrucción pueden constituir un mal cóctel para el objetivo de capturar el 62% y seguir filtrando votos hacia los extremos… o a Parisi.
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