José Antonio Viera-Gallo: “En el Parlamento predomina una política de protesta para acercarse a un movimiento social esquivo”

Jose Antonio Viera-Gallo

El primer presidente de la Cámara de Diputados tras el retorno a la democracia, advierte que la política ha dejado de lado la lógica de la propuesta y los acuerdos, para pasar a una donde prevalecen "el conflicto, la confrontación y la denostación". Además, advierte que mientras el gobierno no ha sido capaz de contener la crisis, el Congreso está legislando para relegitimarse ante una ciudadanía que cree cada vez menos en las instituciones.




José Antonio Viera-Gallo, exministro de la Segpres, exparlamentario y exintegrante del Tribunal Constitucional considera lamentable el clima político que se ha instalado en los últimos días entre el Congreso y el gobierno. Asegura que mientras el Presidente Sebastián Piñera carece de un proyecto que sea capaz de contener la crisis política, el Poder Legislativo no tiene conducción y no ha sabido ejercer las -a su juicio- extensivas atribuciones que tiene. “El Parlamento no sabe usar bien sus facultades, tiene muchas y las debiera usar bien, pero eso supondría una conducción política que no existe”, afirma. En todo caso, descarta que Chile esté dominado por un creciente populismo, aunque llama a llenar con urgencia ese “vacío”.

Sobre el segundo retiro del 10%, afirma que el camino de modificar la Constitución en materias de iniciativa exclusiva del Presidente, “no es lo mejor”. “Es lo mismo que hizo la derecha con Allende, exactamente igual”, acusa.

-Usted fue el primer presidente de la Cámara de Diputados tras el retorno a la democracia, ¿qué opinión tiene de los niveles de polarización que se han dado últimamente y en especial los últimos días entre el Congreso y el gobierno?

Ha cambiado el clima político del país respecto de los años en que gobernó la centroizquierda y eso se refleja en un deterioro grave de la política y también en conflictos entre el Parlamento y el Ejecutivo, en peleas internas dentro de las coaliciones de gobierno, pero también de oposición y una cierta distancia entre el mundo de la política y la ciudadanía.

-Y ante ese cuadro general, ¿cómo percibe esta tensión entre ambos poderes del Estado?

Lo que pasa es que el Ejecutivo no aparece con una capacidad suficiente para conducir una etapa muy compleja del país, la que está marcada, entre otras cosas, por la protesta social. Y eso los parlamentarios lo resienten. Por otra parte, en el Parlamento predomina una política de protesta para acercarse a un movimiento social que es esquivo. Con una excepción grande que hay que reconocer y que fue el acuerdo del 15 de noviembre, el que dio origen a un proyecto. Antes la política estaba marcada por la idea de la propuesta, de la innovación responsable y del diálogo, no excluía el conflicto, pero era un proceso constructivo. Hoy veo un gobierno sin capacidad innovadora, con una capacidad más bien administradora y, por otra parte, una política que está marcada más por el conflicto, la confrontación, la denostación, menos que por la propuesta.

-¿Qué impacto tiene en el debate político?

Es muy grave porque se va produciendo una distancia cada vez mayor entre la ciudadanía y las instituciones democráticas. Voy a poner un ejemplo que es muy paradigmático. Se aprobó esta semana en la Cámara de Diputados la anulación de la Ley de Pesca, sin consideración alguna sobre una industria muy relevante en el país y que tiene miles de trabajadores. Esa norma contiene una serie de beneficios que van hacia la pesca artesanal. Entonces, una cosa distinta es decir “yo voy a proponer un cambio sustancial a esa normativa”, esa es otra cosa y se podrá discutir, pero no se puede simplemente anular. Esa es una lógica política del rechazo. Ahora, yo no digo que no haya habido problemas penales y hay investigaciones en curso en torno a esa legislación, pero lo que no se puede hacer es borrar. Eso demuestra creo yo el espíritu que hoy día predomina.

-¿Y qué condiciones cree que profundizan ese escenario?

Quiero decir que en el primer gobierno de Bachelet ya se vio este espíritu destructivo por parte de la centroderecha. Cuando, por ejemplo, votaban en la partida del presupuesto para el Transantiago $1. O sea, esto es algo que viene incubándose, desgraciadamente, y que ha producido distanciamiento con la ciudadanía, además de repercutir también en una especie de dispersión de las coaliciones políticas y de los partidos.

