El efecto pandemia en las cifras de embarazo adolescente




Yo me ponía la inyección anticonceptiva para prevenir el embarazo, pero hubo un mes en que no fui. En ese tiempo igual tuve relaciones sexuales porque pensé que el efecto duraba más tiempo. Incluso llegué a pensar que después de tanto tiempo cuidándome, me había vuelto infertil. Pero fue justo en ese mes que quedé embarazada”. Este es el testimonio de una adolescente de 17 años y es parte del libro Evidencia a través de la vivencia: Una nueva mirada en Chile sobre embarazo adolescente, lanzado este año por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) y la Dirección de Estudios Sociales del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile (DESUC).

Los principales hallazgos de este estudio determinan que el acceso a métodos anticonceptivos no basta cuando hablamos de las nuevas exigencias de la sexualidad juvenil. Una de las primeras conclusiones es que los embarazos adolescentes en ningún caso son deseados. “La planificación de las gestaciones en esta etapa de la adolescencia y el deseo de las mujeres de niveles socioeconómicos más bajos de encontrar un cambio de estatus social con la maternidad –que es algo que se había planteado en investigaciones anteriores– han pasado a un segundo plano. Según lo narrado por las protagonistas del estudio, en todos los casos el embarazo aparece como no deseado y, en la mayoría de las narraciones, figura como una vivencia inicial, negativa y dolorosa”, explica Conzuelo Rivas, investigadora de la DESUC. De acuerdo con los discursos de las y los protagonistas, este carácter no deseado se vincula al deseo de ser profesional y a las posibilidades reales de acceso a la educación superior que se ofrecen en Chile.

También aparece que el aislamiento y los vínculos relacionales cerrados –vínculos de pareja muy absorbentes y determinados por los celos– son un factor de riesgo, como también lo es la falta de una buena educación sexual. “Si bien ha habido avances, por ejemplo en el conocimiento y uso de métodos anticonceptivos, las vivencias de las y los entrevistados demuestran que ello no es suficiente, ya que existen una serie de mitos y desinformaciones en torno a su uso, como por ejemplo no tomar ordenadamente las píldoras o esperar más tiempo entre las inyecciones”, agrega Rivas.

Todo lo anterior apunta a que la educación sexual está orientada a enseñar lo básico sobre sexualidad y acceso a métodos anticonceptivos, pero se vuelve insuficiente ante las necesidades de acompañamiento y enseñanzas aparejadas a las vivencias de la sexualidad en la juventud.

Aun así, las cifras de embarazo adolescente en el país han disminuido considerablemente los últimos años. Así lo confirma este mismo estudio que muestra que la Tasa Específica de Fecundidad (TEF) adolescente en Chile –que contempla a jóvenes de 15 a 19 años– hasta el 2010, había tenido un comportamiento “resistente a la baja”. Sin embargo, a partir de ese año, este comportamiento comenzó a modificarse mostrando un descenso sostenido. De hecho, del total de nacimientos en el país, los que corresponden a madres adolescentes alcanzaba cerca de un 15% en 2010, cifra que bajó a un 5% en 2018.

Débora Solís, Directora Ejecutiva de Aprofa, explica que “en los últimos diez años bajó casi cuatro puntos porcentuales el porcentaje de embarazos adolescentes, lo que se considera un gran logro, ya que detrás de un embarazo adolescente hay una alta probabilidad de vulneración de derechos”. Añade que en nuestro país, a pesar de estar bastante atrasados en materia de ejercicio de derechos sexuales y reproductivo para las mujeres y niñas, esta cifra se debe a que ha habido, de parte de los gobiernos en el último decenio, acciones específicas como poner a disposición servicios de salud adolescentes en algunos municipios y algunas estrategias como disponer programas de educación sexual, pero que han sido poco estables en el tiempo".

Rivas coincide: “Efectivamente ha habido una mayor cobertura de anticonceptivos en la red pública, y eso hace que las chicas y chicos tengan la posibilidad de acceder a una sexualidad más segura, y también hay algunos programas que tienen en algún grado conexión con la baja en la tasa de embarazo adolescente. Pero también en parte importante tiene que ver con que el proyecto de vida de las adolescentes hoy no se sitúa únicamente en roles más tradicionales como es la maternidad, sino que también buscan acceder a la educación superior, cuestión que hace diez años no se concedía tanto en contextos de mayor vulnerabilidad”.

Y el contexto cultural y social también ha ayudado. “Esta es una temática que se empieza a hablar con mayor soltura en los últimos años, entonces tenemos a adolescentes que se encuentran con más información. Y aunque se trata de una temática llena de tabúes y bien estereotipada, han habido avances”, agrega Débora.

El efecto pandemia

La crisis del Covid vino a agravar sustantivamente el tema de salud en general que no fuese la salud vinculada al virus. Y hay reportes, tanto de la Organización Mundial de la Salud como de otras organizaciones especializadas en salud que así lo refieren. “Esta pandemia azota de distinta manera a las personas y para las mujeres el acceso a información y métodos que les permitan mantener una buena salud sexual y reproductiva, pasó a un segundo nivel en estos meses”, dice Debora Solís. “No se habló durante mucho tiempo sobre planificación familiar, acceso a anticonceptivos, regulación de la fertilidad, etc. Y por el contrario, lo que sí se ha escuchado mucho es el llamado del gobierno a no acceder a los servicios de salud, a protegerse y cuidarse, que está bien y tiene sentido, sin embargo, no se plantean respuestas alternativas para el tema de la salud sexual y reproductiva”, agrega.

Por eso, quienes trabajan en esta área, tienen el temor de que las cifras de embarazo adolescente, que venían a la baja los últimos años, podrían tener un rebrote debido a que el acceso a métodos se ha restringido. La profesional de Aprofa dice que esto no ha sido solo acá. “En el mundo las fábricas de anticonceptivos han cerrado y por tanto estuvimos muchos meses sin poder sacar de la aduana cargamentos de estos productos. Ha habido un desabastecimiento y eso la gente lo sabe y reconoce, lo que no implica que hayan tenido un grado de abstinencia, sino que lo que ha pasado es que han seguido con su vida sexual activa, sin protección”.

“Todos los aspectos que en estos años pueden haber bajado la tasa de embarazo adolescente hoy están en crisis. Cuando planteamos que la cobertura de métodos anticonceptivos era algo ya dado, ahora probablemente no sea así, lo que implica que no solo la educación sexual se hace deficiente, sino que también el acceso a dichos métodos. A eso se le suma que los establecimientos educacionales se están centrando en lo necesario y no en la educación sexual lo que hace que las y los jóvenes estén todo el tiempo con poca información respecto de cómo viven su sexualidad”, agrega Rivas. “Y por otro lado, hay muchas cifras que refieren a los niveles de victimización y violencia contra la mujer que se están viviendo en el confinamiento. Eso puede tener un impacto importante no solo en las cifras de embarazo adolescente, sino que también en cómo viven el embarazo las adolescentes. Lo que sin duda es preocupante”, concluye.

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