Las restricciones a las exportaciones se extienden por todo el mundo y aumentan la presión de la inflación de alimentos

Una mujer compra aceite de cocina hecho de palma de aceite en un supermercado en Yakarta, Indonesia.Foto: Willy Kurniawan/ Reuters

En casi todos los continentes, los países han impuesto nuevas restricciones y prohibiciones a productos que van desde el trigo, el maíz y los aceites comestibles, hasta los porotos verdes, las lentejas y el azúcar, desde el inicio de la guerra de Ucrania. Líbano ha prohibido, incluso, la exportación de helados y cerveza.




Los países de todo el mundo han promulgado una oleada de restricciones a la exportación de alimentos desde el inicio de la guerra de Ucrania, una tendencia que, según los economistas, corre el riesgo de agravar la escasez y la inflación mundial de los precios de los alimentos.

En casi todos los continentes, los países han impuesto nuevas restricciones y prohibiciones a productos que van desde el trigo, el maíz y los aceites comestibles, hasta los porotos verdes, las lentejas y el azúcar. El Líbano ha prohibido, incluso, la exportación de helados y cerveza.

La seguidilla de restricciones supone un nuevo revés para el comercio mundial sin trabas, que se ha visto mermado en los últimos años por las disputas arancelarias y normativas entre Estados Unidos y China, y por las medidas adoptadas por los países para salvaguardar el suministro de equipos médicos y vacunas durante la pandemia del coronavirus.

Para los gobiernos, la limitación de las exportaciones de alimentos es una forma de calmar el enfado de la población por el aumento de los precios y de reforzar el abastecimiento interno, sobre todo después de que la invasión rusa de Ucrania perturbara los mercados mundiales de alimentos y elevara los precios de muchos productos básicos. Ambos países son grandes exportadores de cereales y aceites vegetales.

Sin embargo, los economistas afirman que la experiencia ha demostrado que las restricciones a las exportaciones de alimentos hacen subir los precios mundiales inevitablemente, ya que los importadores compran lo que pueden de los suministros reducidos. Aunque los gobiernos pueden obtener un breve respiro de la subida de precios, rara vez son significativos o duraderos, normalmente porque los agricultores responden limitando la producción o cambiando a otros cultivos que atraen mejores precios en el país y en el extranjero.

“Es una de esas cosas clásicas en las que el gobierno obtiene un beneficio a corto plazo”, declaró Simon Evenett, profesor de comercio internacional y desarrollo económico en la Universidad de St. Gallen en Suiza. “Y luego acabas con el mismo problema de escasez que tenías antes”, agregó.

Los precios mundiales de los alimentos subieron en abril un 30% respecto al año anterior, según el índice publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Los precios de la carne, por ejemplo, subieron un 17%, los de cereales como el trigo y el maíz un 34%, y los del aceite vegetal un 46%.

A diferencia de los aranceles y otras restricciones a la importación, las restricciones a la exportación de alimentos no están cubiertas por los compromisos adquiridos por los países en los distintos acuerdos de la Organización Mundial del Comercio.

La mayoría de los países afirma que las restricciones son temporales y duran, en promedio, unos pocos meses o hasta finales de año. Indonesia anunció el jueves que levantaría la prohibición de las exportaciones de aceite de palma esta semana, mientras que otros países como Argentina, Moldavia y Hungría ya han levantado las restricciones a las exportaciones de algunos productos que pusieron en marcha a principios de año.

El lunes, el gobierno de Malasia dijo que detendría la exportación de 3,6 millones de pollos al mes a partir del 1 de junio, alegando la escasez de suministros y los altos precios. “La prioridad del gobierno es la gente”, comentó el Primer Ministro Ismail Sabri Yaakob. India, que prohibió las exportaciones de trigo a principios de este mes, anunció el miércoles que establecería un límite a las exportaciones de azúcar entre el 1 de junio y el 31 de octubre.

Indonesia, por su parte, que produce casi el 60% del aceite de palma del mundo, prohibió la exportación de muchos productos de aceite de palma a finales de abril para luchar contra el aumento de los precios del aceite de cocina en su país. La decisión agravó la escasez mundial de aceites comestibles después de que la guerra cortara las exportaciones de aceite de girasol de Ucrania.

El jueves, el presidente indonesio, Joko Widodo, declaró que en las semanas transcurridas desde entonces, los precios del aceite de cocina doméstico habían caído alrededor de un 10% y los suministros locales se habían vuelto más abundantes.

A nivel mundial, sin embargo, los precios del aceite de palma vuelven a subir después de haber disminuido desde su máximo de marzo. El lunes, una tonelada de aceite de palma crudo costaba 1.426 dólares, un 2,4% más que en la semana anterior, según el Consejo de Aceite de Palma de Malasia. Los precios de Malasia se utilizan a menudo como indicador de los precios mundiales. Esta cifra es un 6% inferior al precio promedio diario de marzo, pero un 17% superior al promedio diario de enero.