-¿Cómo ve estos ataques personales entre los propios parlamentarios o incluso insultos se han visto desde el estallido social a estos días?

Hay que distinguir, que haya críticas a personas que están en la vida pública es normal, que haya sátira también. Pero eso se transforma en algo destructivo cuando se descalifica política y moralmente a una persona. Eso se ha exacerbado con las redes sociales, pero también se da a nivel de los propios parlamentarios, donde se piensa en que si uno piensa una frase ingeniosa o hiriente que destruya o lesione a un adversario es suficiente para decirla.

-¿Cómo lee que figuras con un discurso más populista como Pamela Jiles están generando un impacto? Ella la semana pasada mandó a un senador a ponerse pañales, aludiendo a su edad.

Esas descalificaciones no son ni siquiera ingeniosas, quien era maestro en hacer críticas ingeniosas era Mario Palestro, pero no era a los niveles que lo hace hoy Pamela Jiles u otros. Esas descalificaciones no tienen ningún valor y pienso que, de hecho, se van en contra de quienes las profieren. Y que personas sean más o menos populares circunstancialmente, eso es algo relativo. Un día uno puede ser muy popular porque dijo algo que sintonizó con un estado de ánimo de ese minuto, pero la política no se puede hacer así.

-Pero a Pamela Jiles le ha resultado esa estrategia, desmarcándose justamente de las formas más tradicionales de legislar, por ejemplo.

Bueno, pero un día se sube, otro día se baja. No. Quiero creer que al momento de los votos el país o la ciudadanía sopesa más quien ofrece un proyecto responsable de conducción. Y cada uno puede decir lo que estime, por eso estamos en un régimen libertario, pero lo que se le pide a los servidores públicos, a los representantes de la ciudadanía es que actúen con responsabilidad. Ahora, si mañana la opinión pública se deja llevar en un sentido o en otro, no es tanto por culpa de quien hace ese tipo de afirmaciones sino por el vacío que se advierte de un proyecto responsable. Creo que un liderazgo constructivo que ha surgido es Izkia Siches, una figura seria que es muy valorada por la ciudadanía.

-Usted habla de un vacío de proyecto en el gobierno, pero eso también se aplica a su sector.

No hay duda. No se advierte claramente un proyecto. Lo último que hubo fue lo que hizo Ricardo Lagos en su intento por una segunda candidatura presidencial. Allí hubo una propuesta de país, de las grandes ideas que debían mover a Chile. Después de eso ha habido muy poco. Ahora, quiero reconocer sin embargo que también se han hecho esfuerzos. Que se haya presentado por parte del PS, el PPD y el PR un documento que trabajamos entre varios abogados del campo del derecho público sobre contenidos de la nueva Constitución, me parece muy positivo, como me parece positivo que lo haya hecho también Evópoli a través de Horizontal o el CEP. O sea, hay propuestas. No hay que pensar que Chile está en manos del populismo, pero hay un vacío urgente que llenar.

-Pese a todo este cuadro, por primera vez, según la encuesta Cadem, el Poder Legislativo subió en su aprobación en medio del ingreso de un segundo retiro del 10%. ¿A qué lo atribuye?

Es que el Congreso apareció ante la gente como quien dio respuesta, con el primer retiro del 10%, a algo que la gente necesitaba urgentemente. Pero no significa eso que ahora el Parlamento tenga que seguir en un camino de ir retirando y retirando y retirando fondos. Eso sería bastante irresponsable.

-¿Cree, como dijo la presidenta del Senado, que el Presidente Piñera busca coartar las ya escasas facultades del Parlamento?

No, ni siquiera eso. Yo creo que el Parlamento no sabe usar bien sus facultades, tiene muchas y las debiera usar bien, pero eso supondría conducción política que no existe.

-¿No hay conducción hoy en el Congreso?

No, pero no le echo la culpa a la presidenta del Senado ni al presidente de la Cámara, que son de partidos distintos, sino que es la realidad. Lo que predomina hoy es otro clima político, lamentablemente.

-¿Comparte lo que advirtió el Presidente de que el Congreso está buscando instaurar una Constitución paralela? ¿O cómo han acusado otros, que se esté dando un parlamentarismo de facto?

