Tomás Vodanovic: “Las ideas progresistas no han retrocedido, fallamos en nuestra capacidad de materializarlas con buena gestión”
El alcalde de Maipú y uno de los rostros del Frente Amplio analiza la derrota de su sector y proyecta a la alianza de gobierno que hoy enfrenta una de sus crisis más duras. Para ese ciclo político, cree el jefe comunal, los líderes de los municipios serán la clave. “El rol de los municipios va a ser mucho más fundamental de lo que ocurre en el Congreso”, dice.
A 51 días de que el Presidente Gabriel Boric le entregue la banda presidencial a José Antonio Kast y se ponga fin a la administración del Frente Amplio, el alcalde Tomás Vodanovic llama a su sector a hacer una reflexión profunda y autocrítica sobre los resultados de la elección.
“No supimos mostrar credenciales creíbles frente a la principal preocupación de las personas, a diferencia de lo que sí logró construir José Antonio Kast, que logró construir un sentido común”, reconoce.
El alcalde de Maipú, el más votado del país, también se distancia de la pugna desatada entre el Socialismo Democrático con el FA y el PC, que se recriminaron por la aplicación de la Ley Nain-Retamal. Lo atribuye a un clima que se da en el Congreso y que contrasta con la sintonía que existe entre los alcaldes que -asegura- tendrán un rol clave en el ciclo político que se inicia.
¿A qué atribuye el resultado de la elección?
El oficialismo tuvo la mejor puesta en escena que podría haber tenido, con la alianza más amplia desde la DC hasta el PC. Tuvimos a la candidata más contundente. Yo no vi ningún tipo de desmarque o descuelgue, y aún así llegamos solamente al 40%. Por tanto, ahí cabe tener una reflexión y una autocrítica profunda sobre nuestra capacidad de materializar las ideas progresistas en la vida de la gente. Lamentablemente, en una sociedad que hoy día tiene en la seguridad su principal necesidad, la capacidad que vieron en nosotros de poder construir un orden que brindara más seguridad fue bastante limitada. No supimos mostrar credenciales creíbles frente a la principal preocupación de las personas, a diferencia de lo que sí logró construir José Antonio Kast, que logró construir un sentido común. Su llegada al poder no responde solamente a un cambio en el péndulo, sino que tiene que ver con una conexión que tuvo con la ciudadanía, que lamentablemente nosotros no pudimos desarrollar en el ejercicio del gobierno. Tiendo a pensar que nosotros no logramos sostener un proyecto país que fuera creíble por la gente en cuanto pueda resolver sus necesidades más sentidas.
¿Por qué cree que pasó esto? Hubo estudios del comando que apuntaron al gobierno.
Creo que la evaluación que se hace del gobierno es, en cierto punto, también injusta. Podemos dar cuenta de políticas públicas que les están cambiando la vida a las personas y, aún así, la evaluación del gobierno no es positiva. Tiene que ver mucho con la expectativa generada y la capacidad de cumplirla, y sobre todo el abordaje que nosotros tuvimos de la agenda de seguridad. En la principal cancha donde esto se iba a jugar, que eran las preocupaciones de seguridad de las personas, nuestro sector político no lograba generar la credibilidad o la garantía de poder resolver el problema que la gente sí vio en la candidatura de enfrente.
¿Cuánta responsabilidad cree que le cabe al presidente?
Creo que el presidente ejerció su mandato de manera correcta. En lo sustantivo este fue un gobierno que logró estabilizar un país y materializar avances en áreas bastante sensibles y críticas para la gente. Pero, evidentemente, estamos en tiempos donde la evaluación ciudadana de un gobierno no se basa únicamente en la evaluación objetiva de las políticas públicas implementadas, sino que en una serie de factores.
¿Cree que faltó un mayor compromiso del mismo sector?
Aquí hubo una coalición política que tuvo la madurez suficiente, no para esconder las diferencias, sino que para saber procesarlas y actuar en unidad. Y es un gobierno que, más allá de algunas declaraciones altisonantes, va a terminar su periodo presidencial con una coalición que se mantuvo en unidad. Evidentemente, siempre va a haber voces críticas dentro de una coalición, es decisión de uno qué tanta oreja les pone a esas voces.
Hoy el oficialismo aparece menos unido que en cualquier momento del gobierno.
Hoy día el momento político requiere mayor sentido de unidad y menor confrontación, mayor sentido de sobriedad y menos sentido del espectáculo. Se necesita madurez política para finalizar el gobierno con una coalición unida. Yo prefiero hacerme cargo de la enorme cantidad de conversaciones que he tenido con sectores del SD, más que con algunas vocerías altisonantes. Lamentablemente, a veces se les pone mucha oreja a las vocerías que están en el Congreso y muy poca a las que están en los municipios.
¿Pero usted cree que esta coalición se va a consolidar?
Tenemos el deber de proyectarla. Los tiempos que corren hoy día no solo en Chile, sino que en el mundo, nos ponen por delante el deber político de ser capaces de construir proyectos progresistas amplios y con sentido de unidad. Y a mí me parece que el rol que van a tener que asumir los alcaldes y alcaldesas del progresismo en el nuevo ciclo político que se abre es fundamental para lograr construir una coalición que busque defender ideas progresistas. Yo estoy muy convencido de que las ideas progresistas no han retrocedido, fallamos en nuestra capacidad de materializarlas con buena gestión pública, en la credibilidad que generamos en la gente de poder volverlas concretas en su vida. Creo que esa idea de mayor justicia, igualdad, de poder garantizar derechos, de tener un Estado fuerte, eficiente y transparente, siguen siendo mayoritarias. La única forma de volver a ganar credibilidad es con sentido del trabajo, resultados concretos y empujando políticas públicas e innovadoras. Allí yo creo que el rol de los municipios va a ser mucho más fundamental de lo que ocurre en el Congreso.
