11 grandes (y preciosos) vinos para encargar

Ilustración: César Mejías

No son grandes en volumen. Tampoco en facturación. De hecho, son pequeñas bodegas, con limitadas partidas hechas a mano, que han logrado calidad a punta de pasión y, además, han buscado un lenguaje estético fuera de lo común, con etiquetas jugadas y preciosas. Aquí, una selección de 11 bodegas con vinos tan bellos por dentro como por fuera.



Artículo publicado el 13 de julio de 2020 y actualizado el 11 de septiembre de 2020.

Siete Perros

Deben ser más de siete. Capaz que miles. Porque apenas descorchas una botella de Siete Perros, de bodega Casa Libre, se acusa ese permeable carácter que se desborda, como una exquisita jauría de uvas hechas vino. Una huella de cachorro lo dice en el corcho mismo, impresa en uno de sus extremos. Y es que la idea del nombre y sus etiquetas surgió cuando uno de sus creadores vio a un paseador de perros en un parque… ¡con siete perros! Sin querer abarcar tanto, porque es una línea sencilla y directa, cuando pruebas el chardonnay 2018 (un perro salchicha) del valle de San Antonio, ya sabes cómo es su estilo: fresco, chispeante, neto, directo. Como todo chardonnay, no es muy fragante ni expresivo en nariz, pero, como ninguno —además de una boca algo más amplia y envolvente—, lo acompaña un frescor efervescente y delicioso. Si hay ostiones, hay fiesta. Lo mismo su cabernet sauvignon, un bulldog, también de 2018: fresco, con una fruta definida, rica, sin madera; un jugo de frutas negras amables, fáciles de tomar, pero con una estructura justa, firme, propia de la cepa. Todos sus vinos son orgánicos y human-friendly.


Terroir Sonoro

La bodega Terroir Sonoro no toma el nombre porque sí. Aunque suene a metáfora, en el proceso de crianza los vinos son sometidos a bandas sonoras particulares, una para cada uno, y reproducidas con método de inmersión en cada barrica, todo el día, a toda hora. Esto hace que exista un estímulo con frecuencias propias para cada uno, lo que les ayuda a definir su carácter. Aquí estamos frente a etiquetas que transforman, literalmente, la botella en guitarra, como El Perseguidor, un malbec centenario “en la menor”. Aquí, el vino se presenta en clave más cálida, se siente la madera haciendo coro pero a la vez dejando que la fruta cante con todo el pulmón que tiene: fruta negra, fresca y rica, concentrada y profunda, incluso con una nota de grafito deliciosa al final de boca. No es un vino musculoso, de taninos ásperos y tensos. Por el contrario, hay balance, refinería. Y lo hay más en su versión El Apellinao, que es un vino tinto de cepa país “en re mayor”. Más fineza, delicadeza, frescor. Una nariz fragante, casi explosiva, de arándanos recién cosechados, para una boca aguda que susurra, pasando de la guitarra a un dulce y brillante violín.


Clos de Luz

La bodega Clos de Luz hace vinos singulares y exquisitos. Y su etiqueta minimalista, pura, artística, es un reflejo de eso. Un diálogo de contenedor y contenido preciso y precioso. Representa el movimiento circular que genera el azud o azuda —rueda hidráulica— con la que se saca agua del río para regar los campos. El syrah Azuda 2017 (Almahue, valle de Rapel) es un tinto concentrado pero muy fresco, con un ADN frutal, de arándanos y casis, pero con un perfil además mineral, que recuerda al grafito. Delicioso vino hecho a contracorriente, en la adversidad de un clima frío, y con una factura artesanal —vendimiado a mano y pisoneado a pie— de altísima calidad. Lo mismo que su garnacha Azuda 2018 que, siendo más joven, es un vino resuelto, jugoso, exquisito, lleno de fruta negra que deja espacio a una madera tostada muy bien integrada y un alcohol alto (14,5%) que, gracias a su rica acidez y jugosidad, no quema sino que, por el contrario, se siente amalgamado. Un abrazo circular, como el de su etiqueta.


