Con mi ex marido nos dividimos el cuidado




“Cuando me enteré que iba a ser madre por primera vez, a los 26 años y terminando mi carrera, sabía que la maternidad me traería muchos periodos de incertidumbre. Y siempre tuve algo claro: que si en algún momento me llegaba a separar del padre de mi hija, quería hacerlo en los mejores términos posibles para que no pasara por las cosas que yo pasé.

Soy hija de padres separados desde muy pequeña. Tanto, que no tengo recuerdos de ellos juntos o compartiendo en familia. Se casaron muy jóvenes, sin saber lo que hacían y en otros tiempos bastante más complicados. Su separación siempre fue compleja para mí, no existía comunicación entre ellos, los malos comentarios de uno u otro siempre estaban, las visitas con mi padre eran cada 15 días, solo un fin de semana. Y eso me afectó muchísimo.

Por la misma razón sabía que yo quería una historia diferente, o por lo menos intentarlo, dentro de mis posibilidades. Con el padre de mis hijas con el cual tenemos dos pequeñas maravillosas de 12 y 7 años, duramos casi 15 años de relación, 8 de casados.

Desde el momento en que nos convertimos en padres, ambos sacrificamos muchas cosas. Fue un periodo muy complejo comenzar a convivir juntos, pero siempre sentí que era un trabajo en conjunto. Desde dar la leche, cambiar pañales, los baños, las idas al médico. Todo fue compartido dentro de los tiempos de cada uno.

Cuando escuchaba a mis amigas decir que debían hacer todas las tareas del hogar solas, cuidar a los niños solas, que sus parejas no las “AYUDABAN” en nada, me preguntaba siempre cómo lo hacían, ya que yo con todo el trabajo en conjunto y terminando mi carrera ya sentía que era muy difícil; por lo mismo siempre he admirado a las mujeres que han recorrido este camino solas, sin ayuda, apoyo ni contención.

Con el tiempo llegó mi segunda hija y nuevamente los roles fueron redistribuidos. Y así fueron pasando los años hasta que mi hija menor tenía 5 años y. decidimos separarnos en plena pandemia. Estuvimos viviendo en la misma casa durante un año, sin ser pareja, solo padres y ahí comencé a darme cuenta que su papel de padre era mucho más activo aún ,ahora que estaba teletrabajando.

Cuando llegó el momento de irme tuvimos muchas dudas con respecto al cuidado de las niñas, por lo cual pedimos ayuda a una amiga psicóloga que practicaba el cuidado compartido hace algunos años, con muy buenos resultados. En un comienzo en mi cabeza no existía la idea de poder estar sin ver a mis hijas una semana, o de pensar, egoístamente, que solo necesitarían a su madre (porque eso es lo que nos dice la sociedad, que la madre es todo). Pensamos en todas las opciones de cuidado, hasta que el papá de las niñas me pidió ejercer su paternidad en igualdad de condiciones que mi maternidad. Tenía todo preparado: adecuó su trabajo, iba a contratar a alguien para que lo ayudara y eso me dió la seguridad de que por lo menos organizacionalmente lo haría bien.

Y así comenzamos el camino de la tuición o cuidado compartido, alternando una semana cada uno. El modelo original consta de dos semanas, pero en nuestro caso las niñas extrañarían mucho y decidimos partir así. Durante la semana que están con el padre cuidador, el otro las ve un día de esa semana durante toda la tarde.

Afortunadamente las condiciones se dieron para que todo fluyera. Nuestros trabajos, mi nuevo hogar queda a dos cuadras de la casa del padre de las niñas, sus amiguitas seguirían siendo sus vecinas. Tratamos de que en los posible el cambio de vida para ellas fuera lo más tranquilo e igual a su vida anterior. Cumpleaños y Navidades los pasamos en conjunto, todo en pro de las niñas y para que sepan que pueden contar con ambos siempre, pase lo que pase. Todos acuerdos que tomamos en conjunto, conversando, sin tribunales ni abogados de por medio.

Y así hemos vivido durante un año exactamente en el que nos hemos tenido que adaptar todos a este nuevo estilo de vida. No fue fácil en un comienzo. El extrañar a las niñas fue muy duro, para ellas tampoco fue simple, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando, intentando darles todo el apoyo posible. Personalmente como mujer me permite desarrollar otras áreas como dedicarme 100% al trabajo durante la semana que no están conmigo, y me hace feliz que ellas puedan ser criadas por su padre en igualdad de condiciones.

Hay momentos que han sido muy difíciles, las niñas están en edades complicadas y obviamente ninguna separación es un proceso fácil. Tampoco fue fácil enfrentar las críticas y opiniones de personas que siguen viendo esto como una cosa sin sentido; nuestra sociedad machista sigue pensando que el cuidado de los hijos es solo de la madre, y que esas “pobres” niñas necesitan un hogar “normal”. Pero también está el otro lado de personas que nos apoyan y que implementan sistemas parecidos o mixtos.

Aún no sabemos si es la mejor forma de criar o si lo hicimos bien o no, eso el tiempo nos lo dirá. Pero tenemos la convicción que ambos hemos dado el 100% para que nuestras hijas estén lo mejor posible. Creo que dentro de todo lo que significa la mapaternidad hoy en día es una opción que se debe considerar si ambos padres están aptos, si son responsables y respetuosos con sus hijos, y conversando todo desde el amor hacia ellos dejando nuestro egos y problemas de adultos de lado”.

Valentina (38) es kinesióloga y mamá de 2.

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