¿Qué solución ve para este conflicto?
Creo que las alcaldías estamos llamadas a ejercer un mayor liderazgo político. Los alcaldes a veces tenemos más sentido de unidad, de realidad, más conexión con las prioridades de la gente. Como alcalde me cuesta mucho entender cómo cuando yo estoy enfrentando problemas gigantes en la comuna y estoy trabajando 15 horas al día, hay otros que les sobra el tiempo para mandarse mensajes por la prensa. Para nosotros es llamativo. Yo creo que el futuro del progresismo, de su posibilidad de unión, se va a jugar, sobre todo en el ciclo político que se inicia, en lo que podamos hacer en nuestras experiencias de gobierno local.
Los dirigentes del SD acusan que el FA -su partido- aun se instala en un podio moral, ¿lo cree así?
Hay vocerías en el FA, en el SD y en la derecha que se pueden instalar o no en un podio moral. Hay vocerías razonables y ególatras en los tres sectores políticos. Uno decide a quién escucha. Existen muchos liderazgos políticos que tienen más sentido del espectáculo, de la confrontación y del camino propio, pero también existen otros con un sentido de sobriedad y unidad.
“Espero que seamos una oposición justa”
¿Cómo espera que sea la relación del gobierno entrante con los municipios de oposición y qué rol quiere jugar usted?
Mi deber como alcalde es siempre colaborar con el presidente de la República en beneficio de los vecinos de Maipú. Sería un mal alcalde si me niego a la posibilidad de trabajar en conjunto por 600.000 personas que viven en Maipú. Y lo mismo espero del liderazgo del presidente. Si hay algo que Chile no resiste más es este loop infinito de confrontación de la política, de oposiciones que niegan la sal y el agua. Yo siempre he tratado de ejercer un rol de colaboración, de ser lo más justo posible con nuestro adversario, de buscar la mejor versión de quien tenemos al frente. Ahora, evidentemente, el tipo de oposición que seamos va a depender también mucho del actuar del gobierno. Uno no puede estar pidiendo abrazos y dando patadas, por así decirlo.
La próxima semana inicia el congreso del FA, ¿qué tipo de oposición le gustaría ser a usted desde el partido?
Espero que seamos una oposición justa, madura, con sentido de país, que colabore con el gobierno en todo aquello que beneficie a la gente, pero que también defienda con mucha firmeza cuando se busca generar retrocesos que afectan la vida de la gente. Yo no creo en una oposición obstruccionista, en una oposición que niega la sal y el agua, en una oposición que critica todo. Aquí los principales responsables de que el país avance en los próximos años es el gobierno del presidente electo. El principal adversario del futuro presidente no es tanto la oposición, sino que son las expectativas que ellos mismos generaron.
¿Hay un área que le preocupe en particular?
Por cierto que tenemos preocupaciones. Para los municipios es imposible no nombrar el tema de las contribuciones. Eliminarlas desfinancia inmediatamente a los municipios de todo Chile.
¿No cree que el FA podría quedar reducido a solo un partido que se dedica a defender el legado del presidente?
No, en ningún caso. Yo creo que el FA tiene mucho más que jugarse. Cuando uno ve lo que está ocurriendo en Viña, Valdivia, Peñalolén, Valparaíso, Maipú. El FA está a cargo de parte de las ciudades más importantes de Chile. Nuestro proyecto se juega ahí, en cómo nosotros somos capaces de demostrar y de recuperar la credibilidad de las personas. Insisto en que va a ser muy importante para mí lo que ocurra en los municipios. El Congreso tiene sus dinámicas propias y verán quiénes obtuvieron democráticamente esos escaños, la relación política que tendrán.
“Veo a un presidente más maduro”
¿Cuánto cree usted que el presidente cambió durante su paso por el poder?
Es imposible que la experiencia de gobernar no altere fuertemente las reflexiones políticas que uno tiene. Lo digo en términos personales, por mí. Hoy día veo un presidente muchísimo más maduro. Él está llamado a ser uno de los grandes liderazgos de nuestro sector. Sería dramático que el FA fuera el mismo proyecto político que antes de entrar a La Moneda o que antes de entrar a los municipios
¿En qué ve la diferencia del presidente del 2022 al que está saliendo?
Yo creo que el presidente hoy día entiende a cabalidad las complejidades de la política, la importancia de sostener convicciones pero también someterla al ejercicio real de la política, de lograr construir mayoría, de ver las distintas limitantes institucionales, políticas y financieras, de valorar los avances que se puedan tener, aunque no satisfagan completamente la voluntad de uno; la necesidad de poder buscar siempre la mejor versión del otro para llegar a un acuerdo y no sencillamente interpelarlo. El presidente se convirtió en estos cuatro años en un gran estadista. Para el futuro de la centroizquierda el presidente va a ser un liderazgo sumamente importante para poder unir miradas.
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