Incluso en Indonesia, los precios se han mantenido obstinadamente por encima del objetivo del gobierno de alrededor de 1 dólar por litro, lo que ha causado dificultades a muchos indonesios. En la actualidad, el litro de aceite de cocina cuesta aproximadamente 1,20 dólares, unos 15 céntimos menos que en abril, pero unos 30 céntimos más que hace un año, según datos del gobierno.

Syari Kusumastuti, que vende rollitos de primavera en su casa de las afueras de Yakarta, ha empezado a cobrar más por sus aperitivos fritos. “El aceite de cocina caro aumenta la carga de los costos diarios más altos”, dijo, añadiendo que la mayoría de los platos indonesios requieren aceite vegetal.

Sin embargo, los agricultores han estado presionando para que el gobierno levante la prohibición, diciendo que los molinos les ofrecen mucho menos dinero por su fruta de palma, porque no hay oportunidades de exportación.

“Más de la mitad de mis ingresos han desaparecido. Trata de imaginar cómo puedo pagar el fertilizante”, señaló Tatok Sugiarto, que cultiva aceite de palma en unos 90 acres de tierra en la isla indonesia de Sumatra. Más tarde, expresó su satisfacción tras la eliminación de la prohibición.

Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias de Washington D.C, en total, 26 países han aplicado algún tipo de restricción a la exportación de alimentos o fertilizantes en 2022. Las restricciones incluyen prohibiciones absolutas de las exportaciones, así como impuestos y regímenes especiales de licencias.

Son más que en el momento álgido de la pandemia del virus Covid-19 en 2020, pero menos que en 2008, cuando 33 países establecieron restricciones después de que la sequía y los altos precios del petróleo provocaran la inflación de los alimentos y la preocupación por los suministros.

Casi todas las nuevas restricciones entraron en vigor después de que Rusia invadiera Ucrania en febrero, y 23 países seguían aplicando restricciones hasta el martes, según el instituto. Las economías avanzadas, como Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Australia, también han puesto en marcha restricciones a la exportación de alimentos, aunque sus medidas se dirigen únicamente a Rusia como parte de las amplias sanciones impuestas a Moscú por su invasión.

Decenas de productos se ven afectados por la cascada de restricciones a la exportación. Argentina, por ejemplo, tiene prohibidas las exportaciones de carne de vacuno. Ghana ha prohibido las exportaciones de maíz, arroz y soja. Irán ha prohibido la exportación de papas, berenjenas y tomates. Egipto ha dejado de exportar porotos, aceite de oliva, lentejas rojas, trigo, maíz y aceite de cocina.

Todos estos países están luchando contra la alta inflación. La inflación anual en Egipto fue del 13% en abril, según el proveedor de datos CEIC. En Ghana, fue del 24%; en Irán, del 36%; en Argentina, del 58%. En Líbano, la inflación anual alcanzó el 207% el mes pasado.

El análisis de crisis anteriores muestra que las restricciones comerciales hacen subir los precios mundiales. Un trabajo publicado en 2012 analizó los años 2006 a 2008, cuando el precio del arroz subió un 113%. Los autores descubrieron que cuarenta puntos porcentuales de ese aumento podían atribuirse a los cambios en la política comercial.

A su vez, las restricciones a las exportaciones pueden crear otros problemas. La prohibición de exportar trigo impuesta por la India este mes tomó por sorpresa a los vendedores. En un momento dado de la semana pasada, más de 4.000 camiones cargados de trigo estuvieron atascados durante días fuera del puerto del distrito de Kutch, en el estado occidental de Gujarat.

“Ha habido un caos total en el puerto”, afirmó Sanjay Mehta, presidente de la Autoridad Portuaria Deendayal, que gestiona el muelle.

El gran riesgo ahora, según los economistas, es que sigan incrementando las restricciones a la exportación, lo que aumentaría la presión sobre los precios mundiales.

“Otros países tienen un incentivo para aplicar políticas similares por razones parecidas, y por lo tanto esto aumenta el problema y empuja los precios de los alimentos hacia arriba”, dijo Michele Ruta, economista principal del Banco Mundial para macroeconomía, comercio e inversión.

Cuanto más tiempo se mantengan estas restricciones, y cuantos más países se sumen a ellas, más tiempo tardarán los precios en estabilizarse, advirtió Kym Anderson, profesor emérito de economía de la Universidad de Adelaida en Australia, uno de los autores del documento de 2012 que analiza el efecto de la política comercial en los precios de los alimentos.

“Los países tienden a actuar como si fueran individuales, cuando la cooperación les serviría mucho más”, concluyó.

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