Política

El tránsito de Trinidad Steinert tras dejar La Moneda

La exministra de Seguridad tiene sobre la mesa la oferta de asumir un cargo en el exterior, la exvocera Mara Sedini, en cambio, descartó -al menos por ahora- reincorporarse al Ejecutivo.

Dedvi Missene

Han pasado casi dos meses desde el cambio de gabinete del 19 de mayo que marcó la primera gran reestructuración del gobierno del Presidente José Antonio Kast. Ese día, dos de las apuestas que habían acompañado al mandatario desde el inicio de su administración dejaron el gabinete: la entonces ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, y la exvocera Mara Sedini.

Aunque ambas compartieron un mismo desenlace -haber permanecido apenas 69 días en sus cargos-, el escenario que enfrentan hoy es completamente distinto.

En Palacio reconocen que el capítulo de Steinert continúa abierto. Detrás de su llegada existía un compromiso político y personal asumido por el propio presidente.

Su incorporación al gabinete fue una apuesta directa del mandatario, impulsada, además, por el timonel del Partido Republicano, el senador Arturo Squella. La entonces fiscal regional de Tarapacá representaba el perfil técnico que Kast buscaba para encabezar la cartera y, al mismo tiempo, simbolizaba la prioridad absoluta que tendría el combate contra el crimen organizado, pero la experiencia terminó siendo mucho más breve de lo esperado.

Diversos episodios fueron desgastando rápidamente su permanencia. Entre ellos, las tensiones con el alto mando de la PDI, la polémica remoción de la prefecta (R) Consuelo Peña y los cuestionamientos que generó la presentación del plan de seguridad del gobierno. En el Ejecutivo reconocen que esa acumulación de conflictos terminó haciendo inviable su continuidad en el gabinete.

Una agregaduría en el exterior

Cuando Kast comenzó a sondearla durante el verano para integrarse al gabinete, la entonces persecutora le manifestó el alto costo que implicaba abandonar una carrera de más de 20 años en el Ministerio Público. Como fiscal regional aún le restaban seis años de período, por lo que aceptar significaba renunciar a una estabilidad profesional construida durante prácticamente toda su vida laboral.

Quienes conocieron esa conversación sostienen que el mandatario buscó despejar esas aprensiones asegurándole que tendría su respaldo si algo no salía bien.

Desde su salida, ha mantenido contacto con el senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, uno de sus principales respaldos políticos desde antes de asumir el cargo.

Según comentan fuentes de Palacio, el Segundo Piso le pidió al Ministerio de Relaciones Exteriores explorar la viabilidad de establecer algún cargo de rango regional entre los países de Sudamérica, con foco en seguridad.

Esa idea, en todo caso, no avanzó. Así, una de las opciones que se han explorado con más certeza es nombrarla en una agregaduría en la embajada de Chile en Perú. Esa posibilidad incluso habría sido conversada directamente entre el presidente y la exministra.

Sin embargo -de acuerdo con las mismas fuentes- desde Cancillería se levantaron observaciones vinculadas a materias de seguridad. Esto, debido a que Steinert encabezó por años investigaciones complejas contra organizaciones criminales transnacionales, por lo que existían dudas respecto del destino que podría asumir.

Por lo mismo, el canciller Francisco Pérez Mackenna le ofreció otras alternativas, entre esas, Miami. Sin embargo, esa opción no le habría gustado a Steinert por la distancia con Chile.

Pese a ello, la opción de desempeñarse como agregada en otro país continúa sobre la mesa. El problema es que quienes conocen las conversaciones afirman que Steinert ya había comenzado a delinear su futuro personal considerando el eventual traslado a Perú.

A esa incertidumbre se sumó un nuevo frente durante los últimos días.

La contralora Dorothy Pérez resolvió que la exministra excedió sus atribuciones al solicitar antecedentes detallados sobre funcionarios de la PDI vinculados a una investigación que ella misma había dirigido cuando era fiscal regional de Tarapacá.

Frente a ese pronunciamiento, Steinert presentó una solicitud de reconsideración para dejar sin efecto el dictamen. En el escrito sostiene que la resolución incurre en errores de derecho, que vulneró su derecho a defensa y que, además, restringe las facultades que la ley entregó al recientemente creado Ministerio de Seguridad Pública. En cualquier caso, mientras ese flanco siga abierto, su futuro laboral permanece sin una resolución definitiva.

De hecho, en el Ejecutivo algunos en privado transmiten que una designación en estos momentos podría ser contraproducente, ya que abriría nuevamente flancos para el Presidente José Antonio Kast, quien se prepara para capitalizar la aprobación de la megarreforma económica.

Sedini cierra la puerta

La situación de Mara Sedini, en cambio, tomó un rumbo completamente distinto.

La exministra de la Secretaría General de Gobierno se hizo parte del círculo de mayor confianza del presidente desde la campaña presidencial y, según quienes la conocen, nunca anticipó una salida tan temprana del gabinete. Cercanos afirman que la decisión la afectó profundamente en lo personal.

Tras abandonar La Moneda, optó por tomar distancia. Viajó fuera de Chile junto a su familia, retomó actividades sociales y reapareció públicamente -a inicios de junio- en el matrimonio de quien fuera su director de contenidos en la Segegob, Juan Lagos, con quien mantiene una relación estrecha desde que ambos se desempeñaban en la Fundación para el Progreso (FPP).

Paralelamente, comenzó a recibir distintos ofrecimientos para regresar a los medios de comunicación, actividad que desarrollaba antes de incorporarse al gobierno. Entre ellos hubo invitaciones para integrarse como panelista en programas radiales y espacios de streaming, además de propuestas para conceder entrevistas en programas de farándula y abordar públicamente su salida del gabinete.

Hasta ahora, sin embargo, ha rechazado todas esas alternativas.

Según quienes conocen su decisión, también descartó tajantamente, al menos por ahora, volver al Ejecutivo, pese a que inicialmente el presidente le transmitió que existía disposición para reincorporarla en otra función dentro del gobierno.

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