Entrez dans la ronde

Este vino y esta etiqueta habla de las relaciones humanas, de compartir. Es un cómic que está dividido en cada etiqueta: si juntas todas las botellas, tienes la historia completa. Como en una ronda, la primera etiqueta y la última se unen. Y en esta versión 2018 tienes la parte y el todo: un viognier fresco, floral —azahares— y las clásicas notas de chirimoya con algo de zeste de naranja. Fresco y liviano en sabor, sin acidez pero sin dulzor, con esa textura oleosa que llena el paladar. Aparece una sutil nota de membrillos, y todo indica que, junto a una buena selección de berenjenas grilladas y zapallos asados, algo bueno puede salir de ahí. L’Entremetteuse nuevamente hace de las suyas y se sale de los moldes maravillosamente, con un producto diferente a todo nivel. El arte estuvo a cargo de una diseñadora colchagüina, por lo tanto el proyecto es, finalmente, una defensa local a todo nivel.


Las Sobras

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Aquí tenemos una etiqueta que no admite spoilers. Pone a seis perros de distintas razas —¿serán seis diferentes cepas?—, cada uno con su plato relleno con un gran racimo, y dice, literal: “Starring: who knows?”. Es decir, nadie sabe qué carajo de cepas hay en la botella. Ni los creadores, ya que este vino se hace, literalmente, con las sobras de 2 barricas y media que no tenían destino. Sí sabemos que es muy fresco y definido, orientado hacia la fruta, con una nota ligeramente terrosa en el fondo de la nariz, para dar paso a una boca frutal, salvaje, desvestida, jugosa, que recuerda a frutos rojos y negros recién exprimidos, sin ser un vino ácido o tánico. Por el contrario, se trata de un tinto jugoso, lleno de capas, pero simple a la vez, como hecho ayer en el patio de tu casa. Lo hace la bodega La Despensa bajo su proyecto Cold Shower Wines (fonética gringa para Colchagua [col-chawar]) y es uno más de sus aventuras de vinos y gráficas lúdicas, pensadas fuera de la caja.


De Otro Planeta

Aquí tienes un cabernet franc cosecha 2019, del valle de Maipo, también de Casa Libre, bodega que cosecha a mano uvas orgánicas guardadas 9 meses en tinajas de greda, por lo que se trata de un vino crudo, que te habla sin rodeos. Como no hay madera, la greda lo oxigena lo suficiente como para protegerlo naturalmente —tampoco tiene sulfitos—, y el resultado es un tinto desnudo y honesto. Arándanos y moras frescas revolotean por toda tu nariz y boca, sin más añadidos: solo la fruta misma, impecable, masticable, fresca y rica, jugosa y bastante densa, con un sutil final amargo, como de chocolate bitter y ruibarbo, es decir, con esa acidez natural característica de una fruta neta. El nombre surgió haciendo otro vino, el sauvignon gris —cepa poco desarrollada en Chile— que para los enólogos era “una locura, algo galáctico”… ¡de otro planeta! La etiqueta va por la misma línea: es una especie de Volver al Futuro descapotable, aunque rojo y con una rubia escoltada por un esqueleto y la Vía Láctea de fondo. O algo así. De otro planeta.


Four Skins

Podría ser la carátula de un disco de los Ramones. Esa factura punk, desenfadada, rebelde e inusual de Four Skins 2019, también de la bodega L’Entremetteuse, retrata una mezcla exquisita de cuatro variedades blancas —marsanne, roussane, viognier, semillón— con mucho carácter y personalidad, hechas con sus pieles (de ahí su nombre), por lo que se nota un vino turbio y ambarino. Esto hace que su boca tenga mucha fuerza, una presencia de taninos —sensación de cierta aspereza en boca— más marcada, en un fondo seco, bajo en acidez y delicioso, de mucha persistencia en boca. Como si tomaras un sorbo y el vino hiciera eco en tu paladar y ese sonido se quedara ahí, varios segundos, haciéndote salivar. Y haciéndote recordar que aquí todo es diferente, que el viaje es precisamente fuera del camino gracias a los personajes de la etiqueta, el nombre, la factura e incluso la ausencia de corcho, porque está sellado con tapa corona, como las cervezas y algunas sidras. Un vino que seguramente será un bonus track en tu fin de semana.


