Insatisfacción corporal, ¿se nace o se hace?




Sentir inseguridades en relación al propio cuerpo puede ser algo que a muchas mujeres las ha acompañado durante toda la vida. Tanto así, que el ser inseguras se podría incluso confundir con un rasgo de personalidad como lo es el ser sociable, alegre o graciosa. Y así como algunas mujeres son amistosas y otras más tímidas, tendemos a creer que existen aquellas que simplemente carecen de confianza natural y solo son capaces de ver las imperfecciones en sí mismas. Sin embargo, según los especialistas, sobre todo cuando se trata de imagen y percepción personal, sentir insatisfacción con el propio cuerpo es algo con lo que no se nace, se hace.

Según un estudio realizado por las investigadoras australianas Marika Tiggemann y Jacinta Lowes las niñas a los 6 años de edad ya han comenzado a desarrollar un deseo por ser delgadas. Además, la misma investigación mostró que, entre los 6 y 8 años, las entrevistadas evaluaban como el cuerpo ideal uno considerablemente más delgado que el propio. Con respecto a las dietas y la noción que tenían sobre ellas, el estudió mostró que, a medida que las participantes avanzaban en edad, también lo hacía el nivel de conciencia y preocupación que tenían en relación a los regímenes alimenticios y a bajar de peso.

María Jesús Godoy, psicóloga especialista en trastornos de la conducta alimentaria que se ha especializado en corporalidad y alimentación, confirma que, según su experiencia clínica, desde muy pequeñas se pueden comenzar a ver los primeros signos o síntomas de insatisfacción corporal. “Creo que cuando se consolida tanto la conciencia corporal, el ser conscientes de qué es tu cuerpo, es decir, que el reflejo que ves en el espejo es tuyo y cuando hay una capacidad un poco más compleja de elaboración de lenguaje, esto ya podría darse”, comenta. Y si bien aclara que particularmente no lo ha visto en niñas tan pequeñas, sí podría ocurrir a los ocho años o con la primera visita a un nutricionista en la que una niña también es más consciente de lo que se habla en la consulta.

Además explica que, a esa edad, los niños y niñas son más conscientes de lo que ven en la televisión. “Creo que ahí empieza la insatisfacción corporal”, aclara. “Piensan que su cuerpo no es el cuerpo de los estereotipos –los que ven en la pantalla– y que hay que cambiarlo”.  Agrega que estos estereotipos se han profundizado y se han vuelto más específicos con el surgimiento y masificación del uso de filtros. “Hay detrás un mensaje que les dice que algo del cuerpo no está bien o que no es deseable, que no es permitido. Eso puede manifestarse después en el malestar de esa niña respecto a su imagen”, comenta.

En el contexto de un mundo cada día más digitalizado pareciera ser que hay poco que hacer para proteger a los niños de esta influencia. Cada vez, desde una edad más temprana, son bombardeados de imágenes editadas y de cuerpos y rostros perfectos. Y si bien existen personajes que se han vuelto más reconocidos en el último tiempo que promueven movimientos como Body Positive —que plantea aceptación del propio cuerpo y amplía la idea de que la belleza puede estar en cualquier tipo de figura, sin importar su forma o tamaño—, o Body Neutrality que busca disminuir la relevancia que le damos a nuestra imagen por sobre otras características, las redes sociales también se están plagadas de hashtags como fitspo, bodygoals o beachbody, que aluden a que cierto tipo de cuerpos, delgados y con poco porcentaje de grasa, son los deseables, y por tanto a lo que niñas y adolescentes debieran aspirar. Según un estudio realizado en 2011 en Estados Unidos, un 50% de las mujeres encuestadas indicó que el ver imágenes en redes las hacía percibir sus propios cuerpos de forma negativa.

Estadísticas como ésta abundan. Pero existen también estudios que muestran que otros factores parecieran tener aún más peso en la ecuación de la imagen y la valoración del propio cuerpo. Y estos factores sí están bajo el control y la influencia del entorno y la familia.

De acuerdo con los resultados obtenidos por Tiggeman y Lowes en su investigación sobre insatisfacción corporal, consciencia de dieta y la influencia parental en niños, múltiples análisis mostraron que, la insatisfacción con el cuerpo podía ser claramente vinculada, e incluso predecida, según la percepción que la madre tuviese de su propio cuerpo.

