Hablemos de las axilas




¿Por qué hablar de axilas es un tema tabú? ¿Por qué algunas mujeres seguimos sin mostrarlas libremente, e incluso muchas se niegan a llamarlas por su nombre, ocupando eufemismos infantiles? Dove y su línea de desodorantes hacen un llamado a levantar los brazos, sin importarnos cómo se ven, dejando atrás los miedos y los complejos que durante tanto tiempo nos han afectado y han evitado que nos movamos y mostremos libremente.

Reunimos a tres mujeres de distintas edades, quienes nos contaron qué significado tiene esta zona del cuerpo en sus vidas.

Yvette Aliaga (47)

“Al ser instructora de Yoga, me corresponde muchas veces mostrar alguna postura para que los practicantes después la ejecuten, por lo que particularmente en verano, cuando uso ropa más ligera, me ocupo un poco más de mis axilas, pues considero que es mostrar una forma de respeto por tu actividad y por los alumnos, atendiendo con naturalidad todos los aspectos de mi cuerpo y tratando que todo en su conjunto sea cuidado, tanto externa como internamente”.

Matilde Bascuñán (19)

“La relación con mi cuerpo siempre fue un tema para mi, el hecho de siempre haber sido muy delgada puede parecer la meta dentro de este mundo patriarcal en donde la hegemonía es lo que predomina, sin embargo desde chica tenía compañeras muy crueles con respecto a esto, lo que me llevó a generar un odio profundo hacia mi misma y mi cuerpo. Todo esto antes de darme cuenta que mi cuerpo es mi casa y el único lugar que puedo llegar a llamar hogar.

Me acuerdo cuando pequeña me daba vergüenza levantar los brazos porque siempre tuve vello corporal, y el haber hecho esta campaña, en relación a las axilas y la comodidad de habitar nuestro hogar, independiente de la depilación, ha sido hermoso, poder sentirse linda, libre, y propia. Los pliegues, las marcas, los pelos, las heridas, lo que ante los ojos de otras personas puede ser simplemente feo, cuando habitan en nuestro cuerpo, es lo que nos hace reconciliar con nosotras mismas”.

Doreny Sepúlveda (25)

“Siempre me acomplejó que mis brazos fueran gordos, y por eso siempre me sentí juzgada. Usaba poleras que los cubrieran un poco más para esconderlos, por ejemplo. Pero cuando me di cuenta de que yo era la única que tenía que sentirse cómoda con mi cuerpo, sentí como que me sacaba un peso de encima, y fue recién ahí que me di cuenta que me gustan mis axilas, depiladas o no, me gusta como se ven, las amo y las cuido”.

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