Violencia de género y nueva Constitución

Temáticas de la Constitución de la Republica de Chile




La prohibición de los apremios ilegítimos, del terrorismo y de la esclavitud son aspectos protagónicos en la actual Constitución. Esto es así porque son contrarios a la dignidad y a los derechos humanos; y su categórica proscripción busca recoger ciertos mínimos de una convivencia civilizada. Sin embargo, el rechazo a la violencia de género no ha seguido el mismo derrotero constitucional, a pesar de que constituye una conducta que afecta la dignidad de las mujeres, sus derechos y es causa y consecuencia de su discriminación.

El reciente asesinato de la carabinera Norma Vásquez, nos recuerda que la violencia de género afecta a todas las mujeres sin distinción alguna; y que se manifiesta de múltiples formas, como violencia física, sexual, psicológica, simbólica, económica, laboral, política, etc. Chile ha avanzado asumiendo obligaciones a nivel internacional y legal para prevenirla y sancionarla en el ámbito público y privado, pero podría progresar decididamente si asume el mismo compromiso a nivel constitucional.

Los derechos de las mujeres han sido reconocidos progresivamente en las constituciones latinoamericanas. Primero, como una referencia a la igualdad formal de hombres y mujeres. Luego, a través de la incorporación, con rango constitucional, de tratados internacionales que reconocen derechos específicos a las mujeres. En un tercer momento, estableciendo expresamente ciertos derechos de las mujeres y deberes del Estado en su promoción y protección. En tal dirección se inscribió la reforma constitucional de 1999, que estatuyó que las personas -no solo los hombres- nacen libres e iguales en dignidad y derechos; y, que hombres y mujeres son iguales ante la ley. Sin embargo, la Constitución vigente no ha transitado las etapas siguientes.

A pesar de que Chile ha ratificado los principales tratados que reconocen derechos a las mujeres, no ha resuelto constitucionalmente el rango que dichos pactos ocupan en el derecho interno, generando inconsistencias en su interpretación y aplicación. Por otro lado, si bien en 2018 el gobierno inició una reforma constitucional para establecer el deber del Estado de promover la igualdad de derechos y dignidad entre mujeres y hombres, evitando toda forma de violencia, abuso o discriminación arbitraria, tal proyecto solo contempló un deber genérico estatal, sin alusión a derechos concretos y casi no avanzó en su tramitación.

El actual proceso constituyente es una oportunidad para establecer la igualdad de género; para plasmar derechos de las mujeres, por ejemplo, el derecho a vivir una vida sin violencia; y para establecer deberes específicos del Estado, más que deberes genéricos u obligaciones programáticas en este ámbito. E incluso para prohibir derechamente la violencia de género en la Constitución, tal como ocurre con aquellas figuras que atentan contra la dignidad y los derechos humanos. Es posible que esta proscripción no elimine por sí misma el lastre social de la violencia, pero sí tornará en inconstitucionales esas conductas.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.

Investigadores crearon un parche que se adhiere a la piel y que está compuesto por una bacteria que produce energía a partir de la evaporación del sudor, pudiendo obtener más de 18 horas de electricidad continua.