Mientras la Fed reactiva la máquina de hacer dinero y el dólar transa como el oro, crece presión inflacionaria para 2021

Dólar se dispara más de $10 en medio de desplome de los mercados mundiales

Tal como ocurrió en la crisis subprime, los impactos de la pandemia estrechan aún más la política monetaria con la política fiscal.




La profundidad del impacto económico a causa del coronavirus está desdibujando algunos aspectos clave de la teoría económica, donde el aumento del balance de la Reserva Federal no parece reducir las presiones deflacionarias, manteniendo al dólar como un activo refugio a nivel global.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) definió la actual recesión como El Gran Bloqueo, pues la paralización resulta en una caída sin precedente en la producción global, además del fuerte aumento del desempleo.

Dicho contexto fija el foco en el gasto público, pues parece ser la única alternativa para amortiguar el impacto de la caída en los ingresos de los hogares. Y para cubrir los déficit fiscales generados por la pandemia, los gobiernos acuden a sus propios bancos centrales, repitiendo la historia vivida durante la crisis subprime y estrechando aún más la política monetaria con la política fiscal.

Esto se conoce como monetización de la deuda, pues en virtud la estrechez de liquidez, la Fed debe imprimir dólares para mantener la circulación de la divisa en la economía, pero con el riesgo de generar presiones inflacionarias.

“Si el Tesoro emitiera deuda para comprar activos privados y la Fed comprara una cantidad igual de deuda del Tesoro con dinero recién creado, toda la operación sería el equivalente económico de las operaciones directas de mercado abierto en activos privados”, dijo el ex presidente de la Fed, Ben Bernanke, en un discurso ante el Club Nacional de Economistas en noviembre del 2002.

Según proyecciones de economistas de Bloomberg, la Reserva Federal comprará US$3,5 billones de bonos este año. La mayor parte serán bonos del Tesoro de EEUU, lo podría cubrir la mayor parte del déficit fiscal, que se estima alcanzará al menos US$3,7 billones.

Sin embargo, el desempeño del dólar en el mundo parece no reflejar el incierto rumbo que podría tomar la inflación. En medio de la masiva inyección de liquidez de la Fed y la paralización de la actividad global, la divisa norteamericana transa como el oro, considerado activo refugio.

“El aumento por la demanda de dólares de EE.UU. ha sido un fenómeno global y por eso la FED revivió las líneas swaps con los principales bancos centrales del mundo. En la práctica, es un préstamo de USD hacia estos bancos centrales para que ellos mismos le provean liquidez en dólares a sus bancos. La demanda se está amainando muy lentamente lo que se ha visto en una reciente depreciación del dólar a nivel global, pero claramente no ha caído de manera relevante. Además, el apetito refleja el estatus de moneda de reserva o “refugio” en el mundo como el oro”, explica el economista Sergio Godoy.

El dólar

La preocupación por los bajos niveles de inflación y la sostenida caída de las tasas de interés comenzó con la burbuja puntocom y se consolidó con la crisis financiera del 2008. Y el brote del coronavirus y sus efectos sobre la economía global eleva aún más los temores.

De esta forma, y a pesar de los riesgos desflacionarios en el corto plazo e inflacionarios en el largo plazo, el dólar parece aún no reflejar los efectos que tendrán el recorte de las tasas de interés y la masiva inyección de liquidez de los bancos centrales. En lo que va del año, el Dollar Index acumula alza de 1,4% y se ubica en 101 puntos.

“En BlackRock compartimos esa preocupación, pero creemos que el incremento de la inflación es un fenómeno que se manifestará más adelante, no en el futuro más inmediato. Ello, por el efecto deflacionario (o desinflacionario) que trae consigo el colapso en la demanda. Esta caída de precios permanecerá hasta que la economia global muestre señales más claras de recuperación. Cuando ello ocurra, recién a partir del 2021, las presiones inflacionarias empezaran a ser mas notorias, a partir de las gigantescas inyecciones de liquidez que están realizando los bancos centrales, liderados por la Fed”, dice el director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock, Axel Christensen.

La inflación subyacente, medida por el IPC, se desaceleró desde el nivel de 2.3% apuntado a finales del año pasado a 1.4% en abril.

En esa línea, los economistas de Bloomberg, Carl Riccadonna y Yelena Shulyatyeva, advirtieron en reporte sobre una serie de olas desflacionarias para el mediano plazo, lo cual se intensificaría a causa de la “impresionante apreciación del dólar” en medio de la contracción económica.

“El colapso de los precios de la gasolina fue una de las primeras señales de una tendencia de inflación debilitante. La próxima ola se produjo a través de la disminución de los precios de las categorías más susceptibles al bloqueo económico, como viajes, alojamiento, recreación y vehículos de motor. En un horizonte de tiempo un poco más largo, el impacto del crecimiento global estancado y la apreciación impresionante del dólar se manifestará en una caída más profunda en los precios de importación sin combustible de EEUU”, indicaron los economistas en un reporte.

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