La socióloga miembro de La Rebelión del Cuerpo, Ana Gabriela Medina explica que, en la percepción de la imagen que un individuo tiene de sí mismo, inciden varios factores. Sin embargo, la socialización primaria en su grupo familiar es fundamental y determinante en la autopercepción de las personas. “Sobre todo en niñas, adolescentes y mujeres, lo que escuchan en sus casas acerca del cómo se luce, sea dirigido o no a ellas, impacta directamente en su autopercepción corporal”, comenta. “No es necesario que su familia hable específicamente del cuerpo de la niña, sino que basta escuchar a sus familiares hablando negativamente de sus propios cuerpos. Ese es ya un mensaje que a las niñas les queda integrado y que permea la visión que éstas tienen del mundo”, explica. A su vez, agrega que, si el grupo familiar le da excesiva importancia a la imagen corporal, es esperable que las niñas crean desde pequeñas que lo más importante o que lo que las define es, precisamente, el cómo se ven. “Es necesario comenzar a cuestionarnos cómo hablamos de nuestro cuerpo y el de los y las demás cuando hay niños, niñas y adolescentes presentes”.

La socióloga agrega que el rol de la madre como principal figura femenina en la infancia y adolescencia de las mujeres es fundamental en todos los aspectos de sus vidas, y esto incluye la conformación de la relación que éstas tienen con sus propios cuerpos. “Si desde pequeñas escuchan que esta figura principal tiene una mala relación con su cuerpo, pasan el día contando calorías o pensando en la faja o crema reafirmante de moda, van a normalizarlo pero, además, y quizás lo más preocupante, van a creer que su valía depende de cómo lucen, de cuántos kilos pesan o de la talla de ropa que usan”, comenta Ana Gabriela.

Según datos recopilados por La Rebelión del Cuerpo, existen un sinfín de problemas asociados a la mala percepción que desarrollan las mujeres de su imagen que van incluso más allá de lo estético. “Creo que lo más problemático es el cómo se posicionan estas mujeres en el mundo y la gran cantidad de cosas que dejan o pueden dejar de hacer o decir porque no se sienten cómodas con cómo lucen”, explica Ana Gabriela Medina. Agrega que, según un estudio realizado en 2017 por dicho colectivo, la principal preocupación de las mujeres que fueron encuestadas era precisamente su apariencia física. Se pudo determinar además que, las mujeres entrevistadas, ocupan cerca de tres horas diarias preocupadas o pensando en cómo se veían. Otra investigación realizada el mismo año por el colectivo mostró que las adolescentes en promedio a los quince años comienzan ya a cuestionarse si levantarse o no de la toalla para caminar en traje de baño cuando van a la piscina o a la playa. Esta discusión mental se repetía en situaciones incluso más trascendentes como decidir hablar o no en clases, usar determinadas prendas de ropa o abrirse a la oportunidad de conocer nuevas personas. Todo esto determinado por la percepción que tenían de su imagen corporal. “Finalmente esta mala relación con el cuerpo termina por afectar de forma transversal todas las aristas de la vida de las mujeres al posicionarse desde un lugar de incomodidad y, en muchas ocasiones, de no querer ser vistas precisamente por cómo creen que lucen”, explica la socióloga.

La psicóloga María Jesús Godoy concluye que si bien el rol que cumple la madre en todo esto es muy importante, no hay que olvidar que son varios los factores que influyen en la percepción que desarrolla una mujer de su propio cuerpo. “El cómo la madre se trata a sí misma, cómo la madre fomenta una relación sana con la imagen es importante. Pero es súper importante no tener un discurso culpabilizador respecto a la influencia que ella puede tener en la relación que tiene la hija con la imagen. Entendiendo que igual estamos en un contexto súper gordofóbico y de cultura de la dieta”, comenta. Y es que cortar de raíz una relación tóxica con un cuerpo que las acompañará toda la vida puede ser una de las mejores herencias que una madre puede dejarle a una hija. “Las niñas imitan mucho a su mamá, siguen a su mamá y si la escuchan hablando mal de su cuerpo es lo que ellas van a aprender”. La especialista explica que una de las formas de abordar una relación sana con el cuerpo es poniendo énfasis en lo que éste nos permite hacer y no solo en el aspecto estético y en el cómo se ve.

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