Hacer que el futuro sea mejor

"La industria bancaria debe continuar apoyando a sus clientes en el corto plazo, no sólo ayudando a sortear los impactos inmediatos de la pandemia, sino a recuperar un ritmo de actividad que permita dinamizar la economía".




Las encuestas de opinión pública, los indicadores financieros y económicos, y hasta la conversación diaria, casi sin excepción, ponen de manifiesto la incertidumbre y los temores que existen sobre el futuro del país. Hay motivos para ello, pero también hay razones para recuperar la confianza y actuar para que las cosas mejoren. La principal razón es el patrimonio invaluable que representa lo construido por varias generaciones y que puso una base firme al progreso material y espiritual de Chile. Tenemos un rico patrimonio de laboriosidad y creatividad, de trabajo constante, que permitió superar difíciles momentos en el pasado, y permitirá también superar los problemas de hoy. Si nuestro país pudo enfrentar eficazmente el inmenso reto de la emergencia sanitaria y el retroceso económico que provocó, fue porque en las últimas décadas llevó adelante políticas macroeconómicas que le permitieron tener reservas para los momentos de crisis. Hemos constatado en este período el valor de contar con una economía sana, sin inflación, competitiva, que ofrece certeza jurídica. Las señales de recuperación están a la vista.

Por supuesto que Chile tiene mucho que mejorar en todos los terrenos. Tiene que proponerse construir un sistema de salud de excelencia, con capacidad de dar atención de primer nivel a toda la población. Necesita dar un salto de calidad en la educación para que las nuevas generaciones reciban la mejor formación posible, que las habilite para los exigentes tiempos que vienen. Podemos tener un sistema previsional que, con el aporte del Estado y el sector privado, asegure pensiones dignas a todos.

En este marco, la industria bancaria debe continuar apoyando a sus clientes en el corto plazo, no sólo ayudando a sortear los impactos inmediatos de la pandemia, sino a recuperar un ritmo de actividad que permita dinamizar la economía. Aunque suenan lejanos conceptos como open banking, digitalización e “internet de las cosas” (IOT), hay que avanzar en esa dirección, lo que permitirá alcanzar objetivos tangibles y urgentes, como avanzar en la inclusión de los segmentos de la población que actualmente no tienen acceso a los servicios financieros. Esto último ha sido el norte de la industria por muchos años. No es casualidad que los clientes de la banca mantengan más de 28 millones de cuentas corrientes o vista, o que las tarjetas de crédito y débito ya sean el medio de pago más utilizado. Hay que dar nuevos pasos para asegurar que los servicios financieros lleguen a los distintos segmentos, y para crear productos y servicios que potencien la oferta de modalidades de ahorro y seguros, que son los pilares del mundo financiero moderno.

El mayor desempleo y la informalidad laboral que habrá en la postpandemia nos obligan a pensar en las formas de apoyar a la gente afectada por tal situación. Es sabido que los esquemas de financiamiento informal implican condiciones crediticias abusivas y con sistemas de cobranza gansteriles. Hay que ayudar a romper esos esquemas.

La industria bancaria ha aumentado su capital en 9 mil millones de dólares en los últimos cinco años, y es posible que aumente al menos otros 10 mil millones de dólares en los próximos cinco años. Esto, por un lado, ratifica la confianza de la industria en el futuro de Chile y, por otro, es una clara señal del compromiso de seguir aportando al desarrollo nacional. Se trata de continuar implementando más y mejores servicios, no solo para quienes actualmente son nuestros clientes, sino también para quienes lo serán pronto: cada nueva persona incluida, será una persona rescatada de la informalidad financiera. Las políticas públicas deben proveer el marco para dicho objetivo, y la industria su conocimiento y recursos.

Una vez superada la emergencia sanitaria, vendrá probablemente un momento caracterizado por el deseo de recuperar el tiempo perdido y desplegar las inmensas potencialidades con que cuenta nuestro país. Habrá mucho por hacer, y lo óptimo es que prevalezca un clima de buena voluntad para seguir avanzando en una senda de desarrollo sostenible.

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