50 años de la nacionalización del cobre

"Si se mira en retrospectiva, el estado de Chile no ha sido un buen dueño ya que ha extraído rentas sin cuidar de capitalizar en los tiempos y cantidades que se hubiera requerido por lo que hoy la empresa enfrenta un colosal desafío de inversión del cual depende buena parte de su futuro."




Esta efeméride invita a una profunda reflexión. Ante todo, porque la mayoría de las nacionalizaciones de recursos naturales han fracasado en el mundo por lo que la mantención de Codelco, la empresa estatal chilena que aglutinó a las minas nacionalizadas desde su creación en 1976, es una favorable excepción. En el caso del cobre, los otros grandes ejemplos, las empresas estatales de Congo (Gécamines) y Zambia (Zimco – ZCCM) han estado muy lejos de generar un aporte a sus países. En Perú, el proceso de nacionalizaciones terminó revirtiéndose a través de la privatización de muchas de las minas que se habían nacionalizado.

La excelente calidad de los yacimientos y los profesionales chilenos son una parte importante en la excepcionalidad de Codelco.

El aporte que Codelco ha hecho al erario fiscal ha sido muy significativo, pero vale también destacar otros elementos -más sutiles y muchas veces no tan considerados-, para entender cabalmente el resultado de la nacionalización en Chile. Tal vez el más importante haya sido el de consolidar una masa de profesionales mineros de calidad mundial ya que Codelco es el lugar donde muchos chilenos han comenzado sus carreras profesionales, luego de lo cual pasan al circuito de empresas mineras privadas tanto en Chile como internacionalmente. De cierta forma, Codelco ha sido un catalizador para el desarrollo de profesionales mineros en minería.

Otro aspecto relevante es que más allá de los ámbitos centrales ligados a la inversión y operación minera, Codelco ha permitido que Chile acumule conocimiento clave del negocio minero mundial, permitiéndole “jugar el partido” de verdad en ámbitos como el de la comercialización, las finanzas, los proveedores de bienes y servicios y los recursos humanos, entre otros.

También Codelco permite representar el interés del país en la industria minera mundial. De cierta forma es un vehículo que hace patente, ante instancias globales, la mirada que el estado tiene sobre un sector del cual depende. Esto se ha reforzado por el rol de otras empresas mineras privadas chilenas que se han desarrollado notablemente en los últimos años, como Antofagasta Minerals y SQM.

Además, la coexistencia de Codelco con compañías mineras privadas establece un saludable punto de comparación implícito a la gestión de la compañía estatal y viceversa.

Pero sería un error caer en la autocomplacencia. Es más, este medio siglo de existencia de Codelco no garantiza que el futuro esté ganado. El énfasis debiera ser más bien en cómo seguir combatiendo las fuerzas que hacen fracasar a las empresas estatales en todo el mundo. Y hay mucho trabajo que hacer.

Si se mira en retrospectiva, el estado de Chile no ha sido un buen dueño ya que ha extraído rentas sin cuidar de capitalizar en los tiempos y cantidades que se hubiera requerido por lo que hoy la empresa enfrenta un colosal desafío de inversión del cual depende buena parte de su futuro.

Por otro lado, aún hay sectores del estado (especialmente Contraloría) que quieren imponer un marco de acción restrictivo, incompatible con los negocios que debe desarrollar la empresa. Es importante encontrar el justo balance entre el control que asegure que la empresa representa los intereses de todos los chilenos por igual, con la imprescindible capacidad de gestión que asegure que Codelco seguirá siendo una excepción como empresa viable del estado de Chile.

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