Auge y caída de Clubhouse, la red social de moda en pandemia

Foto: REUTERS/Dado Ruvic.

La aplicación que impulsó los salones de audio y fue un éxito durante las cuarentenas, ha perdido su brío inicial y pelea por mantenerse vigente. No se sabe si lo logrará, sí que su legado es claro: puso en boga el “audio social”, característica por la que están apostando hoy los gigantes de las redes sociales.


El ascenso de Clubhouse fue de los más meteóricos de Sillicon Valley. Lanzada en marzo del año pasado por Paul Davison y Rohan Seth, poco antes de que se iniciaran las cuarentenas, esta app de “audio social”, donde un anfitrión crea salones de conversación temáticos y el público se une e interactúa —como si fueran podcasts más participativos y en vivo— se convirtió por unos meses en el espacio más exclusivos de la vida digital. También el más deseado: partió siendo una red a la que sólo se podía llegar con invitación (y sólo para iPhone).

La aplicación en sí era —y es aún— simple. Tiene dos características principales, Rooms, donde se ocurren las charlas, y Clubs, que son las comunidades temáticas que agrupan a las salas de conversación. Cualquiera puede iniciar sus propios Rooms o Clubs.

En EE.UU., donde ocurrió su despegue, varios factores la impulsaron. Le ayudaron las horas de encierro de gente que de pronto se vio con tiempo libre y necesidad de conectar con otros de una manera acaso más real que las ofrecidas por las típicas redes sociales. Y desde luego le ayudaron las celebridades e influencers que empezaron a hacer apariciones o hacerse cuenta en la aplicación, nombres tan estelares como Drake, Kevin Hart, Oprah y hasta Elon Musk, el que de tanta demanda por escucharlo, a fines de enero pasado, hizo que la app se saturara. Ocurrió en The Good Time Show, un programa que sólo está en Clubhouse.

Aunque no sólo nombres pop hicieron relevante a la app. Empezaron a congregarse también allí intelectuales, científicos y expertos de todo tipo. Todo esto, en el contexto de charlas en directo que son efímeras, que no dejan registro como los lives de YouTube u otros servicios donde siempre está la opción de ver después. Esa limitante pareció ayudar. Se acrecentó el factor FOMO (Fear of Missing Out) alrededor de Clubhouse, con algunos usuarios llegando a pagarle a otros con tal de ser invitados al servicio.

Mientras, el aspecto empresarial y de negocio de esta disruptiva red social tenía su propia historia. Twitter quiso comprarla ofertando 4 mil millones de dólares. Finalmente, la app fundada por Rohan Seth y Paul Davidson, con 12 millones de dólares como capital inicial, logró levantar con inversionistas la misma jugosa cifra que le ofrecía Twitter.

Elon Musk fue una de las personalidades que ayudó a poner de moda la app. Foto: REUTERS/Joe Skipper.

Peak y descenso

Hacia febrero de 2021, con menos de un año de vida, Clubhouse pareció alcanzar su peak. Fue justo cuando el New York Times publicó un artículo explicando qué es Clubhouse y por qué todos hablan de la app. La nota constató su gran arrastre y a su vez fue criticada por quienes interpretaron que al diario le molestaba que allí se dieran “conversaciones desreguladas”.

Poco después la app inició su declive. Actualmente, según datos citados por Business Insider, el promedio de usuarios diarios de Clubhouse es 80% más bajo que en febrero pasado. Y en el ambiente de internet está la idea de que la red social ya pasó hace rato su minuto de fama. Lo dicen incluso algunos de los que fueron sus más entusiastas participantes promotores, como el comediante norteamericano Tim Dillon, que en mayo tituló un video “Clubhouse se acabó”, alegando que había perdido su gracia inicial. En abril un artículo en Vanity Fair anunciaba que, debido a su caída en números, era el momento de despedirse de la app.

¿Qué explica esta caída estrepitosa? En los análisis se repiten un par de factores. Uno es que simplemente el mundo fue volviendo a la normalidad y la gente tuvo menos tiempo para usarla, explicación plausible pensando en que las charlas y conversaciones suelen ser de largo aliento.

Otro factor es que a medida que la app fue creciendo (ahora ya no requiera invitación y funciona también para Android) no supo hacer una curatoría del contenido. Usuarios y analistas coinciden en que hoy que el servicio ha sido invadido por contenido antivacuna, teorías conspirativas o charlas sobre criptomonedas o NFT de dudosa calidad.

Otra explicación es que algunas de sus características que al inicio eran vistas como una ventaja, como que no quedaran registradas las conversaciones, a la larga tienen sus costos. Al respecto, un inversionista citado por Business Insider afirmó que los creadores han dejado también de usarla porque toma mucho tiempo crear contenido que luego no es fácilmente compartible en otras redes.

La misma app ha acusado recibo de esa última crítica, con actualizaciones recientes que buscan compensarlo. Ahora tiene Clips y Replay, la primera característica, diseñada para destacar partes de una conversación; la segunda, para que quede registro de toda la charla si el anfitrión así lo quiere. Sí, Clubhouse sigue vivo y con toda la inversión que levantó en un comienzo se piensa que tiene asegurado un buen tiempo. Pero se duda si podrá volver a ser relevante. Donde no hay muchas dudas es en la importancia que tiene el “audio social”, formato que antes de ellos simplemente no existía.

Otras apps toman la posta

Similar a cómo pasó con las stories, donde de la noche a la mañana todas las redes sociales las implementaron copiando la idea de Snapchat, ahora los salones de conversación son la características de moda y que todas están lanzando. La primera en sumarse fue la empresa que había manifestado interés más temprano en comprar Clubhouse: Twitter. En mayo pasado lanzó Twitter Spaces. Le siguieron en junio Spotify y Facebook, con Spotify Greenroom y Live Audio Rooms respectivamente. También implementaron salones de conversación Discord, Telegram y Reddit. Y otras, como Linkedin, han anunciado que lo están desarrollando.

Aunque es una prestación casi idéntica en toda la apps, hay ciertas particularidades que vale la pena mencionar. Por ejemplo, en Twitter sus salones de conversación funcionan solo en el móvil y no interfieren demasiado en el uso normal que tiene la app. Si alguna de las personas o temas que uno sigue ha iniciado un salón, la app te lo mostrará en la parte superior. La red del pajarito ya ha logrado que usuarios prominentes crean habitualmente Spaces, aunque también por su gran magnitud ha tenido problemas de control. El Washington Post reportó hace poco que defensores de los Talibanes o grupos racistas estaban congregándose en estos salones y a veces siendo viralizados —por error— por la propia compañía.

El caso de Spotify (cuyo ingreso a esta arena no es extraño pues tiempo atrás se metió de lleno al mundo de los podcast) es especial porque requiere la instalación de una segunda app: Spotify Greenroom. La empresa de streaming de música ha puesto el foco en cosas como el mundo de los deportes, fomentando charlas para comentar un evento con otros fans. A veces en vivo, a veces después de que termina. Eso lo hacen, por ejemplo, con la red de podcast deportivos The Ringer, que compraron tiempo atrás.

Si los salones de audio llegaron para quedarse, no hay cómo saberlo. El mismo auge y súbito declive de Clubhouse muestra lo impredecible que es el mundo digital. Pero de que están de moda, lo están.

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