El Presidente debiera preocuparse de ordenar bien su gobierno y coordinar mejor su coalición política. Asimismo, debería abrir un diálogo serio con la oposición o parte de la oposición, así contribuiría más a la gobernabilidad del país.

-¿Pero no ve rasgos de una especie de parlamentarismo de facto?

No, veo síntomas de una crisis política de fondo, pero no de un parlamentarismo de facto o cosas así. Lo que pasa es que más bien antes de criticar lo que hace el Parlamento, el gobierno debiera preocuparse de resolver sus propios problemas. El parlamentarismo de facto se dio, por ejemplo, después de la guerra civil del 81. Cuando el Congreso se atribuyó facultades que hacían caer los gabinetes sin cambiar la Constitución del 33. Pero eso en Chile no existe hoy día.

-¿Y no es arrogarse facultades modificar transitorios a la Constitución en materias de iniciativa exclusiva del Presidente?

Todos los gobierno en Chile, antes del golpe y después del golpe, salvo muy contados periodos no han tenido mayoría parlamentaria. Pero gobernaban con al menos un tercio del Parlamento, sea del Senado o de la Cámara que le fuera adicto, que le fuera fiel. Eso lo necesita cualquier Presidente para utilizar el veto presidencial y evitar cualquier problema. Hoy día qué ha sucedido, el Presidente no usó el veto y su coalición se ha puesto rebelde.

-¿No le parece que con ese mecanismo el Congreso sí se está arrogando facultades que no le corresponden?

No es lo mejor, es lo mismo que hizo la derecha con Allende, exactamente igual. Eso lo hicieron con el proyecto Hamilton-Fuentealba de las tres áreas de la economía, no es lo más indicado. Ese fue un proyecto de reforma constitucional presentado por ellos, que eran democratacristianos, pero tuvieron el apoyo de toda la derecha para generar las tres áreas de la economía, saltándose la iniciativa exclusiva de Allende y esto fue llevado al Tribunal Constitucional por el presidente, pero este se declaró incompetente. Pero cuando hay periodos de crisis políticas estas cosas suelen suceder. Lo mejor es ponerse de acuerdo en una legislación, pero el gobierno se demoró mucho en hacerse parte y mandar la ley.

-Usted integró el TC… ¿Está en lo correcto el Presidente cuando cuestiona que los legisladores modifiquen un transitorio de la Constitución para avanzar en proyectos como el retiro del 10%?

Es un tema muy discutible y va a dar origen a todo tipo de argumentos de un lado y de otro. En principio, creo que actualmente el TC puede revisar los vicios de forma que se puedan haber producido en la tramitación de un proyecto de reforma constitucional. Que pueda revisar vicios de fondo, no me parece adecuado, porque en ese caso es entregarle un poder enorme por sobre los poderes constituyentes derivados. Me parece excesivo. Entonces, lo que el TC debiera ver solamente es si el proyecto cuestionado se votó y con qué quórum y ahí podrá discutirse si era de 2/3 o 3/5.

-¿Pero no cree que tenga que hacer un pronunciamiento sobre si se están vulnerando facultades exclusivas del Mandatario?

No, porque es una reforma a la Constitución.

-Usted ha dicho que no cree que en Chile exista un hiperpresidencialismo, aunque se ha mostrado partidario de limitar sus facultades. ¿En qué sentido?

Hiperpresidencialismo, por ejemplo, hay en Argentina, donde se dictan los llamados decretos de necesidad y urgencia sobre materias de ley que entran en vigencia de inmediato. En Chile eso no existe, en Chile existe un equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el legislativo que se inclina exclusivamente hacia el Presidente. Entonces cómo se podría limitar. En primer lugar, descentralizando realmente el país. Si el poder Ejecutivo de cada región fuera electo, el Presidente no tendría un poder sobre el manejo completo de cada región. Materia que no se soluciona con la elección de gobernadores que vamos a tener en abril. En segundo lugar, soy partidario de modificar los quórum para que el Congreso pudiera insistir frente a vetos del Presidente, los que hoy son 2/3 y, por último, restringir las materias de iniciativa exclusiva del Mandatario, no en materia de gasto, pero por decir algo, en materia de negociación colectiva. Con la reforma de 2005 se inclinó bastante la balanza en favor del Congreso, pero hay que avanzar más. Pero no soy partidario de un sistema semipresidencial, lo que ha pasado en el Perú es una buena lección.

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