Héctor Navarrete

Héctor Navarrete

Abogado

Pulso

Hacinamiento en Chile, ¿Por qué?


Hace unos días, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo anunció un nuevo plan de inversión para construir 20 mil viviendas en sectores consolidados, beneficiando así a familias de clase media y sectores vulnerables. Diversos expertos han puesto el enfoque en la localización, en la conectividad y en el equipamiento de éstas, lo cual comparto completamente, pero creo también es momento de poner sobre la mesa los metros cuadrados de estas viviendas, que permitan superar la concepción de la “caja de fósforos”.

Las comunas más pobres son las que cuentan con mayor cantidad de espacios urbanos construibles, sin embargo, son las que tienen subdivisiones de terrenos más pequeñas. Poblaciones altamente densificadas con terrenos minúsculos, poco espacio para áreas verdes y pasajes estrechos como vías de circulación. Por eso, quien mejora su situación económica inmediatamente se cambia de barrio en vez de mejorar el lugar donde se ha criado, provocando un desarraigo para quien se aleja e impide que los barrios vayan mejorando.

¿Será que a los chilenos nos gusta vivir apretados? No lo creo. Nuevamente, son las normas urbanísticas las que, en parte importante, van moldeando la realidad de nuestras ciudades. Hay una decisión política, legislativa, reglamentaria y también diría cultural que “nos obliga” a hacer las cosas como las hemos venido haciendo.

En Chile no hay escasez de terrenos. Es el Estado el que por la vía de una ficción legal ha segregado el territorio en rural y urbano, generando una carencia artificial de terrenos para habitar. Esta ficción normativa hace que existan enormes diferencias de precios entre el suelo urbano y el suelo rural. Al haber poco suelo urbano se justifica el hecho de que hay que densificar y vivir en espacios reducidos que terminan generando hacinamiento y barrios condenados a la marginalidad.

El Plan Regulador Metropolitano de Santiago establece como subdivisión mínima 200 metros cuadrados, Vitacura tiene 250, Padre las Casas 200. No obstante, nos encontramos en nuestras ciudades con subdivisiones menores de 100 metros cuadrados. Esto, pues la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones al regular las viviendas económicas permite subdivisiones más pequeñas a las establecidas en los planes reguladores. Estas normas permiten que el desarrollo de los predios se haga generando barrios sin espacios que no garantizan su desarrollo y mejoramiento en el futuro.

Por qué no pensar en una modificación a nivel legal o reglamentario que establezca que no pueden haber subdivisiones de terrenos menor a 250 metros cuadrados, con esto garantizamos que al tener una casa pequeña esta se pueda ir mejorando y ampliando con el paso del tiempo, y se establece así una condición de igualdad competitiva para las constructoras e inmobiliarias, impidiendo la venta de proyectos que no garanticen un potencial de mejoramiento futuro para los barrios.

Creo que debemos cuestionar no solo estas subdivisiones tan pequeñas, sino también la división tan tajante entre suelo rural y urbano. Debemos estudiar los efectos de cambiar a una política que permita un asentamiento urbano más libre, cumpliendo, obviamente, las normas urbanísticas y de zonificaciones.

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