Ímpetu

Un corazón con las venas bien marcadas retrata desde el centro de la etiqueta la pasión con la que trabaja la enóloga Javiera Ortúzar para sus vinos Ímpetu, dos tintos con personalidad definida, con un carácter bien delineado y hechos en base, según ella misma cuenta, “a situaciones del año, emociones y sentimientos”. La mezcla de syrah y petit verdot —ambas cepas tintas de mucha personalidad— es fragante, floral, jugoso. Hay fruta negra exquisita que, aún siendo muy expresiva, no agrede, pasa suave y ofrece otra copa, la que por supuesto aceptamos, y vamos por el syrah carbónico, que resulta más mineral y tremendamente fresco. Por raro que suene, en la boca aparecen notas de grafito sobre un fondo de mucha fruta jugosa y fresca. Una delicia. Ambos vinos funcionan muy bien con carnes rojas delgadas y de rápida cocción, como entraña, arrachera o palanca. Porque ímpetu para una parrilla —y para excelentes vinos— nunca falta, ¿verdad?


Los Sospechosos

Garnacha y syrah son una mezcla nada sospechosa, pero en Los Sospechosos son los imputados, ya que por algún motivo eran vinos que estuvieron a punto de descartarse, o al menos de no embotellarse. Varios enólogos —que también son sospechosos— están detrás de este proyecto que tomó un vino que en principio se iba a garrafa y que, finalmente, vio la luz donde merecía. Pero el culpable es otro: Cristián Lagos. Y, gracias tanto a sospechosos como al culpable, aquí tienes una mezcla deliciosa y estimulante, concentrada pero a la vez fresca. Dan ganas de mascarla y, cuando haces el gesto en la boca, tu paladar comienza a salivar. Te abre el apetito, te la llena de frutos rojos salvajes y vivos, y quieres más. Y además piensas en otros sospechosos: mollejas, entrañas y hasta unas longanizas bien doradas.


La Despensa

Otra etiqueta de perros y otro field blend, pero no es un vino más. La Despensa 2018 es un tinto de mezcla —grenache o garnacha, syrah y mourvedre— denso y profundo, seco, con fruta negra que incluso recuerda a la tinta y luego a frutos secos, como higos y ciruelas deshidratadas. Esa concentración, sin embargo, no es un mazazo: por el contrario, es un vino que se deja beber sin problemas, con cierta textura porosa que, sonando rara, resulta agradable. El proyecto lo comanda la pareja de Ana y Matt, por lo que su contraetiqueta resulta tan interesante como su etiqueta. Reza: “Pensamos que podríamos ganarnos la vida con este tema del vino. Qué errados estábamos, pero qué felices somos. Nos encantaría que vinieras a visitarnos para que veas lo que hacemos aquí”. ¿Ideas para el desconfinamiento? Aquí ya tienes una. Por mientras, que el vino llegue hasta nuestra puerta.


La Cuica

Un descapotable de patente OOHHH con dos llamas pelo (¿lana?) al viento y anteojos negros, al más puro estilo Thelma y Louise, advierten el contenido: un pet nat —en francés, pétillant naturel, es decir, un vino natural ligeramente espumoso— que viene a desordenar la industria, como ya es costumbre en esta bodega: L’Entremetteuse. El nombre salió porque, cuando comenzaron a elaborar este tipo de vinos en la bodega, al principio se hacía un pet nat en base a la cepa syrah, pero luego (como este 2019) mutó a una mezcla de chardonnay y pinot noir, que es la base de la champaña. Ergo… ¡era la cuica del grupo! Este pet nat rosé de alcurnia tiene una burbuja pequeña y puntiaguda, abundante y de explosiva efervescencia, no dulce pero tampoco del todo seco. Un rosado intenso te hace pensar en una extracción relativamente larga del pinot, escapándose de esos estilos pálidos típicos de la Provenza. Pues sí: aquí nada es típico.


*Todos los precios incluidos en este artículo están actualizados al 11 de septiembre de 2020.

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