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El virus nos robó la sonrisa

Una de las cosas trágicas de este virus maldito es que nos ha quitado uno de los placeres más subvalorados hasta ahora: la sonrisa inesperada y generosa del extraño, ese sorpresivo y espontáneo gesto de solidaridad humana, que se hace sin esperar nada a cambio.

Foto: Agenciauno Karl Chinga Grawe

El día anterior al comienzo de la cuarentena saqué varias cosas de mi oficina y me despedí de Patricio, el conserje del edificio, con un “ojalá nos veamos luego”. Patricio me hizo un comentario que me pareció divertido y le respondí con una sonrisa. Unos segundos después, ya en la calle, entendí la futilidad de mi reacción. Mi sonrisa aprobatoria al comentario de Patricio había sido inútil-yo estaba con mascarilla.

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